UNO DE LOS REBELDES MÁS INTENSOS Y EMBLEMÁTICOS del arte occidental moderno es Marcel Duchamp, porque puso al descubierto el carácter subversivo de la obra de arte: el arte es un acto liberador, modifica la relación con la vida misma al implicar una ruptura radical con la tradición. La libertad entonces no es un saber, sino lo que está después del saber. Nos encontramos frente a la reversión de lo real: un acto crítico que busca otros cauces para re-significar la nueva realidad del mundo: rebelión es el límite de la existencia social para encarar a fondo las transformaciones.

En el año de los festejos centenarios, Luvina reúne en esta edición plumas diversas en el afán de ahondar y afrontar el concepto de rebeldía, pero desde el propio cuenco del trabajo literario, que implica un sumergimiento previo en el caos, la confrontación necesaria con los lenguajes establecidos y una propuesta formal y frontal de universos con un entramado único. ¿El resultado? Un número en constante metamorfosis, donde las palabras —como en el origen— son acción: nombrar es existir.

Sin embargo, aquí nos topamos con una paradoja. En la lectura actual de nuestra historia, que no es otra cosa que el accionar diario, vivimos en un clima cotidiano de violencia. Y lo peor: vivimos una época trágica sin la conciencia trágica. Nuestra sociedad corrompida vive herida en su propio corazón: en su imaginario. La fuerza es bruta y brutal, la compulsión ciega, la imposición de uno sobre el otro no busca herir sino destruir, aniquilar.

En el México actual es la resistencia uno de los territorios más socorridos, la sublevación es parte del pasado. También la indolencia y la indiferencia son paradores frecuentes. La sinrazón, para encarar no ya lo nuevo sino la nada, es la rebelión máxima, donde ya no hay lenguaje ni representación porque ya no hay ser.  La escritura entonces —como dice Marco Natali refiriéndose a los días de la Segunda Guerra Mundial— debe ser el equivalente del mundo no escrito traducido a la escritura: «La mejor forma de escribir la rebeldía no es a través de un héroe, sino de la humillación constante de habitar este mundo». Lo mismo afirmó Octavio Paz a propósito de Duchamp: el arte es un secreto y debe compartirse y transmitirse como un mensaje entre conspiradores.

Recientemente la república de las letras perdió a dos grandes escritores, de los pocos hombres que se han atrevido a diseccionar el alma humana: Carlos Monsiváis y José Saramago. Ambos amigos de la Universidad de Guadalajara y autores de Luvina. Sus textos, publicados en el número 45 de la revista, pueden leerse en la hemeroteca de nuestro sitio: www.luvina.com.mx. Su merecidísimo homenaje lo haremos en el número de invierno, pues su muerte inesperada nos sorprendió después del cierre de esta edición.

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