Naturaleza. La ruta

Carlos de Gredos

    En toda ruta sabemos que hay un comienzo, aunque ese sea elegido, determinado, indeterminado o forzado. La parte del recorrido normalmente es una experiencia desconocida, por hacer y la ruta puede tener un punto de destino prefijado o desconocido. Nuestro interés es en indagar el viaje de la humanidad desde un punto no cero, de comienzo, sino intuir qué había antes y que puede haber después de lo que se conoce como punto de destino, regreso al origen o “gran implosión”. Para eso estudiaremos qué herramienta disponemos y no es otra que la Naturaleza.

    La Naturaleza es el conjunto de lo natural, de lo nacido. Es difícil imaginar que haya pueblos que en sus lenguas maternas no tengan el concepto de lo nacido y que lo hayan tenido que incorporar prestado de otros. Cuando el hombre primitivo abría los ojos, todo lo que veía era natural desde la tierra que pisaba hasta las estrellas.

    El estudio de las palabras, desde su etimología, hasta lo que esconden en sus profundidades nos sirva para situarnos mejor, diríamos que con ventaja en esta ruta que pretendemos transitar, pues eso a la postre es la vida un tránsito. Si natural es lo nacido, nosotros somos naturaleza, eso no debemos de olvidarlo nunca por mucho que las sociedades superindustrializadas parezcan haberlo olvidado. Olvidar se puede olvidar todo menos la vida, la Vida no nos olvida. Un idioma y un pueblo muy apegado a lo natural y en nada lejano a su devenir, por muy que en un polo opuesto también está a la vanguardia tecnológica es el japonés. Naturaleza se escribe 自然 y si estudiamos sus dos componentes empezando por la derecha, leemos “naturalmente yo”, es decir se consideran muy conscientemente naturaleza con todo lo que ello implica. Si procedemos de igual manera con el chino tenemos 性质 y lo desglosamos como “cualidad sexual”. El sexo está implícito en todo lo nacido, hasta en las rocas y como debe ser y debemos aspirar, con excelencia, con calidad. Si decimos rocas, volcanes, tierra, ¿qué tiene que ver eso con el sexo?, claro a nosotros lo primero que nos viene a la mente es nuestro sexo y la primera reacción que podemos tener es la de la carcajada y la de la risa pero podemos terminar también en una sonrisa cómplice y pensar, ¿qué es la creación del Universo?, pues no es otra cosa que un acto de amor y como en toda concepción suponemos que hubo un acto sexual aunque lógicamente, no tiene que ser del mismo tipo que el de los humanos. Pues eso precisamente pensamos que fue el famoso “Big Bang” o “Gran Explosión”, un acto de amor, de fecundación y con el tiempo la evolución de la cual procedemos.

    Las palabras son como el arte, también nos pueden ayudar a hacer visible lo invisible y para eso tenemos las palabras de todos los idiomas del mundo a nuestra disposición. Si escribimos en inglés evolución comprobamos que es una palabra prestada del latín, “evolution” y nos satisface comprobar la magia que una palabra prestada produce en su idioma cuando la relacionamos con las de su familia nativa, así si la leemos cual falso palíndromo de derecha a izquierda queda “noitulove” y como procedimiento permitido en el arte poético, nos asombramos de que la evolución vista como en un espejo termina en amor, luego que más lógico que llegue al final como suponemos que empezó, con amor.

    En esta ruta por la que caminamos si hiciéramos más caso a las palabras tendríamos más beneficios, lo primero es estar junto a lo nacido y para ello impregnarnos de todo, de sus olores y sabores ya que en la naturaleza también se encuentra la lanza, los sinsabores. Como en toda relación amorosa es fundamental el diálogo, la escucha atenta y eso nos lo evidencia el inglés con “walk”, paseo y hablar “talk”. También el alemán nos ilustra al respecto con “weise” sabio viaje “Reise”. Todo viaje sirve o debería servirnos para hacernos un poco más sabios, nada que ver con el turismo, que como sabemos su sufijo significa doctrina. En catalán leemos “naturalesa” y aunque también contiene ruta añade un adjetivo muy importante, sana. Así la Naturaleza sería la ruta que nos sana, por eso tenemos a la mayoría de nuestras sociedades enfermas, precisamente por ese alejamiento de ella. Aquello que ha hecho posible por voluntad de amor que estemos aquí, solamente puede acogernos con hábitos de cariño y con cuidados. Somos muy torpes para no darnos cuenta de ello y creer que lo tenemos todo y que no necesitamos de nadie, de nada y encima de tratarla desde un punto de vista utilitarista en vez de igual a igual que es lo que somos. Somos lo mismo y eso significa que nuestro destino está unido irremediablemente al suyo. Hay un pensamiento falaz y muy actual que expresa que “a la Naturaleza le da igual que nosotros desaparezcamos, que ella seguirá su rumbo sin nosotros”. Eso es una calumnia y una afrenta echa a quien dependemos. Nuestro discurrir es el mismo, si ella enferma nosotros enfermamos, la situación actual nos lo demuestra en todos los frentes, climático, ecológico, pandémico. No nos podemos despegar de nuestra propia piel y de nuestra alma que es la suya. 

    Llegados a este punto ya podemos responder, desde un punto de vista intuitivo, pues es la mejor herramienta que tienen las personas junto a la imaginación, esa que encierra una imagen y que al mismo tiempo puede resolver su enigma, para acceder al conocimiento, a la pregunta ¿qué había antes del “Big Bang”?, creemos que existía la posibilidad, la potencia de algo de llegar a ser y la única manera era el cambio, esa palabra que termina en vida y la metamorfosis, esa palabra cargada de amor para hacerlo posible, sucedió. Eso es lo más importante. Lo que sigue es la historia del Tiempo, eso que sabemos que no existe, que es pura ilusión, por mucho que en una de nuestras dos dimensiones lo padezcamos, en la finita, pero sin perder de vista en nuestra ruta la infinita, aquella que no nos está permitido comprender pero si intuir y en este devenir ya nos estamos aproximando a la recta final del sabio viaje.

   Como todo en la vida, somos verbo, acción, palabra y pensamiento, los sentimientos para el día a día. Los vocablos vuelven otra vez a nuestro rescate, en esta situación vital de replanteamiento y de búsqueda, como aquel que entra al bosque en pos de la comprensión. Creamos porque creemos y de esa forma crecemos, hasta dónde, hasta cuándo, hasta el final de la espiral del espíritu y hasta que el Criador considere que lo creado, que la Naturaleza de la que formamos parte como la sangre del cuerpo, como el desprendimiento de la roca en arena, lleguemos al instante al que nuestra avaricia, nuestra soberbia y nuestra falta de empatía hacia todo lo que circula por nuestros alrededores, incluidos nuestros próximos y nuestros prójimos, hayamos llegados al punto de no retorno, al punto de catástrofe, al punto de no poder resolver los grandes desafíos a que está abocada la humanidad. Nuestra ausencia de humildad conoce todas las pequeñas y grandes rocas con las que tropezamos y seguiremos tropezando, es nuestro sino. En ese punto llegará el rescate del Criador. No es muy aventurado pensar que el Creador y el Criador es el mismo Ente, del cual formamos parte y siempre en proceso de perfección.

   Supongamos que ya hemos llegado a ese instante y ahora cómo se va a dar el siguiente paso, pues para esa cuestión los astrofísicos ya tienen la teoría desde 1931 y con Einstein al frente, lo que se conoce como “Big Crunch”, la vuelta a la fase anterior al despertar. Según la cosmóloga Katie Mack “técnicamente podría suceder en cualquier momento”. Lo que la teoría predice y nosotros creemos es que después de la vuelta al origen hay otro resurgir y así eternamente como corresponde a la esencia de lo Infinito y a lo no existencia del Tiempo. 

   Bien, ya sabemos el final pero y nosotros qué, pues habremos llegado a lo que se conoce como la Teoría del Doble Infinito, 88. Nuestros antepasados ahora están ligados a la Tierra en un plano que desconocemos pero que sabemos que tiene sus conexiones con el nuestro, ese sería el primer Infinito, por así decirlo y cuando suceda el retorno (volver al trono), entonces todos, pasados y presentes llegaremos al Doble Infinito y en ese plano intuimos que la espiral y el espíritu de cada uno seguirá creciendo hasta llegar a la perfección. Terminaremos sin terminar.

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