Prisionero en la ilusión del cuerpo / Pravasini Mahakud
Un cuerpo prisionero

en la ilusión del cuerpo:
anhela la flexibilidad de la hierba,
la calidez del contacto humano,
la suavidad de un conejo.
Anhela el amor de la luna,
el calor del desierto,
muchas corrientes de una sola gota de lluvia,
la extensión del océano,
el silencio del cielo.

Quiere que incontables flores
abran en cada rama,
quiere el gorjeo de los picos de las aves.

No quiere pedir y sin embargo pide
ya que su mente y su cuerpo han permanecido
congelados por varios años.
Tan pronto como se cruza
con el cuenco mendigante de alguien,
recuerda al Buda, tonsurado
y vestido de amarillo, cercano
a Yashodhara y Rahul.
Del cuenco mendigante surge
la dulce esencia de la compasión,
la última súplica de piedad, de humildad,
de generosidad, de paciencia,
la elegancia de la desapasionada
oración de paz.
El cuenco mendicante, de dos milenios
y medio de edad, aparece fresco ante
los ojos de esa mujer: podría ser por
su encanto de arcilla terrenal.

El tiempo se derrite con el calor del cuerpo,
con los gozos mundanos de la existencia.

 

Versión de Víctor Ortiz Partida, a partir
de la versión del oriya al inglés.