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Destripe de emigrantes / Iván Soto Camba PDF Imprimir E-Mail
Iván Soto Camba (Guadalajara, 1982). Su libro más reciente es Pistolar (Literatura Random House, 2018).


Éste es un libro del futuro.
Es también, al mismo tiempo, un libro del pasado (una reliquia de 2016). Un dispositivo que replica la sensación de experimentar, por primera vez, una nueva tecnología que nadie había imaginado. Tal vez no sea entonces ningún libro. Tal vez sean los planos para construir un aparato que no se ha inventado todavía (que aún no se necesita). Los libros tienen palabras y esto no tiene palabras excepto por las dos que pueden leerse en la cubierta (tapa, carcasa, armazón, de esta cosa): The y Arrival. En español alguien las transformó inexplicablemente en una sola, en plural: Emigrantes. En la transferencia de un idioma a otro ocurren ese tipo de catástrofes. La rae, por ejemplo, recomienda valientemente decir destripe en vez de spoiler para hacer referencia a esa práctica revelatoria tan poco apreciada si se recibe, pero tan disfrutable si se efectúa. Mediante el destripe (spoiler) se podría intentar traducir este texto sin palabras a palabras. No debe de ser tan complicado. A fin de cuentas ni siquiera se trata de un libro. Se trata, en términos prácticos, de una familia de tres. O lo que es lo mismo: un reloj, un sombrero colgado sobre un gancho en la pared, una cazuela, una tetera, una taza de café frío, algunos papeles revueltos sobre la mesa, un dibujo infantil que representa dicha familia de tres miembros (una maleta, la mamá, el papá y la hija. Una familia de cuatro miembros). Una foto de todos juntos en su portarretratos. Una tela donde envolverlo para que no se rompa, un listón para asegurarlo y empacarlo con cuidado. La mano de él sobre la maleta en un gesto protector y luego la mano de ella sobre la de él (un gesto con el mismo sentido, pero aplicado a distinto objeto). La tetera. La niña dormida. La misma niña despierta. Desayuna poniendo más atención en la maleta lista contra la pared que en el plato. Observa cómo su padre se pone el sombrero. La mujer se ajusta el rebozo y ayuda a la niña a subirse el cierre de la chamarra. La hija alza la maleta del padre (apenas puede con ella pero insiste en entregársela). Afuera está oscuro. La gente está en sus casas, por las calles sólo camina la familia de cuatro y un dragón del tamaño de la ciudad del cual sólo puede verse la sombra (de su cola) proyectada en los edificios. Una estación de trenes. El hombre se quita el sombrero y debajo tiene un pájaro de papel que regala a su hija. La mujer llora. Una mano pequeña, una mano mediana y una mano grande enredadas como alambre de púas. Un tren deja la estación. Humo en el horizonte (como si todo lo que está lejos se estuviera quemando). La gente está en sus casas, por las calles sólo caminan la madre, la hija y la sombra de un dragón. Una página en blanco con algunas manchas (como las que salen en fotos viejas, como si las páginas en blanco fueran una forma de fotografía). El retrato enmarcado de una familia de tres sobre una maleta que hace las veces de mesa. Un plato de sopa. La ventana del camarote. Tres ventanas de tres camarotes (en cada una la silueta de respectivos pasajeros comiendo su respectiva sopa y mirando su respectiva foto). Un transatlántico. Una nube negra del tamaño de doscientos transatlánticos. Nubes de todos tipos, tamaños y formas. Pasajeros amontonados en cubierta, con abrigos y mantas (algunos estiran la manta hasta su boca como si fueran a comérsela). Tres hombres sentados junto a tres bultos de equipaje. Una mujer carga un bebé. Un hombre, sentado sobre su maleta, escribe en un cuaderno. Arranca la hoja. La dobla varias veces hasta convertirla en pájaro. Pájaros de verdad, pero blancos y planos, vuelan sobre los pasajeros como una nube de langostas. No muy lejos del barco, dos estatuas enormes. Dos colosos de piedra se estrechan la mano (el sombrero de uno es puntiagudo, el de otro cilíndrico, cada uno lleva al hombro un animal. Están parados sobre barcos de concreto en los que se amontona su colosal equipaje de concreto). Cerca hay otros transatlánticos, barcos, boyas, veleros, pájaros. Al fondo la silueta de la ciudad como una mala fotocopia en escala real. Un marinero grita por altavoz. Pasajeros y sus equipajes. El interior de un edificio gubernamental. Filas de gente guiadas por vallas, organizadas en zigzag como ganado. Una mano tacha nombres en una lista. Alguien pega una etiqueta en el saco de un hombre. Le examinan los ojos. Auscultan sus oídos. Pegan otra etiqueta en su saco como si fuera un paquete postal. Abra la boca. Un estetoscopio. Las etiquetas tienen símbolos (tal vez letras). ¿Qué dice aquí? El hombre no sabe. No entiende qué le preguntan. Otra etiqueta en su saco (más de ocho y contando). Alguien lo empuja. Intenta hablar pero no le entienden. Alguien repasa un fichero. Teclea algo en una máquina de escribir redonda. Apaga su cigarro en un plato. El hombre dobla la hoja que le entregan. Tiene su foto (atravesada por un sello). Cierra los ojos. Un hombre visto a través de una ventana. Una cabina telefónica perforada por una ventana a través de la cual puede verse un hombre es tirada de un cable. La luna y abajo la cabina, como si ésta se elevara usando un globo (la luna). Una ciudad de edificios cilíndricos, redondos, cónicos. Una ciudad con muchas lunas. Con letreros indescifrables. Humo saliendo de chimeneas. La estatua de un dinosaurio alado que abraza su huevo. Ratas que son sólo mitad rata, mitad gorrión, pero sin pico ni hocico, se dispersan cuando aterriza la cabina. Un hombre da por segunda vez sus primeros pasos. Los autos se mueven a vapor. La luna sobre la cabina era un globo. Un muchacho de boina vende periódicos cuyos textos no pueden leerse (nadie sabe cómo). Una señora sostiene un gato con cuerpo de perro y cola de rata. Un señor atiende un puesto con teteras y una iguana gorda. Un hombre y una mujer abrazan huevos enormes con un cuidado tal que hace creer que ellos los han puesto. Un barbero pasa la navaja bajo la oreja de su cliente. Por la banqueta en que caen los pelos, también caminan cangrejos de medio metro. Músicos (uno toca un acordeón del que sale una trompeta como si le creciera una rama). Un hombre mira en todas direcciones, su maleta parece más pesada. Consulta su reloj y luego mira hacia el que está en la torre, pero miden tiempos distintos (uno tiene números, el otro símbolos). Camina por un callejón en que flotan esporas de diente de león con luz propia. El viento le vuela el sombrero. Un mapa que nadie sabe cómo leer. Un desconocido de turbante. El hombre saca su cuaderno y dibuja una cama. El desconocido lleva en la espalda una especie de mochila en la que viaja una zarigüeya con cuernos. Dos hombres se dan la mano (desde lejos es difícil saber si se saludan o se despiden). Una puerta se abre. La campana que hay que presionar para llamar al encargado está viva (tiene adentro un animal que grita). Una mujer llega corriendo y hace que se calle. Acerca un dedo para que lo trepe y se pose en ella como un canario. El hombre dibuja en su cuaderno, la mujer escribe en un libro grueso. Saca una llave cuyo número no puede leerse. El cuarto es pequeño y metálico. Una escalera de mano lleva a un agujero en el techo. La cocina es un conjunto de tubos. La silla es de madera. El hombre examina los objetos. Destapa una jarra y de ella sale fuego. La ventana abre sólo hasta la mitad. Hay grifos alrededor de un cilindro, el hombre abre uno pero el agua sale de otro (justo a la altura de su cara). Una especie de maceta gorda con tapadera y un símbolo que, aunque no puede leerse, se intuye que es de advertencia. Sin embargo el hombre la abre. Una lengua larguísima, como de reptil (como una cobra hipnotizada), sale primero. Luego un animal con branquias de tiburón, orejas de ratón, dos patas que son más como tallos que como patas y una cola de buen tamaño, sale de la maceta y trepa la escalera. El hombre toma un tubo del suelo y lo persigue. Arriba sólo hay una cama individual. El animal lo espera ya como los perros esperan a sus dueños. El hombre coloca su maleta sobre el colchón y el animal se baja. La abre. En su interior está la mesa de un comedor en la que una señora y su hija comen sopa. Por la ventana, detrás de ellas, pasa la sombra de un dragón. El hombre cierra la maleta y vuelve a abrirla. Extrae un zapato. Desde el marco de la ventana, el animal observa al hombre mirar la foto. Ventanas abiertas (el edificio es un muro larguísimo perforado por muchísimas ventanas, como agujeros para respirar en una inmensa caja de zapatos. Entre algunos hoyos hay lazos para ropa).
      Una figura borrosa. Poco a poco se corrige el foco. Un animal con la lengua de fuera. El hombre se incorpora en la cama y lo mira. Se baña. Se afeita. Se amarra las agujetas. Cuenta su dinero. Sobre el buró hay un mapa que no puede leerse, se lo embolsa de todos modos. Sale acompañado del animal. Hay mucha gente en la calle. También barcos voladores. El animal olfatea a otro animal (una especie de gallina). Es de la mujer que intenta ayudar al hombre. Le enseña sin hablar que para conseguir un boleto de barco volador hay que marcar esa especie de teléfono, tirar de la palanca y listo. En su país, una vez la mujer intentó leer un libro en secreto, pero se lo quitaron. Lo guardaron en un cajón al que pusieron candado. Le dieron una pala y le indicaron dónde palear carbón. Le asignaron una escalera para subir al horno y limpiar la chimenea. En esa ciudad cada mujer tenía que cuidar una. Vivían con sus chimeneas en cuartos que parecían caballerizas de dos por dos metros. La mujer rompió una puerta con la pala. Robó unas llaves. Abrió el cajón y recuperó su libro. Corrió. Subió al vagón abierto de un tren. Sintió frío. El hombre estrecha la mano de la mujer y le desea suerte. En la ciudad hay más estatuas de animales que de hombres. Nadie sabe leer los espectaculares publicitarios (aunque algunos tienen fotos y dibujos que se abren a múltiples interpretaciones). El hombre ha dibujado lo que quiere comprar (pan, manzanas, pescado, queso). En los cajones de abajo hay verduras con cola de reptil. El hombre muestra el dibujo del pan al dependiente. Éste sonríe y saca una especie de chile gigante (que desde ninguna perspectiva podría parecer dibujo de pan). Es amable y enseña al hombre otros productos que él nunca había visto. Lo deja palpar y oler y hasta masticar todo. El hijo del dependiente susurra algo a su papá. Los tres (cuatro, contando al animal) caminan juntos. Hay barcos amarrados a las banquetas. El hijo del dependiente saca de un barco a su animal, que es un búho con pelo y cuernos. Los animales juegan. Los hombres intentan comunicarse a señas. El dependiente nació en una ciudad de arquitectura gótica. A cierta hora, hombres que medían varias veces lo que un edificio caminaban vestidos con trajes de soldador y soplaban trompetas que lanzaban fuego. Cada hombre tenía un casco como de escafandra con una mirilla iluminada (tal vez no había cabezas dentro, sólo luces encendidas). Cada casco estaba conectado al tanque que cargaban en la espalda. La gente corría aterrorizada. El dependiente llevaba de la mano a una mujer. Entraban a una alcantarilla. Aún dentro caminaban en silencio para no ser detectados. Un hombre con una linterna. Corrieron hacia él. Con un gesto él les pidió dinero. No tenían, pero la mujer llevaba un medallón con una gema. Las trompetas se acercaban. El hombre los guio hasta un muelle. La mujer señaló un bote. En esta zona todos los edificios parecen pájaros. El dependiente presenta al hombre a su mujer. Brindan. La mujer prepara al hombre un platillo que nunca había probado. El dependiente saca un instrumento que parece un acordeón con trompetas enredadas. La mujer toca una flauta que parece lámpara de aceite. El hombre regala al niño una figura de papel que se parece a su animal (del niño, no del hombre).
      El hombre despierta y acaricia al animal. Hace desayuno para dos. El animal le lleva el sombrero. El hombre pide a señas trabajo a un cocinero. El hombre pide a señas trabajo en el muelle. Un hombre en un callejón le ofrece a señas trabajo pegando carteles en la calle. El animal los lleva en su hocico. Los carteles tienen un solo símbolo que aparentemente el hombre ha pegado al revés. Su jefe provisional le reclama. Una mujer le ofrece a señas trabajo entregando paquetes. En una casa, un dragón sale de unos arbustos y saca un susto al hombre y su animal (el hombre suelta la canasta con los paquetes que debía entregar). El hombre consigue trabajo en la línea de montaje de una fábrica. Ahí conoce a un anciano que le invita un trago. El anciano le cuenta del desfile con que lo despidieron cuando era joven y partía a la guerra. La banda marcial precedía a la tropa. Caminaron por empedrado, tierra, concreto, agua. Marcharon entre cadáveres. Lucharon entre la bruma. Hubo cientos de muertos. El anciano perdió una pierna. Regresó a su ciudad y la encontró en ruinas. El hombre se forma para checar tarjeta. Se despide del anciano. El animal del anciano es una lagartija que él lleva en la solapa. A veces se la pone en la mano. La lagartija extiende alas de papel y vuela. A esa hora vuelan por allí muchas lagartijas como mosquitos en farolas. En la esquina también hay una colina donde se practica algo que pudiera ser golf, críquet o boliche. Aunque no conoce las reglas, el hombre parece ser habilidoso para ese juego. Otros le aplauden todo lo que hace.
      El buzón es una cabina atada a un globo. Al meter la carta, la cabina se eleva. Es un día ventoso. En esa zona los árboles están compuestos por una sola hoja del tamaño de un árbol. En lluvias, las hojas se van rompiendo hasta semejar insectos u hombres. En primavera se transforman en dientes de león. En verano el árbol-hoja asume forma de trébol. En invierno las hojas se caen y queda sólo el armazón del árbol-hoja, como una cometa golpeada por un rayo. Cuando la ciudad está nevada, los barcos vuelan más lento por precaución. El animal está inquieto, ha llegado una carta. En el sobre hay algo que hace sonreír al hombre. Mira por la ventana. Un buzón vuela tirado de una luna. Las calles están mojadas. El hombre voltea arriba mientras corre. Las palomas son peludas y tienen colas de ardilla. Al bajar, la cabina las dispersa. La mujer mira en todas direcciones. La niña parece asustada. El hombre grita. La maleta toca el suelo. El sombrero sale volando. Por esa zona vuelan lagartijas. Sus alas parecen diseñadas para cortar ese tipo de viento (sus alas parecen sobres de cartas). Un alacrán de papel, un reloj sin manecillas, un sombrero colgado, raíces en un plato hondo, el dibujo de un barco, una taza sobre un periódico que no puede leerse: una familia de tres fuera de su portarretratos. Una página en blanco con manchas. Otra página en blanco, pero común (sin manchas). La otra cubierta (tapa, carcasa, armazón).



 
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