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Poemas / Amitesh Maiti PDF Imprimir E-Mail

 

Por toda la noche

No lo he visto nunca. Su mano fría y velluda toca la urna de la vida
Sólo he entendido esta verdad y este sentimiento me ha dejado más solo.
En la misma cama como niños gemelos duermen la vida doméstica y la muerte del cementerio,
En la pared están colgados inmóviles los cuernos de un ciervo salvaje, untados con dolor fantasmal.
Pero ¿cómo no lo veo jamás? Después de la noche llena de la melancolía vacía
Al alba oigo la canción de las flores derramadas,
El paisaje se llena con sol y sombra.

Los dos niños se despiden para ir hacia la escuela de eternidad.

 

Esta mortalidad

¡Cómo no podemos ir juntos y escribir nuestros nombres en el agua !

De la vida derraman las palabras una tras otra, se desmorona la amistad,
se pierde en el polvo y en la multitud,
Más allá del punto lejos hacia el que te vas cojeando,
en una tormenta está inquieta la ilusión.
Durante los pocos años que nos quedan
¿cómo podemos escribir poemas sin palabras ?
Se acumula el silencio, tu mano en mi mano
la presión ligera —dime ¿dónde se pierden las palabras en la discordia?

¡Vámonos juntos y escribamos nuestros nombres en el agua !

 

Mapa de ruta

Atravesando el camino juntos, llegamos muy lejos
cuando nos dimos cuenta de que —cada uno tenía
distinto mapa de ruta.
¿A dónde vamos ahora?

Donde hay un camino en uno, en el otro se alza una montaña
Donde hay un río en uno, en el otro arde un desierto
Donde hay azul en uno, en el otro se ve gris.

Habíamos salido juntos
pero cada uno tenía un mapa diferente.

Después de acampar y prender el fuego
Hemos tendido en aquella luz los dos destinos
En qué dirección debe ir —no se puede decidir
¿Ha llegado el momento de dividir todo y
salir por dos caminos distintos?
Pero arde el fuego enfrente — ¿cómo se puede dividirlo ?

Nuestro mundo abandonado surge enfrente de los ojos
La poesía de amor sombrea las caras
Frenéticamente las manos nos buscan

¿Por qué no podemos rendir los dos mapas al fuego
y salimos juntos de nuevo?

 

La chica urbana, el chico rústico

Yo sé que hace mucho tiempo no te gusta esta ciudad
Todos los lados se vuelven borrosos
En las grietas de la vida humana hay paredes de diferentes colores
En las lágrimas gotea el ácido
La mano de amor ya se ha vuelto tacaña
Los labios que habían besado ya se han vuelto amnésicos
Vienen las flechas venenosas desde los distintos límites de la ciudad

Hace unos días esta ciudad no te da quietud.

Es que tú eres una chica de la ciudad,
soy yo del pueblo.
En la lluvia me mojé con la hoja de colocasia sobre la cabeza
y me unté el rocío sobre el cuerpo
Las estrellas, los pájaros, las flores y los árboles yo conozco
Me he teñido las manos con el arcoíris
He trabado amistad con las nubes
De una orilla del río la llamada alcanzaba la otra
En esta ciudad yo también he pasado muchos días
No puedo conocer nada; nada me gusta.
Sufro un choque en el callejón sin salida, de nuevo entro en el laberinto
Escucho a escondidas mi infamia que dice la gente
¡Ay, chica mía, tú me cuentas tus dolores a mí!

¡Vamos! En cambio, te llevaré a mi casa en la aldea
Así podría yo también ir allí
donde en el patio luce la flor azul, en el granero está el gorrión tímido,
donde la luz de la luna calle sobre las hojas de plátano
que las estrellas saborean con deleite,
donde hay un desfile de hormigas enfocadas,
pasando por la corriente tranquila cotidiana.

Ya quedan sólo unos días
¡Que nos volvamos amarillos en la luz de la linterna
y como hojas derramadas flotemos en el viento!

 

Versiones del bengalí de Malabika Bhattacharya,
Arpita Mukhopadhyay Maity y Supriya Sarkar.



 
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