Ana Luisa Rébora. El miedo, la imprecisión de un paisaje

Verónica López García

Guadalajara, Jalisco, 1972. Textos suyos aparecieron en Alguien aquí que tiembla. Celebración poética de mujeres (Ediciones Sin Nombre, 2021).

Un paisaje brumoso en el que lo celeste juega con formas de relieve y elevaciones, en el que los valles y cordilleras se confunden, es el territorio de los personajes de Ana Luisa Rébora, seres que aun en el lienzo, parecen en movimiento. 

Ana Luisa Rébora crea con una fuerza centrífuga que dispara desde el corazón y las vísceras hacia afuera. Sus piezas son una exploración artística de lo sobrenatural, donde el misterio extiende sus raíces y desafía a la figuración con sugerencias azuladas y provocaciones coloridas. 

Rébora posee una fascinación por lo extraño y desconocido que guarda lo humano, por eso se aleja de la concreción, nada puede ser reducido a una línea definida, sólida en su inicio, trayectoria y final. Su lenguaje inquieta. En cada figura hay también un desafío a las convenciones estéticas que llega a ese rincón donde guardamos los miedos para despertarlos. 

Alejada de la iconografía religiosa convencional, la artista se adentra en los aspectos más frágiles, oscuros e inquietantes de la experiencia humana. Ángeles, mujeres enlutadas, dolientes, grupos de romeros, caminantes perdidos, seres envueltos en ropajes que parecen tejidos con barro o vapor de nubes, siluetas enlutadas, fugitivos, aparecidos, fantasmas con un gesto de espanto o de tristeza infinita. Todos, juntos o en soledad nos hablan, nos perturban, nos fascinan. 

La obra de Rébora se adentra en los aspectos más imprecisos, oscuros e inquietantes de la imaginación. Sus piezas confrontan al espectador con escenas oníricas que difuminan la frontera entre la realidad y lo surrealista. La magia, la superstición y la irracionalidad se convierten en símbolos de una apuesta artística que abre espacio a la manifestación de la locura. Lo misterioso envuelve el cuerpo de sus personajes mientras el asombro expande la mente del espectador de sus piezas, mediante la yuxtaposición de lo sublime y el terror. En nuestra mirada queda la vibrante ensoñación de un paisaje arremolinado y brumoso, un territorio visual donde nuestra agitación interior encuentra lo que nos habita: el miedo.

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