Existir, estar fuera, significa para los seres humanos transcurrir un tiempo limitado sobre un espacio, e ir condensando vivencias, percepciones y recuerdos. La vida consciente transcurre en una especie de duración temporal homogénea compuesta de momentos heterogéneos que se van conectando a lo largo de su decurso. Esta sucesión de momentos implica fusión y organización: conexiones. Desde el momento en que el pasado crece incesantemente, se conserva también de modo indefinido. A través de la percepción, el recuerdo se actualiza en nuestra memoria. Es en esta duración que el pasado se dilata sin cesar en un presente nuevo, y donde ocurre la coincidencia de nuestro yo consigo mismo, para proyectarse hacia el porvenir. Enlazamos y anudamos las experiencias que nos van sucediendo desde el todo que somos, y nos trascendemos a nosotros mismos. Nos interconectamos con nuestro interior y desde ahí con el mundo externo.

No obstante, la vida moderna nos ha conducido a una atomización de la realidad y a perder paulatinamente la amplitud de la duración, pues nos movemos de un presente a otro presente. El mundo contemporáneo es ajetreado, se vive de prisa con el apremio de estar en diversos acontecimientos de manera sincrónica. La narrativa de la vida se difumina, se pierde su trayectoria y se pierde el rumbo. Esto ha ocasionado que en el presente posmoderno tengamos que empezar de nuevo cada vez, lo que produce la sensación de que la vida se acelera y la experiencia de la duración se esfuma sin perdurar.

Por otra parte, el apresuramiento de la cotidianidad ha propiciado un empobrecimiento de la semántica del mundo, se han perdido las transiciones de una situación a la siguiente. Con las conexiones multimedia, se vive el aquí y el ahora sin un sentido que los respalde. La instantaneidad de los correos electrónicos y de las redes sociales ha suprimido los intervalos, todo es simultáneo y, por tanto, todo es el presente. La sucesión ininterrumpida de acontecimientos e información crea desarticulación y caos. El espacio de la red es discontinuo; entre tantas posibilidades de conexión, de links, nada parece ser definitivo, y por ello se pierde el rumbo, el significado, se difumina el camino sin lograr crear la representación del propio espacio existencial.

La revista Luvina ofrece a sus lectores, a través de magníficos textos literarios, abordajes diversos a la problemática de las nuevas conexiones en un mundo veloz y disperso que, aunado al confinamiento pandémico, ha creado conexiones diferentes y ha extremado las que ya existían.

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Concurso Literario Luvina Joven

Páramo