El paisaje transformado. Apuntes sobre Spleen mexa de Lázaro Izael

Jesús de la Garza

Montemorelos, Nuevo León, 1994. Su libro más reciente es Cuaderno de tinta extraña (Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 2024). 

NUEVAS NOCIONES DEL SPLEEN

¿Cómo? ¿No tiene cristales de colores? 
¿Cristales rosa, rojos, azules; cristales 
mágicos, cristales de paraíso? ¿Habrá 
imprudencia? ¿Y se atreve a pasear por los
barrios pobres sin tener siquiera cristales 
que hagan ver la vida bella? Y le empujé 
vivamente a la escalera, donde, 
gruñendo, dio un traspiés.

Charles Baudelaire

Desde su título, el más reciente libro de Lázaro Izael remite directamente a los pequeños poemas en prosa de Charles Baudelaire. Sin embargo, ha pasado el tiempo, y la propia noción del spleen se ha actualizado en manos de nuestro poeta. Donde antes había un ennui de dandy, decadente y decimonónico —conceptos que, quizá para el empobrecimiento de nuestra vida cotidiana, han sido rebasados—, Lázaro Izael ha encontrado un recipiente de colorido cristal para trazar la melancolía del pasado; imagino ese recipiente ahora a la deriva, como un barco ebrio, el mismo barco ebrio de Rimbaud. 

En uno de los textos del Spleen de París de Baudelaire, «le mauvais vitrier», la voz poética —que bien podría ser el propio Baudelaire— le recriminaba a un vidriero que, entre todas las piezas con las que contaba, no tuviera cristales de colores. En Spleen mexa, la manera de construir imágenes poéticas obedece a esta máxima baudelairiana, «hay que hacer la vida bella», y es la poesía, pues, la herramienta alquímica que permite la transformación del recuerdo, de la experiencia, del sueño, en imágenes hermosas y luminosas como cristales pintos que filtran los rayos del sol.

EL SUEÑO COMO IMAGEN DEL CAMPO

En su primer apartado, Instantáneas, el poeta explora, por medio de imágenes oníricas, lo que ha sido la vida rural y su residuo. Trata, como lo haría antes Jorge Teillier con la poesía lárica, de dar una dimensión poética a los dominios perdidos de la infancia. Ahora, hay una clara diferencia de estilo, porque si bien hay un tono nostálgico en ambos poetas, Lázaro Izael suele beneficiar la imagen concreta y luminosa, despegada de la realidad inmediata, inventiva en ese proceso de reinvención de la propia memoria, antes que la terrena, anecdótica y cargada de añoranza, como en Teillier. 

La vida animal también tiene un papel protagónico en este primer apartado del libro. En los poemas encontramos conejos, becerros, vacas; seres vivientes que, desde un núcleo urbano, nos parecen extraños o ajenos. Para nuestro poeta pertenecen a otro mundo: el de la memoria. 

Termina Izael este apartado con un poema, «Uy, la transparencia», que dialoga con la tradición, específicamente con Octavio Paz. Este primer cierre me hace intuir no sólo la imagen del campo como símbolo de infancia, sino la idea de la lectura de Paz como un momento igual de formativo, una infancia lectora, si se quiere, una suerte de rito de paso. 

LA INTIMIDAD URBANA

La ciudad aparece, más que como un escenario, como un espacio de remembranza. Los poemas que componen el segundo apartado del libro, «A veces me gusta pensar que puedo pararme una vez más frente a mi vieja casa», se distinguen de los primeros por ser más terrenos y por la oportuna intrusión de la jerga contemporánea. En estos, las menciones a Youtube y al Zoom nos sitúan en un pasado no tan distante, apenas diluido; se arma así en nosotros una suerte de vigilia, de cercanía y de complicidad.

Destaca también el uso de nombres propios dentro del poema, remitentes específicos; un leve coqueteo con la poesía confesional. Lázaro Izael nos permite ver la construcción urbana como la construcción de la propia memoria y de sus afectos. Como lectores, nos volvemos voyeuristas emocionales: queda claro que muchos de estos poemas no han sido escritos para ser consumidos por nosotros, al menos no en un primer término. Jugamos el papel del flâneur parisino, observadores del texto emotivo, del pasado. Los poemas aquí construidos son remanentes, testigos de la memoria lírica del poeta. 

EL CUERPO COMO PAISAJE TRANSFORMADO

Para cerrar su libro, en Gender-hacker Lázaro Izael nos trae como consecuencia última la reflexión en torno al propio cuerpo como paisaje, y más aún, como paisaje trastocado, recolocado, cambiante. 

La exploración se vuelve aún más íntima que en las secciones anteriores, la voz se coloca extraña en algo que debería de serle natural y descubrimos, junto con el autor, la naturaleza del desarraigo, la dificultad, si bien posible, de una síntesis ordenatoria. El cuerpo, como archivo afectivo, se reorganiza, se acomoda siguiendo la voluntad del poema.

Spleen mexa es, ante todo, un libro de migraciones conceptuales, del cuerpo y la memoria como territorios transformados por la potencia de la imagen poética. Izael nos demuestra que, incluso en el oficio de recordar, la invención mantiene su fuerza estética y liberadora. El cuerpo, finalmente, se tiende ante nosotros en el poema y nos habla.

Lázaro Izael
Spleen mexa
Colección Tierra Adentro
FCE
2025

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