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Finalista Luvinaria - cuento / 2024 / Tania Castro PDF Imprimir E-Mail
X Concurso Literario Luvina Joven

2024
Tania Lucía Castro Díaz
Licenciatura en Letras Hispánicas, CUCSH

Desperté asustada, he tenido pesadillas. Soñé que estaba encerrada en una torre, aunque sin la custodia de un gran dragón ni la esperanza de que un príncipe me rescate. Simplemente sola. Me doy cuenta que mis pesadillas ya no se alejan de mi realidad. Llevo tres años aislada en casa. El mundo ha cambiado tanto. Hace cinco años comenzó todo, una pandemia para la que nadie estaba preparado. 2,700 millones de vidas han sido perdidas, alrededor del 45% de la población mundial de entonces. Encontrar al paciente cero había sido la esperanza de encontrar una cura o una manera de cuidarnos para evitar los contagios, pero fue una tarea imposible. Comenzaron a crear una vacuna pero tan pronto como había un avance, el virus mutaba, creaba resistencia. Se descubrió que había personas inmunes, ellas fueron las encargadas de entregar un paquete de comida para un par de meses, y semillas para que quienes pudieran iniciaran sus propios cultivos. No podían vivir más de dos personas por casa, aquellos que eran de familias numerosas fueron reubicados. Los únicos que podían salir eran: el personal médico (con trajes especiales) y los inmunes. Esto funcionó un tiempo, el número de contagios disminuyó considerablemente. Hasta que los inmunes dejaron de serlo, su sistema no estaba preparado para la nueva fase del virus. Fallecieron.
      Hasta ahora se sabe que todos estamos enfermos, pero aún no se descubre qué es lo que activa el virus en el organismo. Por el momento solo somos asintomáticos. Mis padres fallecieron en la primera ola de contagios masivos. Mi hermano era parte de los inmunes. No era cercana a mi familia, así que al iniciar todo esto simplemente perdimos contacto. Perdí a mi mejor amiga el año pasado. Perdí a mi mejor amigo hace seis meses. Con la única persona con la que tengo comunicación es con mi novio. Hablamos todos los días, planeábamos pasar juntos el aislamiento pero construyeron instalaciones especiales para el personal médico y no le permitieron estar conmigo. Mi única compañía es mi Golden Retriever. Creo que sin ella ya me habría vuelto loca. En estos últimos días se ha encargado de cuidarme. He estado sintiéndome mal, creo que empiezo a tener los síntomas. Empecé con dolor de garganta y mareos. Hoy desperté con un poco de fiebre, pero ya estoy mejor. No le he dicho a mi novio, de cualquier manera no hay nada que él pueda hacer y no quiero exponerlo. No hice nada diferente a la rutina que he tenido desde que nos aislamos, no sé qué fue lo que se activó en mí… Mika no se ha separado de mí ni un instante. Es como si presintiera que no nos queda mucho tiempo juntas.
      En mi casa improvisé un pequeño huerto, de ahí consumo mis verduras, justo a la altura de mi balcón esta un árbol de manzanas así que esa es la principal fruta que consumo, pero también tengo fresas en mi pequeño huerto. Fue muy complicado comenzar a sembrar todo, puesto que no tenía conocimiento alguno sobre cuidar un huerto, pero he aprendido por ensayo y error. Hay una entrega mensual de cereales y productos enlatados, es lo único que se sigue produciendo de forma masiva. Todos los trabajos se han adecuado para hacerse desde casa, al igual que las clases, o con medidas estrictas en las empresas grandes. Algunos sectores laborales han batallado para seguir en el mercado. Es extraño que ahora todo sea virtual. Si la situación no cambia las nuevas generaciones crecerán con muy poco contacto humano y sus habilidades sociales se desarrollarán de manera diferente. Sería interesante estar presente en esta nueva etapa mundial. Pero sé que para mí ya no será posible. La fiebre me aumentó durante el día, he tratado de bajarla pero nada ha tenido resultado. Me doy un baño con agua fría, aunque no sé qué es peor, si dejar que suba mi temperatura o dejar que avance más rápido el virus al contraer una neumonía.
      Despierto al día siguiente con un dolor muy fuerte de cabeza, bajó un poco mi temperatura pero la tos apenas me ha dejado dormir unas cuantas horas. He soñado con mi hermano, estamos afuera de nuestra casa, he discutido con mis padres y salí para despejar mi mente. Me pasa el brazo por los hombros y me ofrece uno de sus cigarrillos. Nos sentamos a fumar en silencio, mirando ambos hacia la distancia, en direcciones distintas. Esa era su manera de consolarme, sin decir nada, pero estando ahí. Lo extraño, extraño a mis padres, extraño mi vida de antes. Creo que lo que más extraño es sentirme parte del mundo. Pienso que damos por sentado nuestra vida y las cosas pequeñas que la construyen, pero en momentos así no extrañas las grandes fiestas, o ir de compras, o cualquier actividad que implique envolvernos en el mundo (ex)capitalista. Lo que realmente extraño es salir a caminar al parque y tirarme en el pasto, estar en la playa de noche, escuchando las olas y observando las estrellas, salir con mis amigos y reírnos hasta el punto en que ya no emites ningún sonido, recostarme en el pecho de mi novio mientras vemos una película en casa. Extraño el contacto, tomar de la mano, abrazar, acariciar, besar. Creo que el tacto es indispensable para las personas -no por nada la piel es el órgano más grande del cuerpo-, el no tenerlo afecta emocionalmente de manera profunda.
      Todos los sobrevivientes hemos perdido algo de nosotros mismos, todos cambiamos, nos adaptamos a una nueva realidad pero añoramos el ayer, tememos del futuro y no somos felices en el ahora. Parece que la vida se nos va de entre las manos aunque hayamos puesto pausa. Ya es de noche, me he percatado durante mi cena que no percibí el sabor de la comida. Uno de los síntomas es la pérdida del gusto o el olfato. Hablo con Noah por video llamada, me nota desanimada, cansada, y yo decido contarle sobre mis síntomas. Por un momento no dijo nada, estaba pasmado frente a la pantalla sin saber cómo reaccionar. Me dice que todo va a estar bien. Al siguiente día pasa por mí, me pone un traje especial y partimos, junto con Mika, hacia el hospital para ser tratada y esperar que mi cuerpo resista la enfermedad y se recupere. Me hacen estudios, informan resultados, pasan un par de días y el virus no ha avanzado. El personal empieza a tener esperanza de que sea una de las pocas personas que logren salir adelante. Una vez que te hayas enfermado y recuperado, el cuerpo desarrolla una mayor protección para futuras mutaciones del virus. Comienzo a sentirme mejor. Mi novio está feliz de verme más yo, más alegre, con energía. Ya puedo reírme sin tener ataques de tos, no he tenido fiebre, también empiezo a tener esperanza.
      La vida no siempre es un cuento de hadas. Esta vez, descubrí que mi vida no terminará como creí. Hablé con Noah para que se haga cargo de Mika, le accedieron tenerlo en el hospital siempre y cuando no salga de la habitación. La fiebre volvió, tengo mucha dificultad para respirar, siento que no importa lo profundo que trate de inhalar, mis pulmones no se llenan de aire. El cuerpo me duele de los ataques de tos que me están dando. Los doctores tratan de calmarme, pues si no logro dejar de toser para jalar aire, van a tener que ponerme oxígeno. Estoy en crisis, siento que me asfixio, respiro pero pareciera que estuviera bajo el agua y solo hubiera agua llenando mi interior. Después de un rato consigo contener la tos y a pesar de la quemazón que siento en la nariz por el oxígeno, ya no me siento asfixiada. Dejan que Mika se recueste a mi lado. Recuesta su cabeza en mi pecho con su naricita tocando mi barbilla. Lágrimas caen por mi rostro. Las dos nos quedamos dormidas. En mi sueño estoy en la playa, caminando en la arena, sintiendo el agua refrescar mis pies, entonces llega mi novio por detrás y me abraza, me susurra al oído que es hora de volver, pero que me despida de todos. Volteo y mi familia está ahí, todos sonríen, mis amigos  también están, riendo y jugando con una pelota. Mika corre hacia mí y me salta encima, pero justo cuando sus patitas tocan mi pecho, siento una presión horrible que trae de vuelta a la realidad…
      Han pasado dos días desde mi último ataque. Estoy conectada a un respirador artificial. Ya no dejan entrar a mi pequeña por miedo a que mueva uno de los muchos cables que me rodean. Sé que es peligroso, pero desearía que Noah pudiera venir y darme un abrazo, o simplemente tomar mi mano, pero sin que ninguna barrera se interponga entre nosotros, poder sentir su calor, y no la frialdad del traje que lo recubre para no tener contacto directo conmigo pues eso podría activar la enfermedad en él. Pero me hace tanta falta, cómo quisiera sentir sus labios contra los míos, que me sostenga entre sus brazos y escuchar cómo palpita su corazón. Al menos que dejaran entrar a Mika, y estrecharla y acariciarla, sentir su pelaje entre mis dedos y su naricita húmeda. Pero nadie permitiría eso, evidentemente. Apenas y tengo fuerzas para seguir despertando. Cualquier esperanza a la que me aferré hace apenas unos días, se esfumó. No puedo más. Mi sistema está colapsando. Dentro de unos minutos vendrá Noah a revisarme. Hay algo en mí que sabe que no resistiré otra noche. Quiero despedirme de él pero el respirador no me permite hablar y no puedo escribir. Qué puedo hacer… Empiezo a llorar, me siento aún más sola que cuando estaba aislada en mi casa. Estoy mareada, mis ojos no enfocan, siento muchas náuseas y mis latidos empiezan a aumentar. Paro cardiorrespiratorio, eso es en lo que termina esta enfermedad. Solo resiste un poco más, él está por llegar y sabrá lo que le quieres decir, me tomará de la mano para que sepa que no estoy sola, dejará entrar a Mika para que la vea por última vez. Siento que una ola acaba de revolcarme y por más que lucho por salir a la superficie no lo logro. El aire se me va. Apenas y distingo unas cuantas sombras. Escucho que alguien grita mi nombre. Sé que es Noah, está aquí, ya no estoy sola. Necesito a Mika, por favor, ¡tráela! Solo me quedan ustedes, los dos amores de mi vida. Necesito que me escuches, ¡Noah!



 
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