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  En el laberinto del caracol hembra / Víctor Ortiz Partida PDF Imprimir E-Mail

El narrador de esta novela es un caracol: un caracol hembra o una mujer caracol.
     Los bestiarios, en general, están escritos desde cierta distancia, desde lejecitos, desde un lugar seguro donde el escritor observa a las bestias y las describe. Se piensa que su tarea es limpia, que esa distancia que interpone entre el animalero y su fina persona lo salvaguarda de la mugre, del tufo y de la extravagancia, muchas veces repugnante, de los seres que observa.
     Pero el creador de bestiarios se está observando a sí mismo al observar a las bestias, y no sólo eso: al hacerlo, él también se convierte en una alimaña digna de estar en la jaula en la que han sido encerradas las criaturas que examina sin piedad.
     Éste es el mecanismo que queda al descubierto en Bestiaria vida, la novela narrada por un caracol hembra desde el jardín en el que ha decidido refugiarse de la horrorosa y postmoderna realidad actual que la acecha. Los animales que observa son los del pasado.
     «Aquel caracol / que va por el sol, / en cada ramita / llevaba una flor». Este poemita de la infancia, que no está incluido en la novela, sirve ahora para reconocer que el intríngulis de la historia que se narra en Bestiaria vida es, precisamente, la infancia, ese insondable país del pasado en el que se encuentran muchas de las causas de la vida presente del caracol hembra.
     Aquel caracol infantil, como se recordará, tiene la gracia: «¡Que viva la gracia, / que viva el amor, / que viva la gracia / de aquel caracol!». Muchos años después, acá, en el presente, esa gracia se ha transformado en escritura. El caracol hembra escribe y se describe, es una bestia que escribe un bestiario sobre los seres que la rodearon y la afectaron de muchas maneras durante la infancia. Contradictoriamente, esa gracia le sirve para narrar la desgracia de su vida.
     «Sin llorar, me hice como los caracoles deben hacerse antes de tener su caparazón: un círculo sobre mí misma», se lee en el primer párrafo del capítulo inicial de Bestiaria vida. En esta primera parte también se da otra clave importante para ir descifrando la novela: «Fueron ellos los que me dijeron todo esto: mis padres, mis abuelos, mis tíos, mi familia». A lo largo de la novela, el círculo se va abriendo en un delirante viaje por los recuerdos propios y heredados; ya lo decía el abuelo de la caracol con sus ojos de cuervo, antes de desaparecer: «uno es sus recuerdos, nada más, nada más, nada más...».
     El caracol hembra que narra la novela es un animal, así nació, pero no le fue tan mal: su hermana es un demonio, una súcubo, la Sucu que tanto es mencionada a lo largo de la novela; y para dejar las cosas claras con el resto de la familia, en el segundo capítulo el caracol hembra prepara un pequeño bestiario por medio del cual presenta a otros personajes importantes. «Bestias familiares en el laberinto», se titula el capítulo, y en él aparecen la Basilisco, la madre o Mamá Basil: «una basilisco por su extraordinario poder de matar con la mirada»; el licántropo o el padre que «en una noche oscura, terriblemente oscura se marchó»; el abuelo cancerbero, el tío búfalo extraño y la tía Innombrable.
     El laberinto que se menciona en el título del segundo capítulo es, claramente, la mente del caracol hembra. Leer Bestiaria vida es adentrarse en un laberinto hecho de
palabras que narran lo que se recupera de su memoria, que al mismo tiempo es memoria de los demás. Al ir integrando este minibestiario, el caracol hembra no deja de narrar, no sólo hace una descripción de personajes, sino que también cuenta historias que dan pie a más historias por venir.
     En capítulos subsecuentes se dará a conocer otros personajes, por ejemplo el Bicéfalo, el ex marido de la caracol, sólo mencionado y descrito, pero no activo en la historia: «Un Bicéfalo (ya se sabe: dos cabezas piensan mejor que una, y él tenía dos perfectamente diseñadas: una para el control; la otra para la manipulación)»; y también Lucio y Fernanda, amigos de la caracol, de quienes dice: «también eran mi familia».
     La novela está formada por trece capítulos cortos cuyas estructuras se parecen a la del cuento, especialmente porque en ellos se narran historias independientes; pero estas historias, al mismo tiempo que se sostienen por sí mismas, van tejiendo de manera afortunada la historia que la novela engloba: aportan información a líneas narrativas abiertas con anterioridad, inauguran nuevas líneas y cierran otras que, sin embargo, seguirán teniendo significado a lo largo de la novela.
     La carrera literaria de Cecilia Eudave (Guadalajara, 1968), la autora de Bestiaria vida, comenzó con la publicación del libro de cuentos Técnicamente humanos, en 1996. Eudave tiene cuatro libros de cuentos más. Su primera novela fue La criatura del espejo (2007); la segunda, El enigma de la esfera. Además, tiene tres libros de ensayos; el más reciente es Sobre lo fantástico mexicano. Con Bestiaria vida ganó el Premio Nacional de Novela «Juan García Ponce».
     En Bestiaria vida, a partir de «Los demonios desordenados», capítulo en el que aparecen Lucio y Fernanda, los nombres de los personajes, sus nombres humanos, comienzan a surgir. La tía Innombrable, en el siguiente capítulo, por ejemplo, se convierte en la tía Irene. Éste es el inicio del proceso de humanización que comienza a notarse en la novela.
     La caracol se reconoce bestia, y esa bestia narra un bestiario; no es del punto de vista humano del que parte el narrador. La bestia que nos cuenta sus recuerdos y el lento avance de su vida está en el propio bestiario que describe. Éste es un recorrido doloroso, hay que reconocerlo, pero quizá gracias a eso el animal va dejando de serlo, y este proceso lo experimentan también otros personajes.
     Se trata de un proceso de humanización que culmina en el jardín de las últimas páginas, donde, como brotes de una nueva planta, surgen los nombres de la narradora —la mujer caracol— y de su hermana, a la que a lo largo de la novela se le nombra como la Súcubo. En el poemita infantil se exclama «Que viva el amor», y ese amor es la clave para entender la nueva humanidad en el mundo de Bestiaria vida.
    
     Bestiaria vida, de Cecilia Eudave. Ficticia, México, 2008.

 

 
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