La nuestra es la época de la gran crisis. Bajo esta premisa nos hemos ido formando un futuro que la confirma y una perspectiva que nos lleva a darle sentido a ese futuro. San Agustín decía que los momentos que llamamos crisis son finales y principios. Ahora bien: sea interior o exterior, una crisis tiene que ver con la corriente vital de los seres humanos. El anhelo de todos es conservar la armonía, el equilibrio; que los elementos que conforman nuestra realidad continúen intactos. No obstante, más bien vamos pasando por obstáculos, anormalidades, insuficiencias, alteraciones. La enfermedad es una alteración en la función normal del cuerpo, es una mutación en el desarrollo de sus procesos orgánicos, y lleva a las personas que la padecen a encrucijadas a partir de las cuales el curso de la vida resulta invertido —es una transición catastrófica— y el futuro se torna una posibilidad descarnada, en la que la conciencia de nuestro ser temporal se topa de frente con una verdad irrefutable: la muerte.

El carácter de nuestro apocalipsis —parafraseando el concepto de Frank Kermode en El sentido de un final— se conoce mejor a través de las imágenes creadas por el arte (y en concreto por las formas de la literatura), pues sólo en la dimensión de la ficción podemos proyectar nuestras angustias, temores, pasiones, sentimientos y conjeturas. Es por ello que en este número Luvinapublica un abanico de piezas literarias escritas por autores que han tenido experiencias cercanas a la enfermedad. Y gracias a la calidad de sus textos, podrá el lector vivir el lado iluminado de este padecimiento, ahondar en el estadio crítico del síntoma como desequilibrio y derrota y pasar a la experiencia de la transmutación de la conciencia, donde se conquista la luz de la belleza. Es de destacarse «Trasplantario», de Vivian Blumenthal, serie de poemas inéditos sobre trasplantes de órganos que la dramaturga mexicana escribió meses antes de fallecer, logrando así dar magnitud estética al sueño de ser trasplantada para haber podido derrotar el cáncer de pulmón. Por otra parte, Arturo Rivera nos lleva a través de su pintura a la parte monstruosa de la enfermedad, una forma radical de enfrentar cuerpos excéntricos como disparadores de experiencias místicas.

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