Ilustraciones para poemas de Constantino Cavafis / David Hockney

 

 

 

En un viejo libro
(1922)

 

En un viejo libro
                             —al menos con cien años—,
entre las páginas olvidadas,
una acuarela sin firma encontré.
Obra sin duda de un estimable artista.
Llevaba como título,
                                «Imagen del Amor».

Hubiera sido más apropiado,
                        «— del amor extraordinariamente sensual».
Tan manifiesto al contemplarla
(no disimulaba el artista su intención)
que no era para el amor saludable dijéramos,
el amor más o menos permitido,
para el que estaba hecho aquel joven
del dibujo— con sus profundos ojos pardos;
con la exquisita belleza de su rostro,
la hermosura sobrenatural de su atractivo;
sus labios ideales que ofrecían
el placer a un cuerpo amado;
sus ideales labios hechos para camas
que llama infames la moral ordinaria.

 

Pueblo deprimente
(1925)

 

Pueblo deprimente éste donde trabaja—
                                                      empleado en un comercio,
él que es joven
                        — y donde debe esperar
aún dos o tres meses,
dos o tres semanas hasta terminar el negocio
y poder regresar a la ciudad y entregarse
a su bullicio y a sus diversiones;
pueblo deprimente éste donde espera.
Yace sobre una cama devorado por el amor,
toda su juventud despierta por el deseo de la carne,
con la tensión maravillosa de la bella juventud.
Y en el sueño le llega la delicia; en sus sueño
ve y abraza la carne, el cuerpo que desea…

 

 

Dos jóvenes, de veintitrés y veinticuatro años
(1927)

 

Desde la diez y media estaba en el café,
esperando verlo aparecer.
Llegó la medianoche
                            — y él esperaba todavía.
La una y media; y ya vacío
quedó el café.
Dejó de leer maquinalmente
los periódicos. De sus tres únicos chelines
sólo uno le restaba: esperando
había gastado todo en café y coñac.
Había fumado todos sus cigarrillos.
La larga espera lo había extenuado. Y además
después de tantas horas solo,
amargos pensamientos sobre su vida
hicieron presa de él.

Pero cuando vio entrar a su amigo, de golpe
la fatiga, el aburrimiento,
                        los amargos pensamientos desaparecieron.

Su amigo le traía una inesperada noticia.
Había ganado sesenta libras en la casa de juego.

Su hermoso rostro, su maravillosa juventud,
el sensual amor que los unía,
sintiéronse renacer, fortalecidos
por las sesenta libras de la casa de juego.

Y llenos de alegría y vigor, radiantes de belleza
se dirigieron — no a sus casas respetables
(donde además no eran demasiado queridos):

sino a una de mala fama, que ya les era familiar,
y allí alquilaron un dormitorio
y pidieron bebidas caras, y de nuevo empezaron a beber.

Y cuando las costosas bebidas fueron consumidas,
y esto sucedió hacia las cuatro,
al amor felices se entregaron.
Según las fórmulas de los antiguos magos
greco-sirios

Según las fórmulas de los antiguos magos greco-sirios
(1931)

«Qué destilación de hierbas
de encantamiento»,  dijo un sensual,
«qué destilación preparada según las fórmulas
de los antiguos magos greco-sirios,
sería capaz un día (aunque no excediese de un día
su poder), o por sólo una hora,
de devolverme mis veintitrés años
otra vez; a mi amigo cuando tenía veintitrés,
y todo aquello… su belleza, su amor.

Qué destilación puede descubrirse preparada según las fórmulas
de los antiguos magos greco-sirios,
la cual al mismo tiempo que esta vuelta al pasado,
me devuelva con él nuestra habitación».

 

Ilustraciones para catorce poemas de C. P. Cavafis
 (1966)

 

Cuando los poetas Stephen Spender y Nikos Stangos comenzaron una nueva traducción
de los poemas de C. P. Cavafis en 1966, Hockney viajó a Beirut, con la esperanza
de encauzar el excitante espíritu de los mundos antiguo y moderno de Cavafis hacia
las ilustraciones.

Había descubierto los poemas eróticos de Cavafis en la biblioteca de Bradford
unos años antes, cuando regresó a casa de la escuela de arte, y lo habían fascinado. Pero sólo cuatro de los grabados finales documentan lugares reales: retratos
de amigos que hizo sobre todo en su dormitorio en Londres.

Había empezado a dibujar del natural con pluma y tinta en 1965, y aquí, las líneas dibujadas directamente sobre la placa no sólo no permiten errores, sino que exudan una sensación de intimidad y confianza.

Los poemas de Cavafis a menudo describen encuentros fugaces entre hombres y,
sin embargo, las imágenes de Hockney son deliciosamente abiertas.

«Por supuesto que tratan del amor homosexual», dijo en 2010, «y yo estaba
usando ese tema de manera muy audaz entonces. Estaba consciente de que era ilegal [los actos homosexuales estuvieron prohibidos en el Reino Unido hasta el 21 de julio de 1967], pero no pensé realmente mucho en ello en ese momento. Vivía en un mundo bohemio, en el que simplemente hacíamos lo que nos venía en gana. No hablaba
por nadie más. Defendía mi forma de vivir».

Dorothy Feaver

 

© Imágenes David Hockney

Créditos. Los grabados de David Hockney que se muestran en estas páginas forman parte de la exposición Words and Pictures (Palabras y dibujos), abierta al público a partir del 27 de noviembre de 2015 en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara, y organizada en colaboración con el British Council, que prestó piezas originales de su colección.

Los poemas de Cavafis fueron traducidos por

José María Álvarez.

Comparte este texto: