Las zapatillas de Dóminic / Jorge Salgado Morales

Preparatoria 7 / 2014  A

Indonesia: un lugar con gente común y necesidades comunes, no hay nada que no haya sido visto antes. Ésta fue la razón por la que Dóminic Hernández decidió hacer algo diferente, algo nunca antes visto, quería destacar, sobresalir. Pero ¿qué podía crear? Pasó meses tratando de idear algo innovador, algo increíble. Dóminic, como cualquier persona del siglo XXI, tenía un vicio, los cigarrillos. Pero eso ya es muy visto, ¿qué podía agregarle a los cigarrillos? ¿De qué manera los podía innovar? No había forma, era inútil.
     Un día, caminando por la ciudad, tropezó en más de una ocasión pues las calles y banquetas estaban en deplorables condiciones.
     –¿Cómo es que tenemos un gobierno tan incompetente? ¿No pueden siquiera arreglar las banquetas de la ciudad?
     Por más que lo quisiera no podía arreglar toda la ciudad por sí solo, sin embargo, siempre hay más de una manera de solucionar un problema.
     –¡Claro! –pensó–, unas zapatillas inteligentes. Si bien no puedo arreglar las calles y banquetas de toda Indonesia, puedo evitar las caídas y tropezones que día a día ocurren.
     Así que en el año 2012 comenzó a experimentar con todo lo que tenía a su alcance para poder crear unas zapatillas con las que no hubiera forma de tropezar y mucho menos caer. ¡Así es! No habría más tropezones: las zapatillas tendrían la capacidad de ver las banquetas y cuando estuvieran a desnivel podrían moverse por sí mismas para evitar que la gente tropiece. Después de cientos de intentos fallidos lo consiguió: por fin las tenía y eran perfectas, pero no contaba con que ese primer par que creó fuera más de lo que esperaba. Creó cientos de pares de zapatillas que fueron un éxito, se vendían como pan caliente, aunque nunca logró vender el primer par puesto que desapareció. Ese primer par tenía una inteligencia increíble y con su capacidad de moverse por sí solas, las zapatillas se escaparon con una cajetilla de cigarros que le robaron a Dóminic. Rondaron por toda Indonesia, viajaron por todo el mundo a través de embarcaciones y aviones, siempre pasando desapercibidas. Duraron dos años viajando, fumando, conociendo, asombrándose, viviendo la vida que cualquier zapatilla e incluso persona quisiera vivir. Su último destino fue México; Zapopan, Jalisco para ser más exactos. Estaban ya viejas, desgastadas, sin fuerzas, por lo que decidieron simplemente descansar en un parque, sin moverse, sin fumar, viendo cómo pasaba la gente, tan indiferente, sin voltear siquiera a verlas, todos, excepto una persona: Dóminic. Increíblemente y por azares del destino se encontraron y se reconocieron de inmediato creador y creación. Tomó las zapatillas y se fue con ellas platicándoles cómo pudo llegar hasta ahí. Fue simple, con todas las zapatillas que creó y vendió, pudo generar una gran fortuna con la que se dedicó a viajar y se enamoró por alguna razón de Zapopan, por lo que se quedó allí a vivir y simplemente caminaba, a eso se dedicaba, a caminar. Las zapatillas no hicieron nada, no se movieron, no mostraban ya señales de inteligencia, eran simples zapatillas. Dóminic, sin pensarlo dos veces, las utilizó por primera vez, después de dos años por fin fueron estrenadas. En el momento en que se las puso vio todo por lo que pasaron las zapatillas, vio todos los lugares por los que estuvieron. Dóminic simplemente rio y siguió caminando.

 

 

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