Ciudad de México, 1952. Su libro más reciente es Galería de ecos (Medusa, 2025).
Raúl Bañuelos nos ofreció desde el inicio de su escritura una profundidad recompensante en su poesía. La lectura de aquellos años nos permitió beneficiarnos de los hallazgos de Raúl en la apertura de otros espacios posibles para la expresión poética. Desde entonces, quienes tuvimos oportunidad de leerlo nos percatamos de que el Siglo de Oro, fray Luis de León e indudablemente la poesía española, latinoamericana y contemporánea de México, habían sido plataformas necesarias y valiosas para que el poeta tomara su propio impulso.
Desde hace muchos años llevo en mi memoria líneas e ideas poéticas que proceden de los primeros textos publicados por Raúl Bañuelos, una resonancia continua como ejemplo del significado más amplio del decir coloquial:
Uno no tiene la oportunidad de escoger su piel y sus ojos
pero sí debe tenerla de escoger su mirada
Una hermosa manera de responder, con poesía, a uno de los temas que aún siguen en la discusión pública: hacernos responsables de lo que miramos…
Otras líneas para reconocer:
José no sabe quién es Pedro ni quién es José
Si supiera de Pedro sabría de José
El empeño por eludir la indiferencia es otra de las ideas permanentes en la poesía de Raúl, ideas para la discusión colectiva. Mantiene una búsqueda: aquello que se ha denominado políticamente correcto se convierte en socialmente compatible, para evidenciar la dimensión humana de las cosas.
Conocí a Raúl Bañuelos hacia finales de la década de los 70. Las vueltas a Guadalajara eran frecuentes por mi trabajo de gestión cultural: esta ciudad ofrecía actividades literarias a través de instituciones culturales, universidades y el taller del maestro Elías Nandino, que había obtenido merecidamente el Premio de Poesía de Aguascalientes en 1979. A partir de esos años conocí poemarios de Raúl Bañuelos, desde Menesteres de la sangre; Por el chingo de cosas que vivimos juntos y Poemas para un niño de edad innumerable, todos ellos posibles de leer en el mismo 1980, hace ya 45 años. Más tarde vinieron Puertas de la mañana, de 1983; Cantar de forastero, de 1988; Casa de sí, de 1993 y Junturas, que la colección editorial iniciada hacia 1994 bajo el nombre Los Cincuenta, publicó en 1996. A estos títulos siguieron otros más, que afortunadamente se han puesto al alcance de una comunidad lectora en dos recolecciones: Puerta del cielo, de 2010 y Puerta del cielo, estrella de la mañana, aparecido en diciembre de 2023, poco antes de que nuestro autor cumpliera 7 décadas de vida. Nuestra generación publicaba principalmente al abrigo de las editoriales independientes y universitarias. Sigue siendo así. En esos tiempos no gestionábamos el ISBN, pues México abrió el registro en 1977 y su uso no se había difundido. Los primeros libros de Raúl no lo tienen, por eso celebro las ediciones posteriores que compilan su obra e incluyen este valioso registro internacional.
En Junturas, de la mencionada colección Los Cincuenta, destaco algunas líneas que el poeta Marco Aurelio Larios escribió celebrando el libro:
El mundo de lo visible e invisible, de lo profano y de lo sagrado, en medio de la rutina y el asombro, las fronteras de las personas y las cosas, las divinas y las humanas, se tocan, se juntan. De esos límites apenas presentidos nos hablan los poemas de Raúl Bañuelos en su libro Junturas. Nuevas asociaciones han sido nombradas para mirar en ellas nuestra pertenencia a todas las personas y a todas las cosas, incluso a las que ignoramos o despreciamos.
Nada es ajeno, como lo prueba Bañuelos al imaginar estas fronteras, estas junturas que unen «el ojo café con el lejano prisma del arcoíris», «el hambre terrestre con la sed metafísica», «la cara del asesino y la cruz de la víctima», «el águila que desciende y el sol que alumbra la persecución». Con admirable piedad por el mundo que vivimos, Raúl Bañuelos une el universo con la revelación poética de la juntura.
Las ricas propuestas de la poesía de Raúl siempre han sugerido ideas: las voces de los niños exaltadas en los 5 sentidos, por ejemplo. Eso también es la poesía de Raúl Bañuelos: un canto de los 5 sentidos. Desde aquellos años iniciales de nuestro empeño poético nos preguntábamos qué significaba ser una generación. Había diversidad, distintos tratamientos del poema como vehículo de expresión; diferentes tentativas, diversas maneras de asumir la vocación, que le permitieron a nuestra poesía ofrecer rutas variadas. Me importa mucho citar un fragmento de este poema que responde a la antigua y rebasada dicotomía que se asomaba en la poesía latinoamericana por aquellos años; la aparente separación entre el universo de Vallejo y el de Neruda.
Vallejiana a vuelo de pájaro
Todas las cucharas, las sopas
y los panes
al hombro Vallejiano de la vida;
las lunas y las lluvias; los soles,
las tierras, el viento favorable.
En un par de ediciones que me correspondió preparar a mediados de los años 80, obtuve testimonios de Raúl Bañuelos. Más tarde, ya en el 2009, en Brasil, la Universidad Federal de Ceará, en Fortaleza, capital de ese estado, publicó Dentro do poema, una antología en portugués de nuestra generación, donde los poemas de Raúl Bañuelos tienen una presencia bien valorada, evidencia de su apego permanente al oficio literario.
Las características formales de Raúl Bañuelos son destacables en el conjunto generacional: síntesis, profundidad, transparencia. Creo que nuestro poeta comparte la huella, a veces cicatriz, de los hechos vitales que ocurrieron paralelamente a su creación literaria. Se ha dicho que Raúl es uno de los poetas que observa en la literatura una profesión de fe y no un mero estatus. Decidió vivir en Guadalajara, donde una vez, cerca de sus espacios, me presentó a Arturo Chaires, el curita Chaires, defensa lateral del Campeonísimo Guadalajara, que pasaba por la calle donde estábamos conversando.
Muchos autores y autoras nacidos en los 50 decidieron vivir en sus ciudades natales o en las que adoptaron. No requirieron de la capital del país ni para su creación ni para su reconocimiento.
Todos los árboles de Guadalajara
siguen vivos en la memoria de la tierra:
En la presentación de Casa de sí, publicado por la colección El Ala del Tigre y que debió haber ocurrido a mediados de 1994, hace ya 30 años, en algún lugar de Guadalajara o tal vez de la Ciudad de México, pensé, como ahora, que el territorio entrañable de Raúl Bañuelos es su Jesús caminando sobre las aguas; su palabra colmada de significados. Sus libros como la ofrenda de un corazón.
Corazón es una de esas palabras que ya no suelen convocarse en el poema. Cualquier título de Raúl Bañuelos no es solamente un libro —repito ahora—, es un corazón. Para afirmarlo no me faltan argumentos: si fuera un libro solamente, ¿entonces por qué late cuando lo dejo encima de mi mesa?; es un ser vivo que bebe de la misma agua fresca que bebo. Si fuera un libro solamente, ¿por qué comparte el pan conmigo?
Tal vez fue a partir del libro Poetas de una generación. 1950-1959, con selección y prólogo de Evodio Escalante, de 1988, editado por la Dirección de Literatura de la UNAM, cuando nos afiliamos a la idea de ser parte de los 50, por nuestros años de nacimiento, aunque la generación de Sabines y Rosario Castellanos, entre otras voces, comenzó a publicar a mediados del siglo xx y había sido ya referida como Generación del 50.
En un panorama crítico nacional se ha considerado que la diversidad de propuestas poéticas de nuestro grupo autoral permite detectar una profusión de registros y observar una gran variedad temática. El propósito, vigente todavía, ha sido proponer novedades al ámbito poético de nuestro país y de nuestro idioma. Con el paso de las décadas, las palabras de Raúl Bañuelos cobran aún mayor significado. Ante la pregunta de si creía pertenecer a una generación, el poeta me respondió hacia 1985 que sí. Él creía pertenecer a una generación, basado en su año de nacimiento. Confirmaba que, estadísticamente, había muchos poetas que habían nacido en 1954. Decía además: «Hay una gran variedad de tipos de escritura, modos de escritura. Hay poesía que abarca lo coloquial y otra, lo culto, una más reúne ambas posibilidades. No, no hay un estilo».
A mediados de los años 70, numerosas revistas literarias comenzaron a aparecer en todo el país. En esas revistas, los jóvenes de aquel entonces empezamos a publicar nuestras primeras obras. Las revistas circulaban de una manera más o menos eficiente, entre amigos, claro, como casi siempre circulan las publicaciones literarias, pero también en una insólita interacción entre las distintas ciudades de los estados de la federación. Quienes lo recuerdan, saben que en los años 70 se manifestó un crecimiento de talleres literarios, revistas institucionales e independientes además de la posibilidad de contar con publicaciones.
La obra de Raúl Bañuelos está constantemente presente en ese ámbito. Los jóvenes de ese entonces solíamos divulgar nuestra producción a través de la correspondencia entablada con los autores que habíamos conocido en los encuentros de escritores que a principios de los años 80 comenzaron a celebrarse con una cierta continuidad. Aun sin redes sociales, sin internet, solíamos establecer vínculos cercanos con autores de otros países, con los que intercambiábamos libros, otras revistas y por supuesto mucha literatura inédita. A través del correo se establecieron diversos conductos de cooperación cultural que resultaron eficientes, al tiempo que las editoriales universitarias de todo el país, o las editoriales de los gobiernos estatales, experimentaban una inusual apertura hacia esta literatura que los jóvenes reunidos en talleres literarios íbamos generando.
Los suplementos literarios nos aceptaban también en sus páginas. Era una nutrida diversidad de escritores y no solíamos firmar manifiestos. En el ambiente de la crítica ya se percibían distintas formas expresivas diferenciadas entre sí.
Los constantes exilios políticos de países de América Latina propiciaron la reunión en México, país de larga tradición hospitalaria para los creadores en éxodo. Ese acercamiento produjo también aprendizajes singulares para nosotros. Autores de Ecuador, de Chile, de Argentina, buscaban en México un espacio de creatividad y de paz, la reciprocidad de estos profesores, siguiendo la ruta del intercambio favorecido por el exilio español, dejó indudables huellas en esta generación, coincidente en edad y entorno social, pero con diferencias en formación y propuesta estética.
Algunos años después, Raúl Bañuelos comenta para la colección Los Cincuenta:
Yo no podría hablar de un desarrollo en mi trabajo. Lo que sí pudiera decir es que ha habido una amplitud temática, y también que he querido atemperar un poco el barroquismo inicial. Y también siento que, aunque escriba más, publico menos, quizás eso puede dar una idea de que uno quisiera ser más serio en lo que publica y en lo que hace.
A mí me asombra mucho la palabra, tanto escrita como hablada. Puedo leer en una conversación del Quijote con Sancho que hay elementos de poesía magníficos, o a veces escuchar una expresión que nos liga con lo poético. Recuerdo, como un ejemplo, una ocasión llegando en un aeropuerto, y desde adentro del avión un niño grita y dice a su mamá: «Ira, má, un avión», desde adentro del avión. Entonces, la poesía se puede aparecer tanto en lenguaje o como experiencia en la vida, en cualquier momento.
La obra de Raúl no ha concluido, continúa en proceso, su voz tiene ese contraste entre los silencios de la introspección y las voces del canto. Tiene muchos versos todavía por compartirnos:
Debe haber un pueblo
Debe haber un pueblo
de forasteros
donde todos sepan
lo que son.
Y llegue uno más
y sea uno como todos.
Y haya entendimiento común
de uno con uno,
de uno con otro, de todos
con todos.
Ese pueblo
ando buscando.
Antonio Machado no cantó al «Jesús del madero, sino al que anduvo en la mar»: Jesús caminando sobre las aguas. Esa es la poesía de Raúl Bañuelos, que comparte en la cena el pan y el vino, esa sangre, ese cuerpo, ese corazón. La hondura de su vocación religiosa está representada en los temas que consiguen ser comunes a sus lectores y lectoras. Su corazón abierto, que no es solamente un libro, nos enseña variadas facetas del sentimiento humano, que aunque no son ni han sido nunca ajenas a la poesía, muchas veces pueden tener el infortunio de estar marginadas o soslayadas.
Este corazón de Raúl Bañuelos nos transforma como lectores. Puedo asegurar que después de leer en el corazón de un poeta como Raúl, el público no puede seguir alejado de la poesía. Raúl Bañuelos sabe vivir con el corazón bien puesto, seguro, firme, en su lugar, en su sitio.
Agradezco nuevamente la oportunidad que recibí para honrar a uno de los poetas más importantes de nuestra generación. Celebro con ustedes la poesía de Raúl Bañuelos, su vocación, su persistencia. Su imprescindible presencia durante medio siglo en la poesía escrita en nuestro idioma.
Gracias a todas las personas que organizaron en los espacios de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara la Conmemoración de los 50 años de carrera de Raúl Bañuelos, celebrada el 7 de diciembre de 2024.
Raúl Bañuelos nació en Guadalajara, Jalisco, el 30 de enero de 1954. Estudió letras. Ha publicado, entre otros libros de poesía: Tan por la vida (1978); Menesteres de la sangre (1980); Por el chingo de cosas que vivimos juntos (1980); Poema para un niño de edad innumerable (1980); Puertas de la mañana (1983); Cantar de forastero (1988); Cuaderno de miniaturas (1992), y Casa sí (1994). Aparece en antologías como Poesía joven de México. Asamblea de poetas jóvenes de México, de Gabriel Zaid (1981), y Con sus propias palabras, de Eduardo Langagne (1987). Publicó El telegrama (Alianza, 1988). Preparó, con Raúl Aceves y Dante Medina, la Antología de poesía reciente de Jalisco (Universidad de Guadalajara, 1989). Es coautor de Poesía de América (Universidad de Guadalajara, 1992). Ha publicado poemas y ensayos en Estados Unidos, Perú, Brasil, Francia, Panamá, Argentina, España, Venezuela, Puerto Rico y diversos sitios de nuestro país.