Archivos del horror: configuraciones del detective paranormal en la literatura mexicana

Vanessa García Leyva

Los Mochis, Sinaloa, 1979. Su libro más reciente es Flores que sólo abren de noche (La Tinta del Silencio, 2021). 

El género del detective paranormal inicia en el siglo XIX, época en la que el espiritismo y el culto por los fantasmas y «el más allá» tomaron una fuerza inusitada en el viejo continente. La literatura fantástica se vio fortalecida gracias a géneros como el gótico y el ghost story que se volvieron ultrapopulares en Reino Unido. En esa proliferación de temas sobrenaturales nace el investigador de lo oculto, personaje arquetípico que tiene una gran capacidad para resolver casos relacionados con las problemáticas del horror sobrenatural.

Hay que destacar que estos investigadores siguen el paradigma holmesiano: Sherlock Holmes, personaje creado por Arthur Conan Doyle que consolidó una serie de características que se convirtieron en modelo para casi toda la narrativa detectivesca posterior. Estos investigadores suelen contar con una capacidad extraordinaria para notar detalles mínimos en las cosas cotidianas, su método es el de la deducción que consiste en observar, relacionar indicios, formular hipótesis y reconstruir hechos prácticamente invisibles para los demás.

Este género híbrido parecería en principio problemático debido a esta intersección de la narrativa policiaca y de la literatura fantástica paranormal, y sin embargo logró con éxito desvanecer los lindes entre los paradigmas metafísico y materialista. Los lectores de finales del siglo XIX abrazaron estas historias que tuvieron increíbles protagonistas como el doctor Martin Hesselius, del escritor irlandés Sheridan Le Fanu, personaje interesado en misterios médicos y sobrenaturales, cuyas investigaciones son narradas y publicadas por un viejo alumno y actual secretario. El doctor Hesselius apareció en varios relatos que finalmente fueron reunidos en una única publicación, En un cristal oscuro, de 1872.

Tal vez el detective paranormal más famoso de esa época, que se ha reinventado hasta tiempos actuales, es el profesor Van Helsing, uno de los personajes clave en la novela Drácula (1897) de Bram Stoker. Inició como un sabio profesor investigador de lo oculto, pero las innumerables adaptaciones y reinterpretaciones lo han convertido en un intrépido cazador de monstruos y otras linduras afines del género. Otros detectives clásicos son Carnacki de William H. Hodgson, especializado en cazar fantasmas; John Silence, de Algernon Blackwood, que se enfrentó a todo tipo de entidades espirituales; y John Constantine, un personaje moderno creado por Alan Moore dentro del ámbito de la novela gráfica, caracterizado como un detective y exorcista especializado en fenómenos sobrenaturales y ocultistas.

Del siglo XIX a la fecha mucha tinta ha corrido para crear estos maravillosos investigadores, incluidos dos personajes representativos del detective paranormal en la literatura mexicana contemporánea: el padre Bonaduchi Guardiana, de Carlos Bustos, y Eugenio Casasola, personaje central de la obra de Bernardo Esquinca. Ambos autores comparten, además de su procedencia tapatía, una serie de intereses temáticos y literarios que se reflejan en sus respectivas obras, uno y otro desarrollaron personajes que reformulan el modelo clásico del detective al incorporarlo dentro de escenarios atravesados por lo sobrenatural, el horror y lo oculto. 

El padre Bonaduchi Guardiana es el protagonista absoluto de Fantásmica (2011), antología de cuentos que se inspiran en autores clásicos, maestros universales de la literatura de terror como Sheridan Le Fanu, Mary Shelley, Lovecraft o incluso Bram Stoker. Guardiana es un sacerdote católico al servicio del Vaticano para resolver los misterios que le van presentando al Papa, como fantasmas, entidades infernales, asesinatos de orden demoníaco, almas perdidas o bestias provenientes del inframundo.

El protagonista es una suerte de detective religioso que se ve envuelto en persecuciones macabras, misterios y hechos sorprendentes de naturaleza maligna. Una de las historias más potentes es el relato inicial, «Madame Sang» o «Señora Sangre», llamada así porque en vez de rostro posee cicatrices sanguinolentas y es portadora de la desgracia: con su dedo mortecino señala al infortunado que tendrá un futuro desgraciado. El mismo Bonaduchi es objeto del mal augurio de Madame Sang y las consecuencias de este encuentro serán resueltas hasta el final del libro. Entre tanto, el sacerdote viaja por todo el mundo tratando de resolver los misterios de un mundo espiritual que se mezcla con el mundo físico.

Varios de los cuentos presentan giros narrativos que contribuyen a intensificar y prolongar el suspenso, manteniendo así la atención del lector a lo largo del relato. Tal es el caso de «Piedras del trueno», historia centrada en el general Lefroy, quien intenta vender unas extrañas monedas ilustradas con imágenes simbólicas asociadas al tarot Visconti-Sforza.

En este relato, Carlos Bustos incorpora como elemento central el tarot Visconti-Sforza, una de las manifestaciones más tempranas de la tradición tarótica occidental, datada hacia mediados del siglo XV. Su carácter excepcional radica no sólo en su antigüedad, sino también en su estado fragmentario, pues no existe actualmente una baraja completa. Algunas cartas o piezas están en museos y algunas otras, en colecciones privadas, situación que ha limitado el conocimiento disponible sobre este conjunto y ha favorecido su consideración como un objeto histórico rodeado de incertidumbre y especulación.

La leyenda cuenta que lo mandó a hacer Filippo Visconti, duque de Milán, para su sucesor y yerno Francisco Sforza. El tarot Visconti-Sforza causó un impacto significativo en la composición visual, numeración e interpretación de los mazos de cartas modernos. En el cuento, los poseedores de estas cartas serán víctimas de las más trágicas muertes hasta que se pueda llegar al origen de estos singulares objetos.

Además de las narraciones más desarrolladas, Fantásmica reúne una serie de textos breves que, pese a su reducida extensión, condensan aventuras de gran riqueza imaginativa. Estos relatos abordan temas como los barcos fantasma, la licantropía y las criaturas de la mitología clásica, entre ellas la gorgona. A lo largo de estas páginas también emergen seres aberrantes y difíciles de clasificar, cuya configuración remite a la tradición del horror sobrenatural y al bestiario característico de la obra de Lovecraft.

El otro investigador de lo oculto es Eugenio Casasola, personaje creado por Bernardo Esquinca y protagonista de cinco novelas que, en conjunto, conforman la denominada saga Casasola. No se trata de un detective convencional, Casasola se desempeña como periodista de nota roja, una profesión que lo convierte en un candidato idóneo para la investigación de fenómenos paranormales. Su acceso privilegiado a la información, la amplia red de contactos que construye a lo largo de su labor periodística y su persistente búsqueda de la verdad, constituyen las principales herramientas con las que enfrenta los misterios que se le presentan.

Casasola tuvo su primera aparición en La octava plaga (2011), en términos metafóricos, la novela opera como una mise en place literaria: organiza y anticipa los componentes narrativos, simbólicos y argumentales que articularán el desarrollo de toda la saga. El escenario es la Ciudad de México, ahí el protagonista hará las pesquisas correspondientes para resolver el caso de «La asesina de los moteles».

Aunque la trama de inicio pueda parecer al lector ubicada en el territorio de la literatura realista, las descripciones del lugar donde ocurren los acontecimientos le otorgan inmediatamente un ambiente sobrenatural. Esquinca presenta una visión ominosa de la ciudad, como un organismo construido a partir de los miedos colectivos de sus habitantes. La urbe aparece como una presencia ineludible y asfixiante que invade tanto el espacio físico como el mundo interior de los personajes, convirtiéndose en una metáfora de la ansiedad y la pesadilla.  

Uno de los indicios más claros de la adscripción de la novela al fantástico oscuro y a la tradición de los detectives de lo oculto es la presencia de «El hombre detrás de las cortinas», una enigmática figura que se manifiesta en los sueños de Casasola y que contribuye de manera decisiva al esclarecimiento del misterio que articula la trama. El sueño se configura como un espacio de tránsito que desdibuja las fronteras entre la vida consciente, la muerte y otras formas de realidad. Este ámbito liminal permite al periodista acceder a conocimientos ocultos, experimentar visiones o establecer contacto con presencias sobrenaturales, convirtiendo la experiencia onírica en un territorio propicio para el misterio y el horror.

Uno de los aspectos más inquietantes de la novela radica en la construcción de su principal antagonista, una mujer cuya conducta reproduce el comportamiento de la mantis religiosa, conocida por eliminar al macho después del apareamiento. A medida que avanza la investigación, Eugenio Casasola descubre que esta serie de crímenes no responde únicamente a un patrón psicológico o criminal, sino que parece estar vinculada a una entidad de naturaleza insectoide que influye sobre la perpetradora o se manifiesta a través de ella. De este modo, la novela entrelaza la lógica de la investigación policial con elementos propios del horror sobrenatural, convirtiendo a la figura femenina en un punto de convergencia entre lo humano y lo monstruoso.

Eugenio Casasola, periodista especializado en la nota roja y principal investigador, protagoniza las demás novelas de la saga: Toda la sangre (2013), Carne de ataúd (2017), Inframundo (2020) y Necropolitana (2022), todas publicadas por Almadía. A lo largo de esta serie, el autor construye un universo narrativo caracterizado por un marcado sincretismo entre la novela policiaca, el horror sobrenatural, el imaginario prehispánico y diversas tradiciones esotéricas. En este contexto, Casasola se configura como una variante contemporánea del detective de lo oculto: un investigador dotado de perspicacia, amplios conocimientos sobre fenómenos insólitos y una constante determinación por esclarecer la verdad. Gracias a estas cualidades, se enfrenta tanto a criminales de carne y hueso como a entidades incorpóreas y fuerzas sobrenaturales que desafían las explicaciones más convencionales.

Tanto Carlos Bustos como Bernardo Esquinca se apartan del paradigma clásico del detective, cuyos fundamentos fueron establecidos por Edgar Allan Poe y posteriormente consolidados por Arthur Conan Doyle, para desarrollar figuras que se inscriben dentro del arquetipo contemporáneo del detective paranormal. A través de personajes como el padre Bonaduchi Guardiana y Eugenio Casasola, ambos autores amplían los límites de la investigación detectivesca al incorporar fenómenos sobrenaturales, saberes ocultos y dimensiones que escapan a la racionalidad tradicional. De este modo, sus obras ponen de manifiesto la vigencia y capacidad de renovación del género, demostrando que la fórmula narrativa basada en el crimen y su esclarecimiento continúa ofreciendo amplias posibilidades expresivas cuando se combina con los imaginarios del horror, lo fantástico y lo sobrenatural.

Este texto está dedicado a la memoria del escritor Carlos Bustos, al cumplirse diez años de su fallecimiento, como un reconocimiento a su legado literario y a su contribución a la literatura fantástica en México.

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