La experiencia física del poema / Silvia Eugenia Castillero

Luvina 70 / Páramo

Los libros se van acomodando, en el librero, fuera del librero, en la memoria o incluso fuera de ella. Los libros tienen una presencia inadvertida, a hurtadillas esperan el ojo del lector. Algunos son francamente atractivos, pero otros quedan esperando una semana, un mes o hasta veinte años. Así es como llegaron a mis manos… Seguir leyendo La experiencia física del poema / Silvia Eugenia Castillero

Cine y caos: la poética y la esterilidad / Naief Yehya

Luvina 70 / Páramo

En1889, al tiempo en que nacía el cine, el matemático francés Henri Poincaré se encontró con un dilema sin precedente: después de meses de tratar de resolver el problema de determinar las trayectorias de tres cuerpos que giran bajo su mutua atracción gravitacional, descubrió que no era capaz de encontrar la solución. Esto contradecía la… Seguir leyendo Cine y caos: la poética y la esterilidad / Naief Yehya

Escribir sobre el §¬¿Â / Teresa Arijón

Luvina 70 / Páramo

Querida Silvia Eugenia: Malamente he cumplido mi propósito. Apenas intenté pensar (en el sentido de atisbar) el caos, empezaron a girar en mi cabeza —como si mi pensamiento fuera un sistema que responde a un orden— Hesíodo, el Huevo órfico, el «caos del tránsito» en las grandes ciudades que no conozco e imagino (Bangkok, Shanghái)… Seguir leyendo Escribir sobre el §¬¿Â / Teresa Arijón

Puedes sentir el caos / Julie Mehretu

Luvina 70 / Plástica

De repente, la arquitectura, los mapas y los extraños dibujos fueron un vínculo racional con este mundo, porque no hay manera de hacer arquitectura que no funcione. Era una metáfora de los sistemas, de los esfuerzos racionales para construir el mundo dentro del cual existimos, aunque ocurran tantas cosas de manera tan orgánica e irracional.… Seguir leyendo Puedes sentir el caos / Julie Mehretu

Santiago a solas contigo / César Cabello

Luvina 69 / Otros senderosOtros senderos

La ciudad nos recibe de espalda como lo haría un padre con su hijo desbordado por la locura y en total oscuridad Nos recibe como un ciego que no confunde el grueso y pesado sonido de un astro que cae                                 con el brusco amanecer                                 que a sus ojos imponen… Seguir leyendo Santiago a solas contigo / César Cabello

Poemas / Gastón Biotti

Luvina 69 / Otros senderosOtros senderos

Estirones Tía tierra, sin querer doy tropiezo por abrazo; por juntarme con terrones la tarea se hizo barro: muchas manchas en las mangas, rasmillones en las manos; mechas tiesas, tos de perro y harta sed: lengua de trapo..! Soy tan serio de repente… que hago surcos con un palo; por hurgar huesos de piedra, por… Seguir leyendo Poemas / Gastón Biotti

Poemas / Yeny Díaz Wentén

Luvina 69 / Otros senderosOtros senderos

Tulipán Tu tu  tulipán tutu tulipán Que cantaru tulipán tuyo Tuyo quien ser suyo tulipán Tulipán quiero ser tuyo tulipán Tu tu  tuyo del suyo tulipán Tulipán pan pan tuyo Suyo tulipa Tulipán Cantar tuyo tuyo tulipán suyo Cantaru suyo suyo tulipán tuyo Oro duro tulipán tuyo tulipán suyo tulipán Oro tulipán suyo tulipa tulipán… Seguir leyendo Poemas / Yeny Díaz Wentén

Poema / Antonio Silva Fuentes

Luvina 69 / Otros senderosOtros senderos

Minueto para una india descuartiza de un cuerpo al látigo de Santo Colón Estuve sentada en mi lengua por siglos ora despierto para la antinatural América voy  con sonido de Cuzco, Mazatlán, Fuego de la tierra Ataviada de neones; artificio de jardín para la analfabeta ¡Ah, que mi ulva es rubia rabia, goteo de caverna!… Seguir leyendo Poema / Antonio Silva Fuentes

Cristián Silva

Luvina 69 / Plástica

 

 

 

Me gusta la idea de observar la obra de Cristián Silva como si se tratara de un dispositivo de guerra. La fórmula clásica, atribuida a Clausewitz, que afirma que «la guerra es la continuación de la política con otros medios», posee al menos dos virtudes: una, la de sostener la naturaleza política de toda acción beligerante, y otra, la de identificar ambos conceptos, la política y la guerra, logrando con ello amalgamarlos, volverlos análogos, semejantes. Y es así, como una analogía bélica, que puede ser útil este artilugio discursivo.

En este contexto, la obra de Silva es análoga a la guerra no por alguna condición infausta. Esa conexión sería obviamente inadecuada, sobre todo si consideramos la carga de ironía, e incluso de humor, que encontramos en sus obras, las cuales no tienen, por supuesto y al menos en primera instancia, contenidos trágicos. No se trata, tampoco, de centrar la atención en uno de los rasgos conspicuos de su actividad creativa, esto es, su carácter político. Y no porque este vínculo sea impropio, sino porque este tema y otros, como el social, parecen molestos y tienden a soslayarse y a mirarse con desdén en el arte contemporáneo, aunque no hay ningún motivo razonable para que esto suceda. El propio Silva ha afirmado acerca de su obra: «Yo de social realmente no tengo nada, pero, por otra parte, es lo único que me preocupa: la lucha de clases, la cual se supone que en el arte no debe aparecer, que éste debe apuntar a problemas más esenciales; pero para mí éste es precisamente un problema esencial».
     Von Bülow, otro clásico del arte de la guerra, lo plantea de esta manera en términos más procesuales: «La estrategia es la ciencia de los movimientos guerreros fuera del campo de visión del enemigo, la táctica en el interior de aquél». Si cambiamos, sólo por seguir este juego de lenguaje, el término enemigo por espectador, encontraremos quizá uno de los procedimientos que observo en Cristián Silva, en relación con esta actitud estratégica: la «imposición», del artista al observador, de su campo de visión. Esto, teóricamente y en un primer momento, no le permite al espectador otro espacio interpretativo que el que le confiere su ubicación táctica, esto es, la visualización parcial de la estrategia del artista por medio de unos pocos indicios, efectos o insinuaciones. Esta situación obliga al «espectador/enemigo» a desplegarse en un campo que ha sido diseñado en exclusiva por el contendiente/artista.
     Sin embargo, esta operación es ilusoria porque todavía no está completa. En este esquema, el artista se define en relación con su contrario. De este modo, aunque el espectador se ve obligado tácticamente a moverse en el campo de visión del artista, éste debe atravesar el territorio sin ser visto (pues si el espectador advierte en su totalidad las intenciones del estratega, el acto artístico pierde sentido), para que así se cumpla este imaginario ciclo de lucha y de conquista. El estratega debe entrar en el campo de batalla, «para concertar los detalles sobre el terreno y hacer las modificaciones al plan general, cosa que es incesantemente necesaria. En consecuencia, la estrategia no puede ni por un momento suspender sus trabajos» (Clausewitz). Por otro lado, queda claro que el círculo sólo se completa cuando el espectador se sacude de su asignación táctica y, apelando a su propio repertorio de imágenes, formula nuevos significados en una gestalt particular que le permite encajar coherentemente en un todo los fragmentos que alcanza a percibir.
     Obviamente, si esta interpretación que estoy elaborando es pertinente, esta organización está basada en un postulado de poder, esto es, en la constitución de campos «propios» (ámbitos, espacios, dominios) capaces de articular lugares imaginarios donde las fuerzas se reparten y encuentran. Esto explicaría la inclinación de Cristián Silva por las «relaciones de lugar» (De Certeau), la creación de obras que están en relación directa con un terreno, no sólo en términos del territorio donde se alojan sino, sobre todo, como representaciones directas o indirectas de las relaciones sociales que contienen y donde en última instancia adquieren significado en diferentes niveles (sociales, personales, incluso íntimos).
     El espacio de la exposición se plantea como un encuentro virtual (casi no es necesario decir que el término encuentro también pertenece a la jerga bélica) en el que finalmente los objetos tienen primacía sobre el método que permitió estructurarlos. Se trata, en todo caso, de restituir y devolver, en otro plano, las prácticas, las experiencias y las imágenes que permitieron construirlos, en el entendido de que ninguna estrategia se satisface a sí misma, de que la guerra es la comarca del azar, el territorio de la incertidumbre, una estación violenta, en donde, si todo funciona, las cosas aparecen con visos distintos a los que hubiéramos imaginado.

Baudelio Lara