Pavana para una flautista muerta / Hugo Gutiérrez Vega

 

Cuando llegaba la mañana
se te oía trajinar
entre tus flores, jugar con el color
para que en el día
y en la noche
crecieran los matices, los aromas.

Eran tres hermanas.
Una fue arrebatada
por el viento innombrado.
No pude ver sus últimos días,
el estruendo y la furia
me cerraron las puertas.
Me quedé con su última sonrisa
y sigo viendo cómo su cuerpo
oscilaba al ritmo de la flauta
(en ese momento era toda música).

Eran tres hermanas
siempre lo serán;
eran tres hermanas
en el tiempo real,
las veo caminando
por el Rock Creek Park.
Serán tres hermanas
en el tiempo irreal.

 

 

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