Pesadillas reales* / Lilia G. Mancilla

Preparatoria 13

Se escucharon unos pequeños pasitos que hacían crujir las hojas arrancadas por el otoño.

. . . .

Norma era una chica amante de la naturaleza y ese día de excursión, cuando paseaba por el bosque, de repente unas finas gotas rozaron su larga cabellera. A unos pocos metros encontró una capilla de aspecto siniestro. Corrió hacia ese lugar para refugiarse de la tormenta.
A pesar de que los relámpagos iluminaban todo el bosque, la capilla seguía en penumbra, el único objeto brillante ahí era una hermosa caja musical, fabricada de oro, lo cual la hacía parecer antigua, como de la época medieval.
Al poner atención detenidamente, escuchó una dulce melodía proveniente de la caja, que se encontraba abierta. En el centro del objeto resaltaba una pequeña figura: un muchacho bailando solo, como si su pareja fuera invisible o lo hubiera abandonado.
Norma se dejó llevar por la música y comenzó a bailar, pero pronto se sintió exhausta y decidió recostarse sobre el altar, donde estaba la cajita musical.
Una brillante luz la hizo despertar, provenía de uno de los vitrales de la capilla. Se dio cuenta de que era muy tarde y se levantó apresuradamente. Cuando salió, vio un enorme castillo cercano… ¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado ahí?
Comenzó a explotar todo el terreno. Para llegar a aquel castillo debía atravesar un pequeño río que lo rodeaba. Había un lindo puente, construido de fina madera y adornado de flores que desprendían un delicioso aroma.
El castillo era sumamente hermoso, de un estilo singular. Bello y tenebroso. Aparentemente, nadie lo habitaba, estaba desierto y el polvo cubría las habitaciones. Tenía una gran torre, de donde salía la bella melodía de la caja musical. Quería saber qué había en ese lugar.
Las escaleras se le hicieron infinitas. Abrió la pesada puerta y vio algo sorprendente: un chico bailaba al ritmo de la música, se parecía al de la pequeña cajita. Él no se  percató de la presencia de Norma. Ella intentó acercarse un poco más, pero la habitación se volvió obscura. El muchacho desapareció y tomó su lugar alguien  que se cubría con una capa.
–Era hora de que llegaras, Norma  –dijo una voz cruel.
Ella recordó quién era: la temible bruja que la había atormentado en sus sueños desde que era pequeña, la hechicera Marlene. Siempre la perseguía diciéndole que le robaría lo más preciado para ella.
–¡Bruja Marlene!
–Me recuerdas, ¿cierto? Creí que te habías olvidado de mí.
–¿Cómo podría si protagonizaste muchas de mis pesadillas?
–Tienes razón, y me da mucho gusto verte de nuevo.
–No puedo decir lo mismo…
Nunca había confiado en ella aunque sólo viviera en sus sueños. Sabía que detrás de ese rostro inexpresivo se encontraba la maldad. Había hecho algo horrible.
–¿Qué le has hecho a ese pobre chico? ¡Responde!
–El príncipe no quiso obedecerme, así que comencé a perseguirte a ti. Tuve que encerrarlo en la cajita musical que encontraste.
–¡Una trampa!… Eres más astuta de lo que creía.
–Gracias. Y ahora pienso arrebatarte eso que tanto necesito.
Se lanzó hacia ella. Rodaron por el piso. Norma sólo pensaba en cómo quitársela de encima y rescatar al noble príncipe, quien también era parte de sus sueños. Podría matarla, pero… ¿cómo?
Claro, lo que necesitaba lo hallaría en la capilla. La aventó contra la pared y empezó a correr rápidamente. Era muy ágil, la hechicera no podía alcanzarla.
Llegó a su destino y buscó desesperadamente. Ahí estaba ese pequeño cristal, dentro de la caja musical. Al principio no se había dado cuenta de su existencia, hasta que recordó la escena de la capilla.
La malvada hechicera se acercó a ella y trató de tomarla por el cuello, pero Norma fue más rápida, le clavó el cristal de la luz eterna en el pecho, justo en el corazón.
La bruja comenzó a hacerse polvo. El fuerte viento se la llevó, sin dejar rastro alguno.
Cuando la joven se dio la vuelta, se topó con el apuesto príncipe de la cajita musical. Ambos hicieron una reverencia y se tomaron de las manos. La música comenzó y empezaron a bailar por toda la capilla.
El amanecer iluminó el bosque… el inicio del día era celebrado por el trinar de las aves.

. . . .

Todos los amigos de Norma la buscaban desesperados. La tormenta había cesado y lograron llegar a la capilla, donde creían que estaría la joven. No había nada, sólo una pequeña caja musical hecha de oro, donde dos bailarines danzaban al compás de la dulce melodía…

 

 

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*El texto fue resultado de una dinámica que consistió en sortear argumentos ideados por los integrantes del taller. Cada autor debía desarrollarlo a su gusto y darle un final a la historia. El que le tocó a Lilia fue el siguiente:
"La pequeña Norma es una amante de la naturaleza. Un día se fue de excursión y de repente se encuentra con una pequeña capilla; entra, ya que estaba lloviendo, y se da cuenta de que hay algo raro en el altar, se acerca y de repente aparece en un castillo."

 

 

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