Hebreo, del latín hebræus y de su raíz hibrit (ivrit),significa «cruce al otro lado». La cuna literaria de esta lengua se encuentra en los libros bíblicos sagrados compendiados en el Antiguo Testamento, con su antes y después del exilio en Babilonia. Luego recibió el influjo de la dominación persa, y más tarde de la helenística y la romana. La sistematización de la ley escrita de Moisés en la Torá, y el desarrollo de la ley oral Mishná y su comentario, fueron compilados en el Talmud, obra colectiva en sus dos versiones, la palestina y la babilónica.  Aunque fueron redactadas en arameo, su transmisión en los ritos rabínicos se mantuvo en hebreo, conservándose éste como lengua para la liturgia. El hebreo primitivo, sumamente poético, comenzó una evolución acompañando a la diáspora judía a partir de la destrucción de Jerusalén por el emperador Tito en el año 70, y los centros del movimiento literario hebreo estuvieron en Egipto, Palestina y Babilonia. La convivencia con los árabes produjo un fuerte impacto en la cultura judía, a tal grado que los grandes pensadores de la España musulmana de los siglos x, xi y xii redactaron sus obras en árabe. La poesía hebraica compuesta en España logró grandes cumbres y una larga tradición literaria que conocemos como sefardí.
Confinado a la liturgia, el hebreo dejó de hablarse desde el siglo iv y se consideró lengua muerta hasta que, en pleno siglo xx, se asume como idioma oficial del Estado de Israel y de esa manera nace una nueva literatura, con gran fuerza, una propuesta formal cercana a la europea y con búsquedas contemporáneas.
     En este número, Luvina publica una amplia muestra de literatura israelí venida de una raíz vernácula pero renovada por voces originales. Esta muestra abarca los diversos géneros literarios y generaciones distintas y distantes. En la literatura israelí recogida en las páginas de Luvinase trasmina la problemática de una sociedad sitiada por las guerras, la absorción de los inmigrantes, un ideal colectivo que tuvo pleno desarrollo en el kibutz —oasis en medio del desierto—, donde se resolvían no sólo los avatares de una economía sostenida en el desarrollo de la agricultura, sino también formas sociales diferentes que cobijaron a niños huérfanos y a personas sin familia después del Holocausto. Esta herida atraviesa la literatura de Israel y, sin embargo, es una literatura que hace honor a la etimología de la lengua hebrea al resolverse del otro lado de la herida: la ficción.

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