Oscilación / Guillermo kuitca

 

i
Hacia un lado. Hacia el otro. Un vaivén de pincel, lápiz y tinta sobre geografías, fronteras, tiempos, recuerdos y espacios. En el barrio de Belgrano, el último vestigio bohemio para el bonaerense Guillermo Kuitca, una mesa redonda es el testigo del movimiento: la pintura se mueve desde su creación con el pincel, el grafito o la brocha. Se mueve mientras el artista rodea al lienzo sobre la madera circular. Se mueve de tema en tema (en algunas ocasiones, muy pocas, salta a un colchón) y se mueve como se mueve la pintura, el pintar, el pintor y el arte.

ii
Baile el de la mano con el pincel, el del cuerpo frente a la tela y el de la mirada de Kuitca que sabe cruzar fronteras con o sin mapas. Baile el que conoció en 1980 con Pina Bausch, acontecimiento tan maravilloso que le dejó obsesiones por los adentros y los afueras de los teatros (espacios en constante cambio), tema recurrente sobre planos de teatros recreados e intervenidos.
Danza la del abstracto surgido no de la simplificación o del lenguaje abstracto mismo, sino desde su definición en el espacio: los rayones no son más que rayones ahogando un espacio arquitectónico. Sólo eso, una imagen rayada, agujereada, espinada o atiborrada para toparse y observar. Pintura en movimiento al contemplarse, cuando el espectador también recrea el vaivén de la pintura en un espacio, de cuadro en cuadro, de la entrada a la salida. Kuitca pinta las montañas que se mueven.

iii
Las fronteras también se mueven y Kuitca sabe bien de eso. Primero fueron los mapas intervenidos, después los mapas sobre colchones como descifrando esos secretos íntimos que se esconden en ellos. Después fueron los mapas despedazados y vueltos a armar, los ríos junto a los ríos o las líneas políticas unidas sin espacio libre. Los mapas sobre lienzo en pintura para crear otra cosa fuera de una guía: «Tengo la idea de que buscaba mapas para perderme, no para orientarme», aseguró en alguna entrevista. Mapas que recuerdan a sus abuelos rusos al buscar a su natal Argentina, frontera de la que se niega a salir. Geografías para romper, para moverse: «En algún punto necesitas romper el lienzo e invadir el espacio».

iv
Vaivén de la pintura con sus huidas y regresos. Kuitca también dejó de pintar un tiempo, y regresó al oficio pensando en rompimientos y transformaciones. Quizá la pintura ya no sea la misma, ya no puede ser la misma después de confesar a los colchones. Tal vez la pintura es como una maleta sobre una banda transportadora de equipaje, en cualquier aeropuerto.
Dolores Garnica

 

Imágenes cortesía del artista
y de la galería Hauser & Wirth
© Guillermo Kuitca

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