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De Punta de plata de Juan José Arreola y Héctor Xavier al Bestiario de Arreola / Sara Poot Herrer PDF Imprimir E-Mail

De Punta de plata de Juan José Arreola y Héctor Xavier al Bestiario de Arreola  / Sara Poot Herrera

En el Prólogo del libro álbum titulado Punta de plata, comenta Juan José Arreola:

Héctor Xavier introdujo en el porta-minas un alambre de plata mexicana, lo afiló en el raspador y obtuvo así un estilete práctico y económico. Y con él y una carpeta de hojas preparadas se fue al aire libre de Chapultepec a vivir ocho meses entre los animales enjaulados.
      Yo vi en su casa el primer dibujo: la imagen del bisonte sentado que parece un grafito rupestre, y allí tomó forma otra vez la antigua idea de un bestiario.

Estas palabras indican el origen de Punta de plata, remiten a su vez a «la antigua idea de un bestiario», y aparecen a manera de introducción de los dieciocho textos que se guardan dentro de la solapa del lado izquierdo del álbum, donde dice Bestiario, y de las ilustraciones guardadas en la solapa del lado derecho, donde dice 24 dibujos. Ya desde Punta de plata aparecieron, con el título de Bestiario, los escritos de Juan José Arreola, quien, para el «grafito rupestre», escribió «El bisonte»: «Tiempo acumulado. Un montículo de polvo impalpable y milenario; un reloj de arena, una morrera viviente: esto es el bisonte en nuestros días. […] Por eso, en señal de respetuoso homenaje, el primitivo que somos todos hizo con la imagen del bisonte su mejor dibujo de Altamira» (p. 20). Animal adentro, animal afuera, en la palabra y el dibujo.
      Bestiario y 24 dibujos son sendos conjuntos de textos y de ilustraciones —puertas de par en par, dos carteritas prodigiosas— de un portentoso libro álbum, titulado Punta de plata. Sus autores, Juan José Arreola y Héctor Xavier. Se lee en el colofón de este álbum:
      punta de plata
      los textos de este bestiario
      se acabaron de imprimir el día
      24 de diciembre de 1958 en los
      talleres de edimex, s. de r. l.

la edición consta de 500 ejem-
      plares, proyectada y encua-
      dernada según maqueta de
      juan josé arreola.

Sin embargo, los textos difícilmente pudieron acabarse de imprimir el 24 de diciembre de 1958, puesto que, según José Emilio Pacheco, Juan José Arreola los dictó (a él, jep) del 8 al 14 de diciembre de 1958 y fueron entregados a la unam el día 15. Lo que se dice en el colofón de Punta de plata, aunque contiene una fecha «epifánica», no parece corresponder a la realidad de los hechos, lo que por supuesto no cambia su importancia. Pero, ¿qué fecha citar como año en que aparecen «los textos de este Bestiario» y con él reunidos los dibujos de Héctor Xavier? Según el colofón, tendría que ser 1958, sabiendo que el libro álbum habrá aparecido en 1959. Al ver al «bisonte sentado», Arreola volvió a la idea del bestiario, mientras (comenta) que Héctor Xavier «vivió» ocho meses con los animales de Chapultepec. 1958 es el año clave.
      Si bien Punta de plata (con su conjunto de textos titulado Bestiario) es antecedente de lo que será Bestiario como libro, estos dos títulos no tienen exactamente el mismo contenido, y los textos que aparecen en uno y en otro tampoco están en el mismo orden (y me refiero sólo a la sección de «Bestiario», pues el libro tiene otras tres secciones). El Bestiario de Juan José Arreola, publicado en 1972 sin los dibujos de Héctor Xavier, incluye textos anteriores y posteriores a Punta de plata, y éstos fueron apareciendo en tres momentos distintos. Sin embargo, integral y sustancialmente este álbum, con el prólogo y los dieciocho textos de Arreola, y los veinticuatro dibujos de Héctor Xavier, sí anticipa el «bestiario total» de Juan José Arreola, que como conjunto apareció primero en 1962 en una sección de Confabulario total,  en la edición popular de 1966 titulada Confabulario5 y en la sección inicial de Bestiario de 1972. Las piezas, como caballitos de ajedrez, se han movido y también entran en el juego de combinatorias de la obra de Juan José Arreola.
      Ya para 1958, año que cierra con los textos de Bestiario de Punta de plata, Arreola había publicado «Topos», «Insectiada» y «El sapo» que, bajo el rubro de «Prosodia» (éste, un título entre otros del índice), se localizan en el primer Confabulario de 1952. Les sigue «La boa», añadido también a «Prosodia» de la publicación conjunta de Confabulario y Varia invención de 1955. Son cuatro «animalitos sueltos» del «bestiario» de Juan José Arreola y ninguno aparece en Punta de plata. Un quinto texto (posterior a este libro álbum de doble autoría) es «El ajolote», publicado en la sección «Bestiario» de Confabulario total de 1962, reproducido en Confabulario de 1966 y más tarde en Bestiario de 1972.
      En este seguir los pasos a la fauna literaria de Juan José Arreola, considero tan sólo las ediciones originales de su obra. Por cierto, en la última sección de Bestiario de 1972, entre las traducciones de su autor y por él llamadas «Aproximaciones», leemos «El sapo» (Jules Renard), «El puerco» (Paul Claudel), «Vida de la araña real» (Henri Michaux). Del propio Juan José Arreola podemos citar «La migala» (de Varia invención, de 1949) y «El rinoceronte» (de Confabulario, de 1952; «Durante diez años luché con un rinoceronte, soy la esposa divorciada del juez McBride»). Estos textos serían parte de otro «bestiario», no del que aquí estamos hablando; de lo contrario, tendríamos que considerar «El prodigioso miligramo» (de Confabulario, de 1952), «Parturient montes» (Confabulario y Varia invención, de 1955) y otros textos (por ejemplo, «Achtung Lebende tiere», «En verdad os digo», «Pueblerina», «El cuervero», «La trampa», incluso «Autri» y «Tres días y un cenicero»), alusiones, fábulas, metamorfosis, metáforas y alegorías del mundo humano y animal, dos mundos que en la obra de Juan José Arreola se reflejan, se retratan, se imitan, se parodian, se ironizan, es más, se mimetizan.
      Pero esta breve historia enfoca el «bestiario literal»: del Bestiario de Punta de plata, acabado de escribir en 1958, al Bestiario de 1972. Sumando, son veintitrés textos los que lo conforman; de esos veintitrés, de Punta de plata son dieciocho, que aparecen en la parte de Bestiario, y los otros cinco son, ya hemos visto, «Topos», «Insectiada», «El sapo», «La boa» y «El ajolote». ¿Por qué la necesidad de tanta aclaración? En buena medida para restituir lo propio de cada Bestiario y no sólo citar Punta de plata (sin haber visto este libro álbum) de «refilón», como si fuera el mismo Bestiario de Juan José Arreola (aunque de alguna manera lo es), ilustrado por Héctor Xavier (lo está), pero no es exactamente así: Punta de plata de 1958 incluye un Bestiario de dieciocho textos, retratos mitológicos, filosóficos, culturales y literarios del zoológico de Chapultepec. Los animales allí enjaulados son los modelos; no están los topos y sus agujeros, ni la insectiada narrada por la voz de un insecto macho; tampoco la boa seductora, el sapo-corazón ni el ajolote prehispánico.
      La «antigua idea de un bestiario» se originó en tres textos de Confabulario de 1952 y en uno más de Confabulario y Varia invención de 1955. Continuó fantásticamente bestial en Punta de plata y completó su ciclo (literal y metafórico) en Confabulario total de 1962, en Confabulario de 1966 y en Bestiario de 1972. Con «El sapo» publicado en 1952, Arreola «acorazonó» su bestiario, le dio movimiento, vida, lo inmortalizó: «Salta de vez en cuando, sólo para comprobar su radical estático. El salto tiene algo de latido: viéndolo bien, el sapo es todo corazón». Con «El ajolote», publicado en 1962, Arreola se asomó a las Historia general de las cosas de la Nueva España de Fray Bernardino de Sahagún y con «esta sirenita de los charcos» rescató también la mitología originaria mexicana y con ella cerró su Bestiario.
       El inventario de animales fue cambiando, lo mismo que su posición, y algunos de los escritos fueron levemente modificados por la mano de su autor. Los textos de Punta de plata, que son dieciocho, sí se recogen en Confabulario total de 1962, lo mismo que en Confabulario de la Colección Popular del Fondo de Cultura Económica de 1966 y en Bestiario de 1972, que con los cinco títulos «sueltos» conforman el Bestiario «acabado» (completo, bien cortado) de Juan José Arreola. El bestiario del zoológico se confabuló con otros animalitos, estos sueltos en la varia invención de Juan José Arreola.
      Última precisión (que considero importante): el prólogo de Punta de plata no es el mismo que el de Confabulario total de 1962, de Confabulario del 66 ni de Bestiario de 1972. Dice así el prólogo de estos tres libros (con algún ligero cambio entre ellos):

Ama al prójimo desmerecido y chancletas. Ama al prójimo maloliente, vestido de miseria y jaspeado de mugre.
      Saluda con todo tu corazón al esperpento de butifarra que a nombre de la humanidad te entrega su credencial de gelatina, la mano de pescado muerto, mientras te confronta con mirada de perro.
      Ama al prójimo porcino y gallináceo, que trota gozoso a los crasos paraísos de la posesión animal.
      Y ama a la prójima que de pronto se transforma a tu lado, y con piyama de vaca se pone a rumiar interminablemente los bolos de la rutina cotidiana.

Este «amar al prójimo, al animal, a la prójima», en sórdido vocativo, en aparente tono despreciativo, misógino y doméstico, en auténtico dejo irónico, suplicante también (un mandato, «mandamiento» de amor de un yo que le habla a un tú, sobre un él, una ella) y como prólogo de ¡un bestiario! (y que requeriría mayor detenimiento), no tiene nada que ver con el prólogo de Punta de plata. Los podría relacionar la idea del paraíso, cara a la obra de Juan José Arreola signada con la culpa, con la expulsión del paraíso. Los relacionaría también una especie de degradación del ser humano, acentuada en este prólogo. Pero son dos prólogos distintos.
      El prólogo de 1958, el de Punta de plata, es más extenso (nueve       párrafos), y allí habla Arreola del origen de la técnica usada magistralmente por Héctor Xavier («En el libro de Cennino Cennini la punta de plata se llama estilo») y del origen de un proyecto de «ecología profunda» realizado en la Ciudad de México. Héctor Xavier dibujó en Chapultepec; Arreola escribió en Chapultepec y también en su casa («las imágenes recordadas»). Dice en el prólogo a Bestiario de Punta de plata: Confabulario, Fondo de Cultura Económica, México, 1966 (Colección Popular).

... acompañé a Héctor Xavier en algunas de sus resueltas correrías de dibujante frente a difíciles modelos [...]
      Como las estampas, los textos proceden directamente del natural y las reflexiones que los informan tienen el mismo lugar de origen: Parque Zoológico de Chapultepec. Por eso se explican algunos rasgos de la más pura obscenidad y el aroma persistente del estiércol salvaje (s/n).
       
      Si bien los dieciocho textos se recogen en los siguientes «bestiarios» (con algunas pequeñas modificaciones de léxico y de sintaxis), el prólogo es exclusivo de Punta de plata de 1958.
      Es de gran fortuna tener entre las manos este libro álbum. En el lomo aparecen dos nombres: Juan José Arreola / Héctor Xavier. Del primero, bajo el título original de Bestiario, hay dieciocho textos; del segundo, veinticuatro dibujos. Arreola ha dicho que el «bisonte sentado» de Héctor Xavier dio lugar al proyecto. Arreola lo idea, Héctor Xavier acepta la idea y continúa su excursión a Chapultepec. Arreola lo acompaña; Héctor Xavier dibuja a los animales y también dibuja al escritor, quien, a su vez, habla del dibujante. Concluidos los avatares de ambos trazos y su conjunción, Arreola escribe su prólogo (¿en qué momento lo escribiría?). De una pincelada sintetiza el origen de la técnica punta de plata, se declara seguidor de Paul Claudel y su Bestiario espiritual (de los antecedentes de este bestiario) y aclara que no va a abrumar al lector con la historia del género, aun fuera ésta una explicación superficial de tan compleja simbología:

No es ése mi propósito, sino decir sencillamente que acompañé a Héctor Xavier en algunas de sus resueltas correrías de dibujante frente a difíciles modelos. Hemos visto Chapultepec a todas horas del día y a las bestias animadas o melancólicas: a la Grulla Real que hunde su pico de gualda entre el suntuoso plumaje y se despioja; al macho de cualquier especie que de pronto, como si despertara de un largo sueño, percibe a la hembra y la acomete (generalmente sin éxito); a los felinos que van y vienen por su jaula, como reyes encarcelados y dementes. A los monos, en fin, que muchas veces nos hicieron volver la espalda, abrumados ante tan humana estulticia... (s/n).

La punta de plata del dibujante trazó con una sola línea los animales, a los que se acercó —jaula adentro, sin rejas de por medio— Héctor Xavier. Dibujante y escritor retrataron, copiaron, reflejaron, se agobiaron también y reflexionaron con los modelos en vivo, captando su esencia singular. Un ejemplo de creación hermanada, de expansión y selección está en «Aves acuáticas»: «Entre toda esta gente [patos, gallareta, pelícano, gansas, cisnes] salvemos a la garza». Héctor Xavier la ha detenido en una línea, y Arreola exclama acerca de «toda esta gente»: «Pueblo multicolor y palabrero donde todos graznan y nadie se entiende» (p. 11). ¿Metáfora literal?
             A “La hiena”: “es difícil de aprehender”:

Animal de pocas palabras. La descripción de la hiena debe hacerse rápidamente y casi como al pasar [...] La punta de plata se resiste y fija a duras penas la cabeza del mastín rollizo, las reminiscencias de cerdo y de tigre envilecido. La línea en declive del cuerpo escurridizo, musculoso y rebajado. [...] debemos hacer una aclaración necesaria: la hiena tiene admiradores y su apostolado no ha sido en vano. Es tal vez el animal que más prosélitos ha logrado entre los hombres (p. 19).

Sin embargo, según el texto, es quien más secuaces tiene «entre los hombres».
      En «Cérvidos», el escritor ve al dibujante y analiza e interpreta el acto de su creación:

El dibujante se deja tentar por lo que tienen los ciervos de inconcluso y definitivo. [...] Héctor Xavier prefirió apoyar la estructura de estos seres ingraves en tenues ménsulas de sombra. De hecho los ha dejado casi en blanco, sin estorbar con circunstancias de paisaje la plena libertad de su ambiente. El claroscuro de las formas se resuelve en una organización reflexiva de lo sólido y lo aéreo. Y el ciervo queda capturado en el limpio espacio del dibujo. ¿Inmóvil? Si prestamos atención, algo en el dibujo se mueve (p. 21).

Al mismo tiempo, conjuga la realidad con la creación, mete a una con la otra.
      Frente a «El carabao», el escritor medita acerca de la sobriedad y la infinitud:

Frente a nosotros el carabao repasa interminablemente, como Confucio y Laotsé, la hierba frugal de unas cuantas verdades eternas [...] estilización general de la figura que se acerca un tanto al reno y al okapi. Y sobre todo los cuernos ya francamente de búfalo: anchos y aplanados en las bases casi unidas sobre el testuz, descienden luego a los lados en una noble y amplia curvatura que parece escribir en el aire la redonda palabra carabao (p. 26).

La meditación digamos filosófica remata en la escritura en el aire, captada también en la línea aérea de Héctor Xavier.
      El bestiario, iluminado con la técnica de punta de plata, es leyenda, reflexión, filosofía; es historia, memoria, experiencia del momento, una clase sobre el reino animal, los machos, las hembras, las crías; es un homenaje, una lección, un tratado; es poesía, es arte sobre el arte. El escritor ve al animal y ve también al dibujante que ve al animal. Los dibujos de Héctor Xavier con los escritos de Juan José Arreola son un retrato de resonancias, una línea que termina en palabras, se corona de signos. Un arte es punto de partida del otro que, a su vez, da pie al primero, aunque algunas veces no sepamos cuál empieza, pues van sintonizados, tomados de ambas manos en deuda con sus modelos que posan a pesar de ellos mismos, que saben (o no) que son observados, que son marco de referencia que acentúa los vicios y las virtudes del ser humano, y que, al mismo tiempo, ellos mismos tienen su historia, su propia mitología. Los 24 dibujos de Héctor Xavier y los dieciocho textos de Bestiario de Juan José Arreola son piezas perfectas en sí mismas y son una sola pieza de arte en la bisagra de Punta de plata. Los dos artistas copian al natural la fauna detenida en Chapultepec, un mundo que cumple un ciclo de vida y de costumbres cada día.
      Dice Juan José Arreola:

Entre todas las imágenes recordadas, yo prefiero la del atardecer: cuando el silbato de los guardas anuncia que ha terminado la jornada contemplativa y se inicia la enorme sinfónica bestial. Los cautivos entonces gruñen, braman, rugen, graznan, bufan, gritan, ladran, barritan, aúllan, relinchan, ululan, crotoran y nos despiden con una monumental rechifla al trasponer las vallas del zoológico, repitiendo el adiós que los irracionales dieron al hombre cuando salió expulsado del paraíso animal.

La capacidad expresiva de la lengua en la escritura de Juan José Arreola es ilimitada. Su prólogo es un entrar al paraíso del idioma español, a la armonía que él crea con el movimiento de los verbos, las palabras —rústicas, cultas, nuevas, arcaicas—, es hacer un paseo diurno por la galería de animales de Chapultepec captados en línea aérea y en un solo trazo por Héctor Xavier. Salir del zoológico con la orquesta de la fauna, con la despedida a gritos, es eco —nos dice Arreola— de la expulsión de todos los tiempos. Pero aquí es cada tarde, una vez que ha terminado el trabajo de la creación, cuando los animales despiden al día y a quienes en líneas y en letras los sacaron de las jaulas y los grabaron en Punta de plata. Al parecer, Héctor Xavier concluyó sus dibujos antes de que Arreola tuviera listos sus textos. Arreola habla de «imágenes recordadas»; dice que «los textos proceden directamente del natural y las reflexiones que los informan tienen el mismo lugar de origen»: Chapultepec. Y así fue. Ésa es la procedencia, no la hechura completa de los escritos de Juan José Arreola.
      Comenta La China Mendoza:

Pero qué libro más maravilloso, porque no tiene par. El texto no tiene comparación en la serie de la literatura en México. Aquel crucigrama que Arreola veía en los rinocerontes, junto con la perfección de Héctor Xavier, era muy importante, verdaderamente excelso; por eso digo que eran entre demonio y ángel, tenían esa dualidad de la gran creación. Eran dos cualidades en la escritura y en la pintura, de grandes relámpagos y de plácidos atardeceres.

Acertada imagen doble de «ángel y demonio», la línea de uno, la letra del otro; acertada fusión de «la musa» y «la perseverancia»; acertada opinión de María Luisa la China Mendoza sobre las dos caras de la creación, hechas una sola en Punta de plata, con el Bestiario de Juan José Arreola y los 24 dibujos de Héctor Xavier. Dijo Marco Antonio Campos: «Con la edición del bestiario de Punta de plata, Héctor Xavier y Juan José Arreola alcanzaron el momento más exacto y hermoso de la unión en libro de dibujo y texto en la literatura mexicana».
      Con su «bisonte sentado» de punta de plata, Héctor Xavier dio la pauta. Arreola volvió a su idea del antiguo bestiario y la revivió al pensar en un libro para el que invitó a Héctor Xavier. Pero, ¿en qué momento coincidieron para su publicación dibujos y textos?
      En su «Amanuense de Arreola. Historia de Bestiario», José Emilio Pacheco cuenta que, por adelantado, la Dirección General de Publicaciones de la unam le había pagado a Juan José Arreola los textos de Punta de plata. Tendrían que entregarse a dicha dirección, a cargo de Henrique González Casanova, el 15 de diciembre de 1958. A una semana del plazo, Arreola no los tenía. El 8 de diciembre José Emilio dice que se presentó en la casa del escritor y se ofreció a copiarlos: «Me dicta o me dicta». Sin salida, Arreola le preguntó dónde y por cuál comenzar. José Emilio (dice que) le dijo: «por la cebra»: «Entonces», cuenta José Emilio, «como si estuviera leyendo un texto invisible, el Bestiario empezó a fluir de sus labios» (p. 7); el acto de la concepción «en técnica mayor del dictado» inicia ese día. El 14 de diciembre estaban listos los textos. Se entregaron a la unam —informa— el día 15. José Emilio evitó que Arreola tuviera que devolver el dinero metiendo a «La cebra» a su arca de Noé y también al camello («Camélidos»). El libro se entregó a tiempo. Mutua deuda la de Juan José Arreola y José Emilio Pacheco; entre ambos, y de manera imprescindible, Héctor Xavier. Sendas y eternas deudas a ellos por la puntual Punta de plata.
      Cuando en 1998 José Emilio Pacheco hizo su valoración de Bestiario de 1958, opinó: «Bestiario, obra maestra de la prosa mexicana y española, no es un libro escrito: su autor lo dictó en una semana. Algunos de sus textos, si la memoria no miente, son anteriores a 1958: “Prólogo”, “El sapo”, “Topos”, y quizá haya alguno posterior como “Ajolotes”». Sí, anteriores fueron «Topos», «Insectiada» y «El sapo»; «La boa» también, y más tarde «Ajolotes». Hasta aquí, de ninguna manera la memoria ha fallado. Pero me parece que el elaborado «Prólogo» publicado en el Bestiario de Punta de plata concluyó después. Si faltaban textos a principios de diciembre de 1958 (¿cuántos faltarían?), era difícil que desde antes Juan José Arreola tuviera listo dicho prólogo. En cuanto al ejemplo de dictado que da José Emilio Pacheco —«El gran rinoceronte se detiene. Alza la cabeza. Recula un poco. Gira en redondo y dispara su pieza de artillería. Embiste como ariete, con un solo cuerno de toro blindado, embravecido y cegato, en arranque total de filósofo positivista»—, allí sí la memoria ha transfigurado la realidad, aunque la precisión de los hechos no modifique el valor de los resultados. Vayamos unos meses atrás.
      Ocho meses antes de que Bestiario llegara a su punto final (diciembre de 1958), la Revista de la Universidad de México publicó un avance de Punta de plata: un breve escrito a modo de prólogo (sin firma), cuatro textos de Juan José Arreola y cuatro dibujos de Héctor Xavier.  Leemos en el escrito de presentación:

Ante la imagen de un bisonte realizado por Héctor Xavier, se nos ocurrió la idea de este bestiario que incluye veinte textos y otros tantos dibujos.
      Procedimiento eminentemente clásico, la punta de plata recoge las miradas una a una y las va haciendo caer sobre el papel en un limpio juego de transparencias puras, donde la dureza y la suavidad del instrumento alcanzan un ápice de poética precisión.
      La Revista de la Universidad nos ha dado la ocasión de ofrecer las primeras muestras de este trabajo, destinado a una ulterior publicación de conjunto. Aparecen aquí dos dibujos acabados y algunos bocetos que ayudan a comprender el proceso de la elaboración artística. La elección de un ave de rapiña, cuyo texto no figura aquí, se debe a razones de orden técnico.
      Lo mismo que las imágenes, los textos proceden directamente del natural, y las reflexiones que los informan tienen el mismo lugar de origen: Parque Zoológico de Chapultepec. Así se explican en ellos algunos rasgos de la más pura obscenidad y el aroma persistente del estiércol salvaje (p. 6).

Estas líneas de marzo de 1958 —sin autoría explícita, pero escritas por Juan José Arreola— son antecedente del prólogo de Punta de plata. Hay variantes entre uno y otro texto y su autor dice que el «bestiario» contiene veinte escritos y el mismo número de dibujos, lo que finalmente no fue así. Ya lo hemos visto, son dieciocho textos de Juan José Arreola y veinticuatro dibujos de Héctor Xavier. En una entrevista de 1981 dijo Héctor Xavier a Alberto Dallal:

... puedo afirmar que el bestiarioPunta de plata fue realizado dentro de las jaulas del zoológico de Chapultepec. No era yo un espectador, no tomaba fotografías ni filmaba, sino que me hallaba adentro, en directo, para sentir la presencia del animal, lo respiraba, y digo respirar porque aún percibo a lo que huele, lo que suda, su calor, todo. Asumía y forjaba toda su visión, no tan sólo óptica sino orgánica.

Juan José Arreola había escrito (líneas de la Revista de la unam y prólogo de Bestiario) sobre «algunos rasgos de la más pura obscenidad y el aroma persistente del estiércol salvaje».
      A sesenta años de Bestiario —1958-2018—, perviven el olor, el movimiento, la línea aérea de Héctor Xavier y las líneas eternas de Juan José Arreola. Punta de plata es el libro álbum mexicano más dorado de letras y dibujos de dos artistas que se dieron la mano. A José Emilio Pacheco se le debe que haya llegado a tiempo al taller de Gutenberg.

Punta de plata [Cuatro textos de Juan José Arreola y cuatro dibujos de Héctor Xavier]
      Revista de la Universidad de México, núm. 7, marzo de 1958: 6-7.

1. Las focas
      2. La hiena
      3. El hipopótamo
      4. El rinoceronte
      Punta de plata [18 textos de Juan José Arreola & 24 dibujos de Héctor Xavier]
      Juan José Arreola, Bestiario. Universidad Nacional Autónoma de México, México,1958.

Prólogo («En el libro de Cennino Cennini la punta de plata se llama estilo»).

  1. El rinoceronte
        2. Aves acuáticas
        3. El hipopótamo
        4. Las focas
        5. La cebra
        6. La hiena
        7. El bisonte
        8. Cérvidos
        9. Aves de rapiña
      10. El avestruz
      11. El carabao
      12. Felinos
      13. El búho
      14. La jirafa
      15. El oso
      16. El elefante

Bestiario en Obras de J.J. Arreola.Joaquín Mortiz, México, 1972. Sección «Bestiario». Misma sección (textos y distribución; algunas modificaciones de léxico y sintaxis) que la de Confabulario total de 1962 y Confabulario de 1966.

Prólogo («Ama al prójimo desmerecido y chancletas. Ama al prójimo maloliente, vestido de miseria y jaspeado de mugre…»).

  1. El rinoceronte [1]
        2. El sapo (Confabulario, 1952)
        3. El bisonte [7]
        4. Aves de rapiña [9]
        5. El avestruz [10]
       6. Insectiada  (Confabulario, 1952)
        7. El carabao [11]
        8. Felinos [12]
        9. El búho [13]
      10. El oso [15]
      11. El elefante [16]
      12. Topos  (Confabulario, 1952)
      13. Camélidos [17]
      14. La boa  (Confabulario, 1955)
      15. La cebra [5]
      16. La jirafa [14]
      17. La hiena [6]
      18. El hipopótamo [3]
      19. Cérvidos [8]
      20. Las focas [4]
      21. Aves acuáticas [2]
      22. El ajolote  (Confabulario
            total, 1962)
      23. Los monos

23 textos de Juan José Arreola.
      17. Camélidos
      18. Los monos

18 textos de Juan José Arreola.

      Juan José Arreola / Héctor Xavier, Punta de plata. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1958, s/n [sin numeración].

      José Emilio Pacheco, «Amanuense de Arreola. Historia de un bestiario». Tierra Adentro, núm. 93, 1998: 4-7.

Bestiario, en Obras completas de J.J. Arreola, Joaquín Mortiz, México, 1972. La sección «Bestiario», en pp. 7-43.

      Confabulario total [1941-1961], Fondo de Cultura Económica, México, 1962. La sección de «Bestiario», en pp. 28-46.

  Confabulario, Fondo de Cultura Económica, México, 1966 (Colección Popular).

      Confabulario,Fondo de Cultura Económica, México, 1952.

Confabulario yVaria invención, Fondo de Cultura Económica, México, 1955 (Letras Mexicanas,2).

      Este prólogo aparece en el número monográfico que la revista de la Biblioteca de México dedicó en 2002 a Juan José Arreola (Biblioteca de México, núms. 67-68, 2002, pp. 44-53). Con el prólogo reproducen ocho textos de Juan José Arreola: «El rinoceronte», «El hipopótamo», «Las focas», «La cebra», «La hiena», «Aves de rapiña», «Los monos». Se basan en la reimpresión facsimilar de 1993, de Punta de plata / Bestiario. Esto es, en Juan José Arreola / Héctor Xavier, Punta de plata. Bestiario, Coordinación de Difusión Cultural, Universidad Nacional Autónoma de México, México,1958, reimpresión facsimilar de 1993.

María Luisa Mendoza, «Una raya de plata», en Héctor Xavier. El trazo de la línea y los silencios, Angélica Abelleyra y Dabi Xavier, coords., Universidad Veracruzana, Xalapa, 2016, p. 63.

    Marco Antonio Campos, «Un espíritu marino», El trazo de la línea y los silencios, p. 69.

    Emilio Pacheco, «Amanuense de Arreola. Historia de Bestiario», en «80 años de Arreola», número monográfico de Tierra Adentro, núm. 93, 1998, pp. 4-7.

    Cita José Emilio Pacheco: «Para el macho que tiene sed, el camello guarda en sus entrañas rocosas la última veta de humedad: para el solitario, la llama afelpada, redonda y femenina, finge los andares y la gracia de una mujer ilusoria» (p. 7); «el macho» no aparece en la edición de Punta de plata ni en las de Bestiario del 62, el 66 y el 72.

    Punta de plata, textos de Juan José Arreola, dibujos de Héctor Xavier, en Revista de la Universidad de México, núm. 7, marzo de 1958, pp. 6-7.

    Lo he tomado de «Uno se hace de la vida de los otros aunque se resistan. Entrevista de Alberto Dallal» (El trazo de la línea y los silencios, p. 31), que a su vez, informan las coordinadoras del libro, lo toman de la revista electrónica Imágenes (Instituto de Investigaciones Estéticas, unam, noviembre de 2010).



 
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