Luvina_100 – 101 / Porvenir

Durante los meses en que trabajamos la edición de este número 100-101 de Luvina, editores y escritores nos unimos bajo una condición: la temporalidad. Nunca antes el tiempo nos había instado a concentrarnos de tal manera en el momento histórico que vive nuestro planeta. Un momento crítico, de confinamiento, del quiebre de un modelo político-económico que se desvanece. No obstante, el artista es quien puede imaginar y bosquejar el porvenir.

La obra de arte ordena nuestro mundo, amplia y compleja como es, entabla una relación necesaria con el transcurrir de la Historia. El imaginario de las obras de ficción es un cosmos y a la vez una trama. La literatura, entonces, logra capturar un tiempo intermedio que san Agustín conceptualizó como ævum y que después Bergson llamó duración, un espacio temporal en el que se participa del transcurrir humano, transitorio, y del continuo del universo. Así «las cosas pueden ser perpetuas sin ser eternas» (Frank Kermode).

Bajo esta premisa, Luvina 100-101 abre un abanico de abordajes literarios del futuro, palabra enigmática en los días que corren. Frente a un planeta cercado por un virus y la degradación de varios factores, como la capa de ozono y la hecatombe de la biodiversidad, el tiempo largo de los procesos naturales con sus equilibrios y transformaciones choca contra el tiempo rápido globalizado de los mercados financieros, las telecomunicaciones y el ciberespacio. Ensayos, poemas, cuentos, construcciones estéticas en las que la continuidad humana se manifiesta en sus ciclos vitales, en sus bellas formas específicas, en su mutabilidad de cosas creadas y en ese desafío humano de la reproducción sin fin que toca lo eterno sin poseer la eternidad. Las formas humanas y variables decaen y terminan, pero las obras literarias perpetúan esas formas; de ahí su inmortalidad.

En este abanico de textos literarios, lo que destaca es la especificidad y la permanencia del tiempo que cada uno atrapa en su cosmos. El inminente final —a veces trágico, otras apacible, pero siempre incierto— ofrece al lector la posibilidad de incorporarse a la necesidad de la paciencia y de la esperanza, en una red de peripecias de un dualismo aterrador. El instante que deja paso al futuro y se ancla en el pasado, o, como lo escribió san Agustín, cuando nos vemos frente a lo perdido y frente a un futuro ganado, crece la brecha entre el deseo y la acción. Es esta cualidad de los textos aquí reunidos que les confiere la gracia de la profecía al extraer de su materia prima (el tiempo humano) las formas del porvenir.

Luvina alcanza su número 100-101 con un nuevo diseño y con una trayectoria editorial engrandecida por todas las piezas literarias que se han publicado en sus páginas durante veinticinco años. Y llega con energía renovada para embestir los tiempos aciagos actuales, continuando con su búsqueda de obras originales y de larga trascendencia.

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