Buenos Aires, Argentina, 1960. Uno de sus libros más recientes es Herida fecunda (Páginas de Espuma, 2024), ganador del XV Premio Málaga de Ensayo.
porque el río teje su historia y uno es apenas un hilo que se entrelaza con otros 10 000.
Haroldo Conti, Sudeste
cuando la arena anida en la laringe, cuentas 99 estrellas en un cielo mudo.
María Ángeles Pérez López, Libro mediterráneo de los muertos
Y naciste bajo tu desnudez con un movimiento de agua y recuerdos.
José Carlos Becerra, El otoño recorre las islas
«El otoño recorre las islas», dijo el poeta, y yo quisiera pensar en las hojas
doradas a la orilla de los ríos de mi infancia. Quisiera atrapar una vez más
los reflejos del sol sobre el agua amarronada. Deslumbrada por la luz, en la
punta de aquel bote, quizás intuía lo que hoy es pasado:
quizás
la arena en la garganta.
No me has dicho cuánto tardan en deshacerse los huesos. Cuándo serán
brotes frescos las cenizas amadas. No te he dicho yo que todo era ritmo
amoroso. Los 2 pares de remos dentro y fuera del agua: deslizándose en
danza iban mis padres.
Una y otra vez vuelve ese paisaje.
Pero llego siempre a su muerte
aunque busque quedarme en los reflejos.
Más miedo me daba el mar. Pero también allí los seguía. Y aprendí a cruzar la rompiente, y a nadar como si pudiera desafiar un destino de naufragios.
Era el Atlántico y hacía décadas que había muerto Alfonsina. En secreto
prefería el jardín, las calles de tierra y la lluvia de verano. Sin huesos
líquidos. Sin ceniza hecha flor.
Si hay quien escribió la autobiografía del algodón, la mía pasaría por agua,
islas y sudestadas.
Pero hubo antes 2 mares: el Negro. Y allí estaba Odesa, y mi abuela bebé, y
los cosacos y los golpes.
Y el Mediterráneo. El mar Jónico. Grecia y Roma: demasiada historia para
tanta pobreza.
Alguien les contó que más allá del horizonte una patria nueva los esperaba.
Otras lenguas. Las saudades.
¿Desde qué puerto salieron? ¿Cómo vinieron a América? Mi abuelo llegó en un
barco / pero se trajo la luna / Dibujada en un pañuelo / Que un día colgó en mi
cuna, canta la cubana Liuba María Hevia.
Mi abuelo traía las notas de su violoncello, y era la suya una voz de madera
dulce. No pudo ir a enterrarlo, mi madre: la distancia es nuestro sino. Lejos
de los abrazos, cargamos la memoria.
99 en un cielo mudo. 10000 historias. 30000 desaparecidos en aquella otra
matria.[1] La nueva tierra fue arena en la laringe. Herida. Ardió el mar. Se tiñó
de sangre nuestro río.
270 000 000 de migrantes en el mundo, dicen los que saben. Un hogar precario
bajo cielos ajenos. Tatuado en la piel, el verso de la infancia es el único
equipaje.
La autobiografía del agua, de las islas y la sudestada. / Cuerpos que caen
desde un cielo mudo. / Peces sin ojos en el fondo abisal del sur.
Entro a la cámara anecoica. Como John Cage a su jaula.
No hay silencio sino un corazón que galopa
con un movimiento de agua y recuerdos.
Apenas un hilo que se entrelaza con otros 10000.
[1] 30 000 desaparecidos es el macabro saldo de la última dictadura cívico-militar argentina (1976-1983). Entre ellos, el escritor Haroldo Conti.

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2025
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