Ensenada, Baja California, 1977. Estos poemas pertenecen a su libro más reciente, Una cabeza rodando en el desierto (Universidad de Sonora, 2025).
filo
nunca he sido un buen aullador cuando aparece
algún monstruo en mis aliños de la prehistoria
pero mi bisabuela usaba una pala con el filo yerto
mientras yo palidecía de sangre en los talones
a la izquierda de una víbora de cuernitos
un chamaco pedante camina desde las piernas
que le dieron de paquete —alguna de ellas
puede morir de esta mordida definitiva
.
una pala es sable o pez de tierra dentada
.
una abuela es Beatrix Kiddo a la que todos se la pelan
.
una abuela por el lado de metal se latera desde la fundición
.
una espada es invisible con varias abuelas que vuelan
.
por el lado del mango un bastón de anciana
que sabe chistes y groserías
se vuelve a burlar del miedo y la víbora
deja de bramar con sus astas
y muere viéndome a los ojos
rodapié
una cabeza llegó rodando a nuestro patio
es decir
una llegada en la noche incompleta
una cabeza rubia sin su extranjero que llora
del cuello hacia abajo
una cabeza en la oscuridad vacía de gritos
cierto silencio, pero gritos de sangre-arena, la cabeza
con dirección en el centro del patio
y nadie que se atreviera a tocarla
o a cerrarle los ojos al detener su marcha
o a regresarla al viaje del que se desprendió
mi madre y sus hermanas revivieron al mismo tiempo
soñaban con el día en que fueron al mar
aunque nadie sabía
de mecánicas para viajar sin suficiente cuerpo
rodapié de sangre coagulada
como estrellas rojas del desierto de Altar
a lo lejos alcanzaron a ver el motor en pleno pataleo
sin llanto a juego
alguien se hacía dolor de estatua en el asiento copiloto
alguien una mujer muerta de circular rumbo al olvido