Historia del porvenir / Shachar Mario-Mordechai

Ya terminaron esos sufrimientos.
     No más llanto.
     En un antiguo álbum ves el rostro de un niño judío quince minutos antes de morir.
     Tus ojos están secos.
     Calientas la tetera,
     tomas té, comes una manzana.
     Vivirás.
    
     «Sentencia de vida», Adam Zagajewski,
     traducido del polaco por Renata Gorczynska
    
    
     Otra vez la promesa de una nueva era.
     Ya está aquí, ovillada como un feto. A punto de nacer.
     Se dice que es un nuevo mundo. Pero he aquí la historia de su porvenir:
    
     Alguna vez, dentro de cierto tiempo,
     pedirán documentos y papeles.
     Será un recepcionista de una oficina gubernamental
     o un revisor aeroportuario, pero
     en cada nueva era o algún lugar del mundo
     un gendarme podrá exigir papeles.
     
     Esto quiere decir: Un pasaporte será falso en algún lugar del mundo.
    
     Y un buen día un ejército tomará una ciudad llamada
     Praga, Bagdad
     o Nueva York. Cualquier nombre es posible.
     Pasarán muchas cosas al amparo nocturno.
     Llamadas a la puerta.
     Arrestos arbitrarios.
     Un padre al que lo arrancan de los brazos del hijo,
     su desaparición.
    
     Muchas cosas ocurren a plena luz del día.
     Saqueos
     violaciones
     matanzas.
     En mercados de plaza y los bursátiles
     continuará el comercio como siempre. Al igual
     que el pogromo.
    
     Muy pronto se les unirá la mafia:
     rociando eslóganes contra una minoría
     por la razón que sea. Habrá una petición
     para prohibir la entrada al continente, al país
     o a la tienda de abarrotes.
     En la puerta un cachorro esperará a su amo.
     Alguien olvidará libros y fotos,
     una cobija antigua, una magnífica dicha de tercera.
     Y una persona amada.
     Pero no olvidará llevarse abrigo.
     Con bolsillos. En tanto que se vaya a buena hora,
     intacto. Y con dinero.
     Muchos huirán a pie.
     Unos lo harán en trenes.
    
     No hay fugitivos sin perseguidores.
     Ni tampoco refugio sin tormenta.
     El mundo es la culata de un revólver,
     la noche son patrullas centelleantes.
    
     Una persona al menos —¿tal vez tú?— perderá
     el rumbo, rezará para que esto termine. Ahí está, míralo,
     parapetándose en la oscuridad;
     botes que van río abajo
     y coches en el puente
     lo interceptan
     por fracción de segundos.
     Da un salto.
     O se detiene. Pero consigue desaparecer
     como lo que se ve por la ventana.
    
     ¿Tu ventana, quizá?
    

    
     Versión de Hernán Bravo Varela,
     a partir de la versión del hebreo al inglés de Vivian Eden
 

 

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