Entusiasta y apasionado son los adjetivos que mejor califican a Juan José Arreola, creador de una obra perfecta, además de infinita y polifónica. Una obra que fue escribiendo en los claros de un vivir intenso en un Zapotlán agitado por la Guerra Cristera, en la Guadalajara conservadora de los años treinta y en una Ciudad de México que le permitió dar rienda suelta a su temperamento desbordado: ser actor y alumno de Xavier Villaurrutia y Rodolfo Usigli. Luego, irse a la Francia de la posguerra y actuar en la Comédie Française de París, con Louis Jouvet.