La metafísica y los piojos

Rubén Gil Quiñónez

Guadalajara, Jalisco, 1972. Su libro más reciente es Alma verde (La Zonámbula, 2012).

En sus Mémoires d’anthropologie, Pierre Paul Broca define a la metafisicometría como «el estudio de las medidas y las proporciones de las  cabezas de los filósofos», y señala que «existen importantes variaciones en estos cráneos de acuerdo a las escuelas y las corrientes filosóficas a las cuales fueron proclives». Por ejemplo, a Tomás de Aquino lo clasifica entre los braquimetafísicos; a Francis Bacon, entre los mesometafísicos, y a David Hume entre los dolicometafísicos. Empero, ciertos historiadores de la filosofía resaltan una inconsistencia diacrónica: el antropólogo francés olvidó la testa de Nicolás de Cusa y la testa de Giordano Bruno. ¿Cómo tonifican los historiadores esta flojedad metodológica? Le adicionan a la metafisicometría las medidas y proporciones cefálicas de los pensadores judíos medievales y los resultados —a decir de la academia— están a la vista en los brevarios contemporáneos de filosofía.

Sin duda, Pierre Paul Broca echó mano de alguna herramienta formal para inventariar los cráneos. Y la sospecha recae en el Índice Metafísicocefálico de Broca o IMB, que se define como «la anchura (a) de la cabeza del filósofo entre la longitud (l) de la cabeza del filósofo multiplicado por 100 más la suma de las páginas (p) de un libro de metafísica escrito por el filósofo». O sea,

                                                i.m.b.=[(a/l)100] + p

Tomemos, por ejemplo, La filosofía positiva de Augusto Comte. ¿Cuántas páginas contiene? 304. Ahora, busquemos en una enciclopedia la lámina del sabio y calculemos la anchura y la longitud de su testa… Anchura: 36 centímetros; longitud: 45 centímetros.  La ecuación, por lo tanto, es:

                                                i.m.b.= [(36/45)100] + 304

O sea,

                                                i.m.b.= 384 cm

La metafisicometría y las acotaciones de la metafisicometría (las cuales se analizan en otro ensayo) indican que Augusto Comte es braquimetafísico. Y, ¿si la obra de metafísica fuese La evolución creadora? El IMB —claro está— variaría.  Y, ¿si la cabeza de Augusto estuviese colonizada de piojos? Nadie, pues, conocería sus medidas y proporciones.

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