Jaramar y la memoria

Adriana Díaz Enciso

Guadalajara, Jalisco, 1964. Su publicación más reciente es la reedición de su novela La sed (Paraíso Perdido, 2023).

Desde los primeros acordes de «Aliento» en El tiempo circular (el primer disco del álbum doble Memoria, de Jaramar), reconocemos ecos de la música que ha amado e interpretado durante décadas. Este disco acústico es un mapa que revela la maestría con que ella hace propias las influencias de géneros disímiles, como la música antigua y la canción popular latinoamericana. En Memoria, todas las composiciones y las letras son de su autoría, y en El tiempo circular se propuso volver a un género que floreció en el siglo XIII en las costas de Galicia, del que ha sido impecable intérprete con ensambles como Ars Antiqua o como solista: las cantigas de amigo, en que las mujeres le cantan a la ausencia del amado y al mar que se lo llevó lejos.

Jaramar crea aquí sus propias cantigas, ofreciéndonos una deslumbrante colección en la que explora su «memoria heredada», que integra la añoranza, las fracturas del amor, la ausencia y hasta el olvido, con la soledad como un telón de fondo que todo lo abarca. En las letras (que son poemas) una voz se busca, se pierde y se reencuentra en el recuento de la propia vida. Sus elementos son el mar; el agua como llanto y lluvia; los sueños, el cuerpo, la noche. 

«Mi historia está escrita en el agua», canta Jaramar en «Mapa», tema particularmente hermoso, su voz elevándose a regiones de espíritu puro: una genuina cantiga de amigo en que, depurando los frutos de toda su carrera, nos otorga un bellísimo testimonio de que la memoria, que se ocupa de ausencias y fantasmas, es vida presente.

El disco 2, La invención de mí, es un mosaico de imágenes. Ahí, Jaramar se deja caer en el recuerdo «como un trapecista […] para tomar la mano de un ángel». Fragmentos de vida, sueño e invenciones se funden porque, como dice la cantante, «la memoria es un acto de creación». Este disco es más experimental, con una sólida base electrónica. Giran aquí los fantasmas del tiempo ido, la lluvia, el amor, el gozo de una casa que se habitó alguna vez, la soledad o un jardín suspendido fuera del tiempo y, claro, el mar, con intensidad y sutileza. Los arreglos y producción son de Luciano Sánchez Soto.

Las etéreas imágenes del arte de este álbum son también obra de Jaramar. 

Memoria es la búsqueda incesante del alma escabulléndose en espacios conocidos e inventados, inasible y siempre presente. Es una producción impecable con momentos de enorme belleza, donde la voz de Jaramar se alza como una columna de claridad iluminando una valiente travesía.  

Jaramar 
Memoria
2025

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