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Oda a Fernando Pessoa / Ricardo Piva PDF Imprimir E-Mail
La radio toca Stravinsky para hombres sordos y yo reconstruyo en mi imaginación

        tu vida triste transcurrida en Lisboa.
Oh Maestro de la plenitud de la Vida cabalgada en Emociones,
¡Yo y mis amigos te aclamamos!
¿Dónde estarás sintiendo ahora?
Yo te llamo desde el medio de la multitud con mi voz arrebatada,
A ti, que eres también Caeiro, Reis, Tú mismo, pero es como Campos que voy a
        aclamarte, y sé que no te resentirás por eso.
Quiero ofrecerte el palpitar de mis días y noches,
A ti, que oíste todo cuanto atravesó el universo,
Gran Aventurero de lo Desconocido, el canto que me enseñaste fue de liberación.
Cuando leo tus poemas, se propaga por mi alma adentro un prurito de
            nostalgia de la Gran Vida,
De la Gran Vida golpeada por el sol de los trópicos,
De la Gran Vida de aventuras marítimas salpicada de crímenes,
De la gran vida de los piratas, Césares del Mar Antiguo.
Tus poemas son gritos alegres de Posesión,
Vibración nacida con el Mundo, diálogos continuos con la Muerte,
Amor hecho a la fuerza con toda la Tierra.

Siempre llevo tus poemas en el alma y todos mis amigos hacen lo mismo.
Sé que no sufres físicamente por los que están enfermos de Nostalgia, pero de
        Madrugada, cuando exhaustos nos sentamos en las plazas, Tú estás con nosotros —bien
        lo sé— y te respiramos en la brisa.
Quiero que compartas con nosotros las orgías de la media noche, queremos ser
        para ti más que para el resto del mundo.
Fernando Pessoa, Gran Maestro, ¿en qué dirección apunta tu locura esta noche?
¿Qué paisajes son estos?
¿Quiénes son estos descabellados con gestos de bailarines?
Vamos, el suburbio de la ciudad espera nuestra aventura,
Las jóvenes ya abandonaron el sueño de las familias,
Adolescentes iletrados nos esperan en los parques.
Vamos con el viento en los follajes, por los planetas, cabalgando luciérnagas ciegas
        hasta el Infinito.
Nosotros, tenebrosos vagabundos de São Paulo, te ofrendamos en el incensario a una
        bacanal en espuma y furia.
Quiero profanar todas las superficies y todos los hombres de la superficie,
Vivamos más allá de la burguesía triste que domina mi país alegremente
        Antropófago.
Todos los desconocidos se acercan a nosotros.
Ah, juntos demos vueltas por la ciudad, no importa lo que hagas o quién seas, yo te
        abrazo, ¡vamos!
Alimentar el resto de la vida con una hora de locura, mandar a la mierda todos los
deberes, patear a los curas cuando pasemos delante de ellos en las calles, amar a los
        pederastas por el simple placer de traicionarlos luego,
Amar libremente mujeres, adolescentes, desobedecer integralmente una orden
        por cumplir, en una orgía insaciable e insaciada de todos los propósitos-
        Sombra.
En mí y en Ti todos los ritmos del alma humana, todas las risas, todas las miradas,
        todos los pasos, los crímenes, las fugas,
Todos los éxtasis sentidos de una vez,
Todas las vidas vividas en un minuto Completo y Eterno,
Yo y Tú, ¡Toda la Vida!
Fernando, leamos a Kierkegaard y Nietzsche en el Jardín Trianon por la mañana,
        mientras los niños juegan al lado, en el columpio.
Recorramos los callejones del centro los domingos cuando toda la gente decente
        duerme y solo adolescentes ebrios y putas se encuentran en la noche.
Tú, todos los niños vivaces y soñolientos,
Caricia obscena que el jovencito de ojeras hizo al compañero de clase y el
        profesor no ve;
Tú, el Inmenso, latitud-longitud, Portugal África Brasil Angola Lisboa São
        Paulo y el resto del mundo
Abrazado con Sá-Carneiro por la Rua do Ouro de arriba, tomado de las manos con Mario
        de  Andrade en el Largo do Arouche.
Tú, el rumor de los planaltos, tumulto del tráfico en la hora del rush, repique de las
        campanas de São Bento, hora triste del atardecer visto desde el Viaduto do Chá,
Susurro tus poemas al oído de Brasil, adolescente moreno que enarbola
        cometas en América.
Veamos la luz de la Aurora chispeando en las ventanas de los edificios,  escurriéndose por las
        aguas del Amazonas, golpeándose de frente en la caatinga nordestina, debruzándose
        en el Corcovado,
Oigamos la bossa-nova recostados en la palma de la mano del Cristo y la batucada que proviene
        directamente del corazón del cerro.
Tú, la salvaje inocencia en los besos de los que se aman,
Tú, el no partidario, el repentino, el libre.
Ahora, ven conmigo al Bar, y beberemos de todo sin pagar nada nunca,
Vamos al Bras a beber vino y a comer pizza en Lucas, para después vomitarlo
        todo desde arriba del puente,
Ven conmigo, yo te mostraré todo: el Largo do Arouche por la tarde, el Jardim da Luz
      
 por la mañana, veremos los tranvías bamboleándose en los rieles de la Avenida,
asaltaremos el Fasano, iremos a ver «las luces de Cambuci en las noches del crimen»,
donde está la joven-adolescente violada por nosotros en un día de Lluvia y Tedio,
No te llevaré a Paissandu para que no despertemos el sexo de Mário de Andrade
        (¡ay de nosotros si él despierta!),
Pero respiremos la Noche desde lo alto de la Serra do Mar: quiero ver las estrellas reflejadas
        en tus ojos.
Sobre los niños que duermen, tus palabras duermen; yo me acerco a ellos y
        les doy un beso familiar en la mejilla derecha.
Tu canto para mí fue música de redención,
Para todo y todos la recíproca atracción de Alma y Cuerpo.
Dulce intermediario entre nosotros y mi manera preferida de pecar.
Descartes tomando baño maría, pienso, luego miento, en la ciudad futura, industrial
        e inútil.
Mundo, fruto que maduró en mis brazos arqueados de envolverte,
Resumiré para Ti mi historia:
Vengo a empellones por los siglos,
Encarno a todos los fuera de la ley y a todos los desequilibrados,
No existe un pirañita preso por robo y ningún loco sexual que yo
        no siga para ser juzgado y condenado;
Desconozco el examen de conciencia, nunca tuve remordimientos, soy como un lobo
        disonante en los confines de Dios.
Los que me aman bailan en las sepulturas.
Desde la ventana abierta contemplo las estrellas diseminadas en el cielo; ¿dónde estás, Maestro Fernando?
¿Fuiste a llevarles la desobediencia a los aplicados niños del Jardim América?
¿Le das un lirio a quien huya de casa?
Gran subversivo, ¿no es cierto?

Vamos al norte a amar las cosas divinamente toscas.
Vamos allá, Fernando, a bailar maxixe en Bahía y a beber cerveza hasta caer con un
        estrépito sordo en el centro de la Cidade Baixa.
¿Sabes que hay más vida en un callejón de Bahía o en un cerro carioca que en
        toda São Paulo?
São Paulo, ciudad mía, ¿hasta cuándo serás el convento de Brasil?
Hasta tus comunistas son más puritanos que los curas.
Pardos burócratas de São Paulo, ¿huiremos a las playas?
Oh ciudad de las sempiternas monotonías, ¿cuándo te partirás por la mitad?
Quiero escupir en el ojo de tu Gobernador y quemar los troncos medrosos de la floresta
        humana.
Oh Facultad de Derecho, ¡antro de cabalgaduras elocuentes de la masturbación transferida!
Oh juventud sofocada en las Iglesias, ¡vamos al aire puro de las mañanas de setiembre!
Oh mayor parque industrial de Brasil, ¿cuándo limpiaré mi culo en ti?
Horno de mi Tedio transbordando hasta el Espasmo.
¡Horda de salvajes galopando mi rabia!
Sé que no hay horizontes para mi inquietud sin nexo,
¡No me limiten, mercaderes!
¡Quiero estar libre en medio del Diluvio!
¡Quiero beber todos los delirios y todas las locuras, con más profundidad que
        cualquier Dios!
¡Fuera, vigilancia familiar del alma de los fuertes: yo quiero ser
        como un rayo para ustedes!
¡Violencia sincopada de todos los boxeurs!
Brasileira do Chiado en días de embriaguez de absenta.
Conjunto de todas las náuseas de la vida llevada en caricias de Infinito.
Todo duele en tu alma, Nando, todo te penetra, y yo siento contigo el íntimo tedio
        de todo.
Haré realidad todos tus poemas, imaginando cómo yo sería feliz si pudiese estar
        contigo y ser tu Sombra.

Versión del portugués de Manuel Barrós.

 
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