Escultura de palabras: Eielson, poeta visual

Sergio Téllez-Pon

Ciudad de México, 1981. Su libro más reciente es Retratos con Federico (Punto de Vista, 2023).

Para Jessica Díaz

Mucho se habla de las categorías de la poesía de Jorge Eduardo Eielson (Lima, Perú, 1924-Milán; Italia, 2006), esto es, distinguir su «poesía escrita» de su «poesía visual», delimitaciones que el mismo Eielson le dio a su obra y que han servido de guía para la crítica literaria interesada en su poética. Retomo esa idea ahora para volver sobre la poesía visual de Eielson y de ella tomo algunos ejemplos que comentaré brevemente. La poesía visual que me interesa en estos párrafos no se refiere tanto a sus cuadros, nudos (o quipus), instalaciones o performances, sino a los textos que están pensados para verse, es decir, para leerse, claro, pero sobre todo para que al mirar de lejos aparezca ante los ojos del lector la obra de arte sobre la hoja en blanco, así como vería una pieza sobre el muro blanco del museo. Es decir, me interesan los textos que revelan su lado visual.

En una antología de poesía visual, Las seductoras formas del poema (Aldus, 2004, compilada por Alfredo Espinosa), al lado de otros poetas de varias lenguas, Eielson está representado con un solo poema, su «Poema en forma de pájaro», que es el más conocido de sus poemas visuales pero no es el único. Ese texto poético-visual pertenece a Poemas y variaciones (1950), uno de los primeros libros que escribió ya instalado en Europa, en el que pueden encontrarse otros ejemplos de sus exploraciones visuales con la palabra, en juegos tipográficos como «Poema en A mayor»:

estupendo Amor AmAr el mAr
y vivir solo de Amor
y mAr
y mirar siempre el mAr
con Amor
mAgnífico morir
Al pie del mAr de Amor
Al pie del mAr de Amor morir
pero mirAndo siempre el mAr
con Amor
como si morir
fuerA solo no mirAr
el mAr
o dejAr de AmAr

Y en el antipoema «Solo de sol», la repetición de una letra, en este caso la s, o de una sílaba (so), me parece que también está pensada para producir un efecto visual:

Solo el sol
el sol solamente
solo en el cielo
y yo tan solo
a solas con el sol
sonrío simplemente

Esas primeras exploraciones visuales de Poemas y variaciones, luego las continuará en otros poemas que, bien mirados, podrían pensarse como poemas visuales, por ejemplo, en libros como Habitación en Roma (1952) en el que, hacía el final, aparece «Escultura de palabras para una plaza de Roma»: Eielson imagina una escultura de palabras entre el bullicio de la ciudad sobre la cual tiene el poder de hacer aparecer y desaparecer, una operación muy suya que recuerda de inmediato su descabellada propuesta a la NASA de poner una escultura en la Luna… allá donde nadie la ve, ¿la escultura existe o no, aparece o desaparece? Y en el último poema de la serie Mutatis mutandis (1954):

escribo algo 
algo todavía
algo más aún
añado palabras pájaros
hojas secas viento
borro palabras nuevamente
borro pájaros hojas secas viento
escribo algo todavía
vuelvo a añadir palabras
palabras otra vez
palabras aún
además pájaros hojas secas viento
borro palabras nuevamente
borro pájaros hojas secas viento
borro todo por fin
no escribo nada

En este caso, el juego que Eielson propone al lector va más allá de la imagen en el papel. Aquí la creación de la imagen es mental, la mente va siguiendo las instrucciones que se le dictan y la imaginación crea los pájaros, las hojas secas, el viento, hasta que el poeta al final ha decidido no escribir nada y entonces, ante esa orden, la misma mente borra todo.

Luego de su paso fugaz por París y Ginebra, Eielson llega a Roma, a «las calles doradas de Roma», escribió en un poema. Instalado en la Ciudad Eterna, empieza a escribir y producir su obra más experimental, la más interesante, desde mi punto de vista, tanto en la escritura como en el arte. Conforme el poeta Eielson se acerca a las artes plásticas (sus primeros nudos hechos con ropa y sus primeras pinturas abstractas), su poesía escrita también se va haciendo más conceptista, más radical. Muestra de esto son eros / iones (1958), cuatro poemas eróticos separados como en hemistiquios y Cuatro estaciones (1960), otra serie de poemas en los que una vez más le dicta al lector lo que tiene que hacer para materializar o desaparecer los poemas.

El culmen de su poesía visual, me parece, es Canto visible (1960), un libro que ya está más cerca de las artes plásticas, de la imagen, que del texto poético. En este caso, las palabras son utilizadas para acompañar figuras que en parte ayudan a sugerir o explicar y en el que también juega con el lenguaje al intervenirlo, al fragmentarlo. Uno tiene el libro cerca para poder leer, pero para poder ver el lado visual del poema hay que alejarlo, leerlo a cierta distancia. Eielson convierte las letras en objetos para que puedan formar otro objeto visual, por ejemplo, al descomponer la palabra «estrellas» y repetirla varias veces hacía abajo sobre un fondo azul oscuro ciertamente crea el efecto visual de mirar un cielo límpido de estrellas.

En su antología Las seductoras formas del poema, Alfredo Espinosa hace una genealogía del poema visual, desde sus pioneros hasta los ejercicios más radicales (desde los futuristas italianos y los concretistas brasileños, hasta pintores como Matisse, Magritte o el fotógrafo Man Ray, de quienes muestra sus obras como poesía visual) para poder demostrar que, si bien no es algo nuevo pues se ha practicado desde hace casi un siglo, sí al menos ha tenido una fructífera vena creativa en varios países; en esa estirpe, me parece, Eielson despunta y sobresale. Eielson fue un curioso que exploró las posibilidades sonoras pero también visuales de la palabra, de la sílaba, de la letra, pues al convertirlas en un símbolo (o signo) desvela la otra variante de su misma obra, la poesía escrita se desdobla en su complemento, la poesía visual.

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