Ciudad de México, 1963. Su libro más reciente es Después, seguía la muerte (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2024).
Nací un día 13, número de mala suerte. No existe piso 13 en los rascacielos ni en los elevadores. Hay en él un misterio. ¿Qué son los números? Una manera de dar sentido a la realidad. Mesura y armonía. Según Pitágoras el número es el principio de todas las cosas, pues constituye la representación del mundo, es la estructura secreta de lo real. Es ritmo, medida y ley. Conocerlo es entrar en sintonía con el orden del cosmos. Para Platón el número no agota lo real, es mediación, no origen último. Es mediación entre el mundo sensible y el mundo inteligible, entre el caos y lo absoluto. En Plotino el número aparece cuando la unidad comienza a derramarse en multiplicidad.
El 13 es desordenado, pues el 10 es la perfección y el 12 hereda esa completud: 12 meses, 12 horas del día y de la noche, 12 tribus de Israel, 12 signos del zodíaco, 12 dioses olímpicos, 12 apóstoles. Es un número completo, estable, armónico. El 13 irrumpe y desborda. No inaugura un nuevo ciclo, no funda un orden distinto: es el 1 de más. El huésped imprevisto. Donde el 12 cerraba el círculo, el 13 lo abre de manera indebida. Por eso inquieta: no es la carencia, sino el exceso lo que amenaza al sistema.
Ahora entiendo por qué me atrae el caos. El 13 simboliza el momento en que las reglas conocidas dejan de bastar. Es el punto en que el cálculo tropieza con lo imprevisible. Es un número primo: no se deja descomponer. Es mágico, permite el pasaje de una forma a otra, hace posible la transformación, la metamorfosis y con ella la metáfora. La carta 13 del tarot no anuncia el desastre, sino la mutación necesaria.
El drama humano: existir entre el límite y lo ilimitado. En Breve historia del infinito, Paolo Zellini explica que una entidad corpórea es una forma realizada, un todo irrepetible. Existe sobre el sustrato de la infinita potencialidad. No obstante, su potencialidad está contenida en los infinitesimales que componen ese objeto. Cuando la división se lleva hasta sus últimas consecuencias, la forma original resulta disgregada, irreconocible y reconducida a lo que podría volver a transformarse en otra cosa. Así es como el infinito se manifiesta contraído en la forma finita. La transgresión del límite y la aspiración al prodigio se hallan siempre a punto de confundirse con la pura y simple disgregación de la forma. Imaginar que se recorre un intervalo infinitamente pequeño significa llegar a la ficción. Los mitos revelan la más recóndita y enigmática naturaleza del infinito. Así Zenón de Elea crea la paradoja de Aquiles y la tortuga, en cuya carrera se suceden infinitos intervalos que jamás se podrán terminar de cubrir; Aquiles nunca alcanzará a la tortuga.
Para Pitágoras el movimiento del cosmos se rige por la bipolaridad entre lo finito y lo indefinido. Dedekind elabora una teoría de los números a través del concepto de cadena de los números naturales, los enteros, los que no tienen fracturas. Pero hay algunos no representables, no pueden escribirse como secuencia finita. Son los números irracionales. En su primera manifestación, lo irracional se configura como pura imposibilidad. Hay conexiones entre mitos arcaicos y proporciones núméricas de cielos astronómicos muy antiguos, pues los fenómenos que se suceden en la naturaleza constituyen el primer modelo de las proporciones numéricas. Sin embargo, el número irracional evade cualquier proporción porque representa lo inconmensurable.
La palabra —escribe Gioberti— es la circunscripción de un pensamiento infinito. En Memorias del subsuelo de Dostoievski, el número deja de ser principio de orden para convertirse en objeto de rebelión. Frente a la armonía pitagórica, Dostoievski opone la disonancia voluntaria; frente al orden platónico, el gesto irracional; frente al Uno de Plotino, la fractura del yo. Con Borges sabemos que el número es metáfora del infinito y del vértigo del orden: brinda misterio, angustia y a la vez libertad porque transgrede el límite. En Tigres azules, las piedras se multiplican en un acto irracional e inconmensurable, dentro de un episodio sagrado y al mismo tiempo infernal. Es un acto generativo inmanente que toca la naturaleza del arquetipo. Dante atribuye al infinito dinámico, la emanación divina. ¿El arquetipo del infinito desvela el misterio de la divinidad? Tal vez el 13 sea de mala suerte porque nos recuerda algo que preferimos olvidar: que ningún sistema está cerrado, que todo equilibrio es provisional. El 13 no trae la desgracia; trae la conciencia de la fragilidad del orden.