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Poemas / J. Thomas PDF Imprimir E-Mail
Los perros de Ajitgarh

El Monumento del Motín, la torre gótica construida en Delhi para conmemorar a los tres mil extraordinarios oficiales y hombres ingleses que fueron asesinados al reprimir la rebelión —la Primera Guerra de Independencia de 1857— en la que ellos mataron a cientos de miles de residentes de la ciudad y a los soldados rebeldes, se encuentra a unos pocos metros, cuesta arriba por la calle Ridge, del Hospital Hindú Rao (anteriormente Casa Fraser). Este sitio, que sirvió como centro de comando responsable de la matanza de varios cientos de miles de delhienses en dos episodios separados por cinco siglos (éste es el lugar donde Timur acampó y supervisó la matanza de más de cien mil delhienses durante tres días en 1399), también aparece en las persistentes historias de fantasmas narradas por famosos raconteurs locales. El Monumento del Motín fue renombrado Ajitgarh o «Sitio de los no vencidos» por el gobierno central en el vigésimo quinto aniversario de la independencia de India en 1972, y se instaló una nueva placa que describe al «enemigo» mencionado en la inscripción original de los británicos en el sitio, como «los luchadores por la libertad y los mártires de la India que lucharon valientemente contra el gobierno represivo colonial en la Primera Guerra de la Independencia». Yo, junto con mi hija y su primo, visité Ajitgarh y otros monumentos cercanos en julio de 2016. La visita inspiró el poema.

Aplastar una rebelión es el deber de todos los centros de poder.
Sobre la sangre de los guerreros de
La Primera Guerra de Independencia se construyó
Este Monumento del Motín para conmemorar la muerte de la Compañía militar.
Una tarde de mediados de julio. Llevados por el sopor luego del almuerzo,
Subimos por la calle Ridge. El aire
Gotea húmedo bajo el espeso verde del verano;
Nadamos, respirando por la boca.

Subiendo por la base, vamos rodeando apenas el pedestal
Cuando unos gruñidos profundos que salen del hueco oscuro nos detienen.
Varios pares de brillantes ojos destellan. El primero acecha
Amenazadoramente, bloqueando nuestro camino, seguido de otro,
Luego otro, un par más, en una formación de arco convexo,
Reacios a aceptar los giros de la historia: Ajitgarh.

 

Sarmad Shaheed

Recientemente volví a visitar el área de Juma Masjid y Ballimaran, que me inspiró dos poemas. El primero es acerca del mártir Sarmad, quien fue ejecutado por el emperador Aurangzeb.

El rey está desnudo, gritó el niño inocente.
El poder está desnudo, con la espada desenvainada.
La verdad también está desnuda. La inocencia puede verla.
Los dos a menudo chocan en batalla, las chispas vuelan.
Apegarse a la desnudez es hablar definitivamente con la verdad.
Eso es lo que hizo Sarmad: la inconformidad absoluta,
Fuera del marco de lo establecido.
Si Mansūr Al Hallāj declaró «Yo soy la Verdad» cantando Ana’l Haqq,
Sarmad hizo algo similar, diciendo sólo la «La Ilāha» de la Kalimah
Dejando fuera la «illā-llāh», tal vez insinuando que
«No hay Dios afuera, sino dentro de uno mismo».
Aturdido por esa aclaración, Aurangzeb lo hizo decapitar
Fuera de la puerta oriental de la Juma Masjid
Donde Sarmad decapitado bailó en los escalones
Llevando su cabeza en las manos, antes de abandonar su espíritu,
Como dice la leyenda.
De pie en los mismos escalones, encuadro una fotografía de su Dargah rojo abajo
Con la Quila-e Mualla —o la Fortaleza Exaltada que finalmente se redujo a la
Simple Lal Quila para adaptarse a la realidad de la decrepitud total de los últimos días—
Surgiendo detrás en el horizonte.

 

La Haveli de Ghalib en la calle Ballimaran

A pesar de vivir en Delhi los últimos veintidós años, apenas visité la Haveli de Ghalib (1) en la calle Ballimaran, cerca del Chandni Chowk.

El poeta eterno comparte ahora su hogar
Con una tienda, no importa, le va mejor que a muchos
De los amados bardos de Delhi que defendieron
La cultura Ganges-Yamuna,
Y sin embargo no dejaron rastro terrenal.
Uno tan sólo puede mirar las reliquias de su vida
Con un nudo en la garganta.
Sus exaltados conceptos, el arte de la palabra, el humor;
El inquebrantable sentido del honor dañado por
Los desagradables giros de la historia. Perpetuamente en deuda
Sin embargo nunca perturbado en su ser angelical.
Sin hogar, siempre deambulando en espíritu, tendría ahora poco valor
Para una residencia majestuosa como ésta.
Pero él perdonaría hasta el llamativo lavado de cara dado
A los únicos aposentos en los que vivió toda la vida.
Él sabe que eso y los innumerables tomos en los que se habla sobre él
Son intentos bien intencionados para mantener viva su memoria. Incluso perdonaría
Éste, el flojo poema que le dedico.

Versiones del inglés de Víctor Ortiz Partida.


1   Poeta urdu (1797-1869). (N.del T.).


 
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