La mayor hazaña de los seres humanos es encontrarle sentido a la vida. Para ello tenemos un principio inamovible y proyectamos un final. Pero ese principio se vuelve un resonante inicio ante múltiples situaciones, y volvemos a empezar como en una espiral: nuestra vida se enfrenta a una incesante «primera vez ». Estamos ante una duración que nos interconecta y organiza los instantes decisivos, dando sentido al intervalo entre el tic del nacimiento y el tac de la muerte, como define el trascurso del tiempo humano Frank Kermode, en tanto que es una trama dotada de una forma.