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Finalista Luvinaria - ensayo / Conjeturas de amor en la discapacidad / María Vargas PDF Imprimir E-Mail

X Concurso Literario Luvina Joven

Tercer lugar
      Una imagen valiente y desenfadada que hace visible los estigmas y tabúes de la sexualidad en las personas con discapacidad. Decidida a no ser más un ángel sin sexo, el ensayo es un reclamo para observar con otros ojos los miedos y las vergüenzas, ajenas y propias. Es también una invitación para amar bajo la luz del alba, abiertos a los abrazos con miembros de soltura errática, con pies y manos tatuados en cicatrices, al ritmo de un corazón elástico que por momentos rechaza y ansía.

Conjeturas de amor en la discapacidad
María Ámbar Vargas Orozco
Licenciatura en Escritura Creativa, CUCSH

Una imagen valiente y desenfadada que hace visible los estigmas y tabúes de la sexualidad en las personas con discapacidad. Decidida a no ser más un ángel sin sexo, el ensayo es un reclamo para observar con otros ojos los miedos y las vergüenzas, ajenas y propias. Es también una invitación para amar bajo la luz del alba, abiertos a los abrazos con miembros de soltura errática, con pies y manos tatuados en cicatrices, al ritmo de un corazón elástico que por momentos rechaza y ansía.

Quiero dejar de ser el ángel que le pintó la religión; el fruto del pecado; la criatura asexuada; un inválido. Quiero quitarme esta etiqueta, por más encarnada que se encuentre, por tantos alfileres que me hayan clavado. A muchos nos gusta el amor; la sexualidad. Hágame un favor: despójese del prejuicio y, si es necesario, aprenda a escuchar. No se queje, vivimos en un nuevo siglo. Grato sería afirmar todo ha acabado, pero falta mucho por delante. Por eso hablo aquí de lo que pienso, tómelo como un secreto.
      Abordar todas las discapacidades es complejo. Al desplegar los múltiples enfoques y su acercamiento a la sexualidad es menester hablar de cómo, en primera instancia, influye la aceptación de la familia, las facilidades estructurales, el apoyo monetario, la aceptación social; entre otros. Para referirme al presente, tomo como base mi vivencia con lo motriz, de cualquier manera lo invito a involucrarse, pues equívoco sería afirmar que para todos es igual.
      Dentro del círculo ya referido, siguen presentes tabúes y el prejuicio de lo que acaece en las relaciones afectivas dentro de la discapacidad. El cual es asociado al cuidado obligatorio; amar a alguien con limitantes es sinónimo de condena. Es preciso señalar que, en nuestra contemporaneidad, la posibilidad de adecuar el entorno a las necesidades propias es más factible, por ende, el requerimiento de ayuda puede ser mayor o menor. Ante un panorama prometedor me implase decirle que el miedo sigue condicionando las oportunidades. En todo caso, preferible es no sacar conjeturas, más manifiesto que interviene el mantener alejadas a las personas por los prejuicios antes dichos.
      Pasemos a otra cuestión. Entre boca y boca, maravillas dicen de la sexualidad y del amor, pero a algunos nos obligan a conformarnos con ser espectadores (y en peor manera, eternos soñadores). No es reclamo, créalo; pero, si es tan cierto que durante el coito se flota entre las nubes, ¿por qué prohibírnoslo? Navegando en este mar de apariencias, si se abren los labios para compartir anhelos, la incomodidad no tardará en estar presente.
      Dígame, ¿pedimos algo ruin y grotesco? Señalo además, que hasta entre nosotros es renuente hablar de tales temas. Resulta difícil explorar la sexualidad cuando el bochorno no abandona. Es natural, estamos convencidos, pero los pensamientos no pueden romper el silencio. 
      Soy joven, y me encuentro en una posición privilegiada, he de admitir, no obstante, es innegable el fastidio ante preguntas de esta índole. Ganas me sobran de exclamar que sí; quiero experimentar más, pero apenas guiño un ojo y los pies se vuelcan en sentido contrario. Arrogante es para mí afirmar tener una belleza estándar. Prefiero, entonces, citar a Tintan: No soy feo, bonito tampoco, pero me defiendo. Perdone que comparta semejantes habladurías, pero que no me cabe en la cabeza que insinuar una relación, sea motivo de exaltación.
      Se acentúa desde la niñez y la pubertad, cuando todos hablan de mariposas y besos azucarados. Se transforma en agonía bajo el secretismo social de que otorgarse placer propio, pudrirá los dedos y mandará a toda alma al infierno. Claro, es un decir, los tiempos cambian y eso es un buen mito, ¿cierto? Sin embargo, ser reñidos es un castigo constante en algunos. Imagine pues, que si usted, al quien visualizo sin las limitantes que presento, lo tachan de blasfemo por demostrar cualquier preferencia no establecida. A nosotros, siempre vistos como infantes, ¿qué nos depara?
      Gracias al universo, me criaron en libertad y aunque al día de hoy he establecido contables relaciones afectivas, estoy aterrada al ver que cada tanto observo en extraños una llama apagada. El erotismo y la sexualidad son innatos. Pero es necesario abrir el horizonte respecto a las vertientes de la sexualidad. Es uno de los motivos por los que ahora me permito desnudarme en palabras para deconstruir una sociedad en la que las inseguridades de ahora no sean los del mañana. La vida es arte, y como seres humanos, depende de nosotros apreciarla.
      Quiero que la mudez tenga el vigor de la confianza; la ceguera el despojo del alma; la sordera la sinfonía de los cuerpos; los movimientos la sinuosidad de una ola. Quiero que las limitantes no sean impedimentos para descubrir nuevas veredas. Sin llegar a ser glorificadas, compadecidas o excluidas. Quiero que sean lo que son, ambivalentes.
      Porque basta con poquita comprensión para que el amor no sea asunto de unos pocos.
      Relate con minucia sus inquietudes, extraño, decida renunciar a la vergüenza. Tome un instrumento y entónelo con sensibilidad. Extienda los matices por el lienzo, contemple que la discordancia de los colores jamás fue tan armónica. Desármese el esqueleto y cambie sus brazos por aletas, las piernas por cola de sirena o patas de avestruz, a los ojos por burbujas. Que su exterior sea de agua y no de cristal, porque este, aunque hermoso, no igualará la volatilidad y transparencia de la primera.
      Si hay experiencias a las que temer, témale a nunca amar en oscuridad, bajo la luz del alba, sobre la arena, al filo del acantilado, montados en bicicleta.  Desnudos, risueños, enredados, vehementes. Hágalo suave, fuerte; sude, gima, disfrute; que la vida se abrevia en instantes. Esta vez, elijo abrirme al presente tal y como soy. Con estos brazos de soltura errática,  las manos y los pies tatuados en cicatrices, con un corazón elástico que en momentos rechaza y ansía. Decido ser como me place: efervescente, cariñosa, iracunda, oblicua, mal hablada, tímida, bulliciosa.

Ame a quienes quiera, y no lo guarde cual herida sangrante en la memoria. Si alguna vez el amor es recíproco, dígale a esa persona que el miedo es cuestión del ayer, que no tema romper su piel, porque al igual que el universo; permanece en constante expansión. 
    

 
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