M´illumino d´immenso es un concurso que fomenta la traducción y difusión tanto de la poesía italiana como de la poesía suizo-italiana en los países de habla hispana. Es organizado por los poetas Vianni Bianconi (Suiza) y Fabio Morábito (México), y por la traductora Barbara Bertoni (Italia), coordinadora del Laboratorio Traduxit, gracias al apoyo del Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México y de la Embajada de Suiza en México, con el patrocionio de la Biblioteche di Roma.
Un jurado compuesto por Barbara Bertoni, Fabio Morábito, Daniel Samoilovich y Helena Aguilà Ruzola, decidió otorgar el premio a Mariela Cordero, de Valencia, Venezuela.
La ganadora es poeta y traductora, reconocida por su obra literaria con varios premios, entre ellos el Tercer Premio de Poesía Alejandra Pizarnik (2014), el Segundo Premio de Poesía del Concurso Literario Internacional Bilingüe Tracceperlameta Edizioni (2015) y el Premio Literario Naji
Naaman (2025). Ha traducido poesía, ensayos y narrativa. Entre sus obras más importantes se encuentran la traducción de la antología Tú eres todas las flores de cala (2021) del autor taiwanés Chen Ming-Keh, el ensayo Diez cartas a Montaigne (2022) y la crónica La sonrisa del cerdo (2024) del escritor francés Stéphane Chaumet. Actualmente, Cordero se desempeña como asesora literaria en la revista del Instituto de Simbología de Corea del Sur y coordina el dossier de traducción Poesía africana para la revista Círculo de Poesía de México.
A continuación presentamos su trabajo.
Los salesianos del 57
La sotana del salesiano ondeaba o se inflaba como un paracaídas
incongruente. El campo era un patio que no terminaba nunca, un
duro suelo de granito rojo
donde salían duendes y un enjambre de regateadores dulcemente endemoniados
entre un salutaris hostia y un tiro de penalti.
O la cascada de pelotitas blancas, el estudio lento y el disparo
seco, el gancho como un rayo que quema la empuñadura, el corte
[engominado y frío
del bravucón.
Destreza y devociones, catecismo y patadas.
¿Dónde estás, don Egidio? ¿Dónde están mis goles robados?
¿Dónde acabaron, me pregunto, los oratorios serenos de aquel tiempo?
Maurizio Cucchi, Vite Pulviscolari, Milán, Mondari, 2009.
I salesiani del ’57
La tonaca del salesiano svolazzava o si gonfiava come un paracadute
incongruo. Il campo era un cortile che non finiva mai, un
pavimento duro di granito rosso
dove sbucavano folletti e un nugolo di dribblatori dolcemente assatanati
tra un salutaris hostia e un calcio di rigore.
Oppure la cascata di palline bianche, lo studio rallentato e la fiondata
secca, il gancio come un fulmine che brucia la manopola, il taglio
impomatato e freddo del ganassa.
Destrezza e devozioni, catechismo e calcioni.
Dove sei don Egidio? Dove sono i miei gol di rapina?
Dove sono finiti, mi chiedo, gli oratori sereni del tempo che fu?
92
A merced del agua y del viento del paraguas
deshecho me quedaron las varillas.
Una araña gris patas arriba y la tela
colgando de una rama: en el cielo relampagueante.
93
De una muda arcilla efímera, frágil
vasija, cualquier cosa —no importa
qué— casualmente agrietada desposa
la pura incandescencia del momento
94
Y el avanzar continuo en un juego
de sombras quietas en algún paso dado
y no dado en el oscuro fulgor.
Un poco sin saber y un poco sin entender.
95
El porqué y el cómo de esos estancamientos
de esos escombros (sintagmas esparcidos
en el fondo del alma) ¿quién los adivina?
De las palabras es el eco impredecible.
96
Y viene el viento, viene no en vano
de la seca pila de agua bendita del desierto.
Rojo capullo de rosa la palabra
reaflora (y boquea) entre los matorrales.
97
En cada rincón oscuro anida
la palabra; en cada espejo solloza.
Lágrima perdida en un borboteo de agua,
retraída golondrina que no sabe decir.
98
Las palabras se han quedado solas
en el corazón del poeta: no llegan a
los labios, a la punta de la lengua.
Las palabras se han quedado solas.
99
Como oculta en el corazón una antigua tela
descolorida la puesta de sol.
Cada hora aún huele a dolor.
Roja bruñe el horizonte una rosa.
Leopoldo Lonati, Discorso senza un alito di vento, Bellinzona,
Edizioni Casagrande, 2022.
92
In balìa d’acqua e vento dell’ombrello
disfatto mi rimasero le stecche.
Un grigio ragno a gambe all’aria e la tela
appesa a un ramo: nel cielo saettante.
93
Di una muta effimera argilla, fragile
vaso, qualsiasi cosa – non importa
cosa – casualmente incrinata sposa
la pura incandescenza del momento.
94
E l’avanzare continuo in un gioco
d’ombre quiete in qualche passo compiuto
e non compiuto nel barbaglio oscuro.
Un po’ senza sapere e un po’ senza capire.
95
Il perché e il percome di quei ristagni
di quei calcinacci (sintagmi sparsi
sul fondo dell’anima) chi li indovina?
Delle parole è l’eco impredicibile.
96
E viene il vento, viene non invano
dall’asciutta acquasantiera del deserto.
Rosso boccio di rosa la parola
riaffiora (e boccheggia) tra le sterpaglie.
97
In ogni angolo buio nidifica
la parola; in ogni specchio singhiozza.
Lacrima persa in un borboglìo d’acqua,
ritrosa rondine che non sa dire.
98
Le parole sono rimaste sole
nel cuore del poeta: non arrivano
alle labbra, alla punta della lingua.
Le parole sono rimaste sole.
99
Come nascosta nel cuore un’antica
tela scolorita il calare del sole.
Ogni ora odora ancora di dolore.
Rossa brunisce l’orizzonte una rosa.