Poema / Amelia Gamoneda Lanza


Tú avivas en los nombres una matriz fatigada

y en ese temblor comienza mi memoria.

 

Es verano. La intimidad feroz se abraza al árbol.

Sentimos la cercanía de las serpientes

y cada noche nos vigila un sapo.

Tú no mides tu esfuerzo ni tu pasión

y tu garganta se dilata en latidos.

Somos una casa encinta, y tú naces en la frescura interior del

[árbol, en su bramido.

Secreta es también la estancia donde jadea mi lengua y

[percute una ausencia.

 

Siempre es ese verano.

 

 

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