Vidas cruzadas en la sumisión

Silvia Eugenia Castillero

Ciudad de México, 1963. Su libro más reciente es Después, seguía la muerte (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2024). 

La filosofía y la literatura se tocan continuamente. Para Deleuze y Guattari el escritor retuerce el lenguaje, lo hace vibrar, lo abraza, lo hiende, para arrancar el precepto de las percepciones, el afecto de las afecciones, la sensación de la opinión; mientras que la filosofía es el arte de formar, inventar, fabricar conceptos. No obstante, su relación va siempre en la entraña de los objetos o emociones o hechos a los cuales dedican su desarrollo. Desde ahí brotan cada una hacia diferentes maneras de abordaje de la realidad.

La filosofía nos demuestra el árbol, la literatura nos lo da. Es entonces celebratorio encontrar en un libro la reunión da ambas artes, la novela Dominio y sumisión de Virginia López Domínguez, en una edición hermosa de Silla Vacía. 

Confieso que no conocía a la autora hasta el momento de la presentación. Y que no sé si el libro sea una ficción basada en alguna otra vida o en su experiencia propia. Esto no es relevante para el libro ni para su lectura. Es una curiosidad, ya que el tema que aborda es el de un matrimonio de veinte años que fracasa. A partir de esta narración que pudiera ser muy obvia y hasta lugar común, lo que vuelve original a la novela es el pulso narrativo que la sostiene y además la capacidad reflexiva de su parte anecdótica.

A la manera de Virginia Woolf y Clarice Lispector, la novela de López Domínguez es una pieza híbrida, va del relato al ensayo y en ocho capítulos («La casa de los cuervos», «Huellas del porvenir», «Lazos de mar», «La amistad en la abundancia, «Las enfermedades de la sociedad opulenta», «Cría cuervos y te sacarán los ojos», «Acoso y derribo», «El juicio final: Odio contra miedo») despliega la vida familiar de la clase media y alta en el mundo contemporáneo de un capitalismo salvaje. 

Los títulos de cada capítulo son muy sugerentes porque la autora echa mano no sólo de sus dotes de narradora sino que toma elementos de la literatura universal, dándole al texto una hondura y un peso hacia la verdad. El primer capítulo es el más fuerte y contundente pues en él la autora cuenta el final. Al terminar su lectura uno cree que se agotó la historia. Sin embargo, en los siguientes capítulos se desarrolla justo el goce del relato de las vidas que sólo se habían bosquejado al inicio.  

Digo goce porque la autora logra entretejer la ficción de sus personajes con un cúmulo de sabiduría sobre la naturaleza, los mitos, sobre la historia de ciudades del mundo, etc., de manera que a la par que estamos interesados en la trama, nos lleva a disquisiciones sobre la muerte, la soledad, los mundos profundos del mar, los misterios del agua, y un sinfín de temas filosóficos que nos acercan al centro de la novela. Y de esa manera nos volvemos cómplices de su narrativa y nos sentimos parte de la historia.

Es una novela que nos sitúa históricamente, «un reflejo minúsculo de esa España nacida con la democracia que pasó de la alpargata al zapato de Manolo Blahnik en tan sólo una generación, sin darle tiempo de hacer los cambios espirituales necesarios para afrontar la nueva etapa con cierta responsabilidad, como si se hubiese destapado una olla a presión sin esperar a que se enfriase. Era una España que ansiaba mostrarse rica, pensante y liberada de prejuicios a la altura de esa Europa idealizada desde el aislamiento y que, aún escondía en sus entrañas el país de charanga y pandereta, de toros y sacristía, de alma burlona pero quieta, que criticó Antonio Machado casi un siglo antes».

No hay duda que hablar de lo concreto nos da la posibilidad de abarcar lo universal, pues esta descripción de una España naciente al progreso capitalista, nos une a casi todo el mundo occidental. 

El verdadero tema de Dominio y sumisión, además de retratar la hipocrecía y superficialidad de la clase media y alta, es la misoginia de esa sociedad progresista y democrática en la que vivimos. Paloma, la protagonista, una profesora universiraria y escritora, sufre el deterioro de su propia persona en el seno de una relación de profundo amor aparente y de nuevo hipócrita y queda presa y esclavizada en ese mundo de machos y de poder económico que deteriora y atenta contra la dignidad humana. Paloma se salva gracias a su desarrollo intelectual, no así su predecesora quien acaba loca. 

En la novela hay una serie de retratos de la sumisión a la que está sometido el género femenino, a través de los cuales se vive el apocamiento de las vidas que aparantemente tendrían el futuro asegurado. Contrastes feroces bien dibujados, de mujeres que desaparecen por el maltrato y la discriminación a la que son sometidas y que nos llevan a recordar la tremenda injusticia que cometió el gran escultor Augusto Rodin, junto con su cuñado Paul Claudel, en el siglo XIX, para encerrar en un manicomio a la enorme y telentosa escultora, Camille Claudel, alumna, amante y modelo de Rodin, para quitarla del camino y que no ensombreciera el éxito del escultor.

Dominio y sumisión sacude a sus lectores por tener raíces hondas en la realidad y al mismo tiempo transportarlos hacia mundos muy diversos, trágicos y bellos, superficiales y muy profundos. Novela de contrastes, logra crear un mundo original y perdurable. 

Virginia López Domínguez
Dominio y sumisión
Silla Vacía 
2023

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