Al dios del vino

José Luis Rivas

Su libro más reciente es la traducción de Poesía reunida / The Complete Poems (1909–1967) deT. S. Eliot (Universidad Veracruzana, 2024).

¡Oh dios genuino
que, sentados nosotros a la mesa ahora mismo,
en tanto conversamos y comemos,
nos concedes tu don más generoso,
permíteme loarte, dios de dioses!

Dime, dios del vino y de las viñas,
padre del arrebato furibundo y del éxtasis,
¿cómo podríamos los seres mortales
cantar el sumo obsequio
de ser y estar en este mundo,
convulso y desgarrado ciertamente,
pero en todo momento formidable,
sin tenerte presente en nuestro diario altar?
En mis sueños pervive tu hermosa cabellera
flotando al viento…
Sobre el rocoso promontorio de la mar,
tu temprana adolescencia
ornada con un manto que fulgura,
¿cómo no habría de tentar a aquellos
malhadados piratas, pero…
¿quién podría raptarte entre tantos prodigios?
¿Quién podría atarte a ti, con lazos de junco?
¡Qué recursos insólitos los tuyos!
El vino, dulce y perfumada ofrenda,
vertido sobre el barco, lo oscureció del todo;
luego ese enorme pámpano,
al desplegarse a cada costado del navío,
alcanzó la estatura enorme del velamen;
tu sagrada destreza para mudarte
en un oso imponente y luego en león rugiente
infundió tal pavor a los marinos
que se arrojaron sin pensarlo al mar,
y a los que un gesto dadivoso de tu parte
trocó después en gráciles delfines.
El capitán del barco, nunca presa del miedo
entonces, se ganó tu corazón munífico,
y le contaste que eras hijo de Semele,
la que una vez mirara cara a cara al tonante Zeus
en toda su implacable majestad;
Semele, a quien conviene llamar por su nombre
siempre que aspire uno
a componer un canto de dulzura.
¡Salud, santo Dionisos, dios de dioses!
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