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Caravanas: continúen. / Poéticas indias contemporáneas / H. S. Shivaprakash PDF Imprimir E-Mail
Salvo quienes conocen y están perfectamente informados de la desconcertante diversidad del paisaje poético de la India, la mayoría tiende a juzgarlo por aquello que no es. Para tener una idea aproximada de lo que sí es, sería conveniente vislumbrar esta poesía en contraste con otras poéticas: digamos, por ejemplo, las de América Latina. Pese a que, si la consideramos un conjunto, América Latina cuenta con varias de las cumbres poéticas del último siglo y a despecho de que su extensión territorial exceda a la de la India, la mayor parte de su poesía se escribe en español y portugués y muy poco en inglés y en francés. De hecho, la poesía latinoamericana es lingüísticamente más unitaria que la de la India, cuya poesía se formula en veinticuatro idiomas con reconocimiento oficial e infinidad de dialectos y otros idiomas. Estos veinticuatro idiomas principales pertenecen a las dos grandes variedades lingüísticas, la indoaria y la dravídica, cuyas gramáticas, dicción y métricas son muy diferentes entre sí. Por su parte, los dialectos tribales corresponden a familias lingüísticas totalmente distintas. De hecho, varios de los idiomas del noreste tienen mayor parentesco con la familia idiomática sinobirmana.

      Las diferencias geográficas del subcontinente y los principios de la desigualdad inherentes al desarrollo socioeconómico contribuyen a mltiplicar esta pluralidad lingüística. Estudio de contrastes, en la India encontramos comunidades situadas todavía en los estadios evolutivos de la caza y el pastoreo, junto a metrópolis con un alto grado de desarrollo, como Delhi y Bombay. En tanto se concentran, en su mayoría, en uno o dos idiomas, la mayor parte de las recapitulaciones acerca de la poesía india resultan parciales y excluyentes. Aun cuando mi aporte sobre las diversas poesías indias no esté por completo libre de esos yerros, espero compensarlos con mi familiaridad con las otras poesías indias cuyo acercamiento debo a traducciones.
      Con una historia que se remonta a dos mil años, la poesía india ha experimentado diversos cambios de paradigma, incluso en el periodo precolonial. Durante la primera mitad del primer milenio florecieron las dos grandes tradiciones clásicas de poesía: el sánscrito del norte y el tamil del sur. Además de grandes obras de poesía lírica, narrativa y dramática, también produjeron obras fundamentales de gramática, poética y dramaturgia. En la segunda mitad del primer milenio aparece la corriente de la poesía bhakti, que como una marejada se extendió desde el sur hasta el norte, transformando por completo el paisaje poético del subcontinente. Los valores heroicos/ascéticos preponderantes en las expresiones clásicas fueron reemplazados por la poesía del apasionado amor divino. Se abjuró del educado lenguaje y del estilo de las cortes y se tradujo al lenguaje cotidiano. El rigor de la poesía clásica dio paso a la libertad y la espontaneidad. Durante todo este periodo sobrevivió asimismo en la tradición oral de toda la India un rico acervo de poesía folclórica y tribal, siempre en interacción con las tradiciones clásica y bhakti. Tales son las tres corrientes poéticas que a lo largo de los siglos han fertilizado la imaginación india en sus diversas regiones e idiomas.
      El panorama cambió radicalmente en la época colonial. Ese territorio de vasta riqueza cultural, lingüística y religiosa hubo de someterse al yugo de una uniformidad artificial moldeada por la prioridades de la eurocéntrica cultura anglosajona. La lengua de los colonizadores, el inglés, sirvió de herramienta para reconfigurar cada uno de los ámbitos de la vida, de manera que se ajustase al modelo de la cultura colonizadora: nueva administración, nueva educación, nueva ética y nueva cultura. Es aquí donde comienza la historia de la poesía moderna de la India.

 

Amanecer turbulento
      Ham wahaa hai jahaa hum ko bhee
      Kuch hamaree khabar nahee aatee
      Marte hai aarzoo mein marne ki
      Maut ateehai par nahee ate
      Qaabaa kis munh se jaaoge Ghalib
      Sharm magar tumko nahee aatee

(Situado en un lugar
      donde no escucho ni mis propias noticias,
      agónico de esperanzas, la muerte acude
      sin acercarse.
      ¿Con qué cara iré a Qaba, Ghalib,
      nunca te avergüenzas?)

En el amanecer de la gran poesía india moderna, el gran poeta urdú Mirza Ghalib describió así su alienación: apartado completamente de sí mismo y de la sociedad, del pasado y del futuro, de Dios y de los hombres. Como Baudelaire en Europa, Ghalib pinta muchos de los sombríos aspectos de los alienantes valores que instauraron el mercado y el dinero. Tema que, entre otros, se refleja de manera más brillante en su poesía amorosa, donde el amor adquiere visos de una agonía sin límites. El medroso y distópico punto de vista de Ghalib contrasta con el optimismo utópico de Md Iqbal (1877-1938), quien, refiriéndose a Ghalib, escribió: «¿También en ti se oculta otra joya como él?».
      Probablemente sabía que la otra gema era él. Sin embargo, a diferencia de Ghalib, su inspiración más profunda provenía del Islam. Hondamente familiarizado con Occidente y su poesía, devino artífice de la utopía islámica, que más tarde conduciría a la formación de Pakistán. Así como para Hegel el Imperio prusiano constituye el culmen de la historia humana, Iqbal soñaba con el ideal de un imperio islámico; visión que invoca en su célebre poema sobre la mezquita de Córdoba:

¡Oh, aguas del Kabir! Sobre tus riberas
      alguien sueña los sueños de otro tiempo o mundo,
      cada uno de los nuevos mundos ocultos por el velo del destino
      con nuevas alboradas que mis ojos colmen
      la vida sin revolución es tan sólo muerte
      las revoluciones cotidianas son el aliento vital del musulmán.

Por un lado, Ghalib, pesimista e introvertido; por el otro, Iqbal, optimista y extrovertido, constituyen las dos voces y perspectivas de la poesía de la India durante el turbulento amanecer de la nueva era. Shishunal Sherif, el gran poeta de origen canarés de ese periodo, refleja un conflicto similar. La instalación en su tierra del innovador primer molino británico le suscita esperanzas: «una pieza mágica»; sin embargo, en otros aspectos se muestra aprehensivo: «¡Mira! Las langostas se propagan / —malas nuevas para todos los reyes de estas tierras».

 

Hacia la libertad
      Si bien la emancipación india del yugo extranjero ocurrió en 1947, las proclamas de libertad habían comenzado cien años atrás de forma aislada y espontánea.

Cubierto de esplendorosa
      riqueza es mi hogar, y con todo la aparto
      para emprender el camino, de riqueza ávido...
      En sueños Banga, diosa del lenguaje, me increpa:
      Con esa plétora de tesoros en casa, ¿por qué entonces
      mendigas hoy, oh, hombre acaudalado?

De esta manera el gran poeta bengalí, pionero del periodo moderno, Michael Madhusudan Dutt (1824-1873), dramatiza el dilema del poeta indio enfrentado a tensiones poéticas opuestas tanto a la poesía del colonizador como a la propia. Aun cuando en principio se sintiera atraído por Occidente, Dutt retomó su idioma, el bengalí, enriqueciendo su estilo con un gran bagaje poético, síntesis de la influencia de la tradición europea y de la india, un proceso que también apreciamos en Iqbal. Pobreza y exilio marcaron la vida de Dutt, desterrado en tierras lejanas. Pese a ello, transformó esta penuria en obras poéticas de gran valía. Después de él, la poesía india nunca volvería a ser la misma. Al tiempo que la transformaba a la luz de los clásicos occidentales, preservaba la hermosa riqueza del pasado.
      Con una asimilación de los tesoros de todas las tradiciones, Rabindranath Tagore (1861-1941) insuflaría nuevo aliento al idioma poético de la India al crear obras de gran mérito con innegable originalidad. Genio multifacético, fue poeta, novelista, dramaturgo, músico, filósofo, educador y visionario. El primer Premio Nobel de Literatura indio fue también el primer escritor indio de fama mundial, gracias a las traducciones al inglés de sus obras. Su influencia alcanzó incluso a Latinoamérica, merced a las versiones en español de sus poemas que efectuó el gran poeta español Jiménez. Enarbolando los valores de la libertad y la fraternidad, criticó todas las formas de opresión, fueran del pasado o del presente. He aquí cómo emplazó a la India a un renacimiento:

Oh, corazón mío, asciende lentamente
      de las sagradas aguas
      del océano de la gran humanidad de la India.
      Ponte de pie,
      alza los brazos,
      y canta a la divina humanidad
      en salmodias de éxtasis
      y de infinita dicha,
      antes de inclinarte a ella.

Esta visión permitió integrar al individuo, a la nación y al mundo en una armónica corriente de amor y fraternidad. Durante el periodo anterior a la Independencia, Tagore marcó la pauta de la poesía india.
      En vísperas de la libertad que condenaría la opresión tanto por nativos como por extranjeros, e invocaba la utopía del porvenir en términos de liberación tanto de los males internos como de los externos, en cada uno de nuestros idiomas hay figuras semejantes a Tagore: Subrahmanya Bharatiyar (tamil), Nirala (indio), Kuvempu (canarés), Kumaran Asan (malayalam), para mencionar a unos cuantos. Para todos ellos, Tagore fue su gurú.

 

Independencia: ¿sueño o realidad?
      Cuando finalmente se consumó la Independencia, el entusiasmo utópico de los poetas comenzó a menguar. Así, Faiz Ahmed Faiz, un poeta indio progresista, quien más tarde emigraría a Pakistán, dijo:

Caravanas, sigamos,
      ésta es una falsa aurora.

Tras el exultante momento de la Independencia, muy pronto afloró el trauma de la separación y de la violencia sin precedentes que siguió al asesinato de Mahatma Gandhi, el símbolo de la libertad de la India. Como ocurriera con otras naciones emancipadas, los poetas indios adquirieron amarga conciencia de la brecha entre la realidad y el anhelo; tal expresión tendría en poesía dos clases de respuesta.
      Constituyen el modernismo político, como denomino a la primera tendencia, poetas afiliados a la ideología del progreso. Inspirado por la internacional proletaria, el movimiento progresista tomó fuerza especialmente en el norte de la India. De este grupo sobresalen, entre una gran variedad, G. M. Muktibodh (hindi, 1917-1964) y Makdoom Mohiuddin (urdú, 1908-1969), como principales representantes. A despecho de su conciencia de los horrores del presente, nunca perdieron la esperanza.
      La excelente poesía de Muktibodh es un viaje de la desesperación a la esperanza. Su poema «The Voice Calling Me» (La voz que me reclama) comienza como un llanto desde las profundidades del abismo:

Esa voz que me llama
      yacía perdida en algún lugar
      [...]
      en las entrañas de la tierra
      cubierta de fragmentos de hueso
      miré
      hojas sin flores

Después de guiarnos con escalofriantes detalles a través de «una total destrucción en una nación sin alma», al final retoma un optimismo trágico:

En una tierra devastada
      dando vueltas alrededor de las torres
      de los grandes templos
      las aves continúan moviendo agotadas
      sus alas en la tierra en ruinas
      aun cuando las abatan
      nunca caerán derrotadas
      ¡Mira! Vastos caminos se abren
      en el azur del espacio
      la inspiración ha vuelto
      la melodía del amanecer
      una vez más despunta.

Un movimiento semejante se da en los siguientes versos de Moinuddin:

La hoguera de mis penas duró encendida toda la noche
      Toda la noche alimenté estas penas

El dulce recuerdo de la melodiosa flauta
      toda la noche murmuró en mi mente.

El cariz tragicómico de la perspectiva progresista contrasta con la visión de los modernistas formalistas, cuyo tropo dominante es la autoconciencia irónica. Su compromiso es principalmente formal. Para ellos la retórica es un anatema. Poetas importantes de esta modulación son: Pattabhirama Reddi, Ajanta (telugu), Jnanakuttan (tamil), Akhtar Ul Iman (urdú), Dilip Chitre y Arun KoLatkar (maratí). A. K. Ramanujan, un brillante poeta que escribió tanto en canarés como en inglés, es un poeta ejemplar de dicho estilo:

Todavía como mi abuelo
      me baño frente al cuervo de la aldea
      en aguas tratadas con cloro
      mi único Ganges
      la desnuda bombilla de Chicago
      prima del sol de los Vedas
      refirego con jabón mi espalda
      como mi padre
      y pienso
      en proverbios
      al igual que yo
      me seco
      con una toalla turca
      comprada en Sears
      que no se ha lavado
      como mi madre
      escucho tenuemente la canción matinal
      (aun cuando aquí suene
      a japonesa)
      y tres claras cuerdas
      en la puerta vecina
      a través del estrépito
      de la cocina
      como mi pequeña hija
      me da pena
      y cubro mi pubis con la mano
      mi cuerpo todavía virginal
      de novelerías
      e hijos
      me agarro el pilín
      como mi hijo pequeño
      juego con la manguera del jardín
      dentro y fuera
      de la bañera
      como mi nieto
      miro hacia arriba
      aún sin nacer
      a mí mismo
      como mi tata
      tataranieto
      aún no soy
      quizá nunca lo sea
      mi futuro
      depende
      de muchas
      personas
      todavía
      por nacer

Las dos maneras no son esto o lo otro, sino más/menos. Un poeta como el telugu Sri-Sri ilustra tales extremos. Como el peruano César Vallejo, se trata de un poeta revolucionario, tanto en la forma como en el contenido.

El interregno presente
      Llegamos ahora a la fase más reciente de la poesía india, cuyo inicio se remonta tentativamente a los primeros años setenta, cuando tras la imposición del estado de emergencia y los constantes ataques a los derechos democráticos surgió el segundo movimiento independentista. Dicho periodo se distinguió por fortalecer, a través de la educación, a vastos sectores de la población hasta entonces en silencio: los parias, las tribus y las mujeres. Durante este periodo estas voces sonaron de forma clara y contundente, con lo que el idioma poético de la India experimentó una renovación total, pues hasta entonces había sido mayoritariamente una expresión de las castas superiores y de la clase media.
      Siddalingiah, un poeta dalit de lengua canarés, procedente de la casta más reprimida y humillada, tiene esta afrentosa apostilla sobre la Independencia:

A quién vino
      a quién
      la libertad del 47?
      Al botín de los contrabandistas
      a los bolsillos de los políticos
      a las botas de la policía

Éstas son las visiones subvertidas de la India, como se perciben desde la base del sistema de castas de la India. Las mujeres expresan sus experiencias desde el último eslabón de la jerarquía machista. Escuchemos a Temsula Ao, una notable poeta inglesa de la tribu del estado de Nagaland:

Él actúa en el centro del escenario
      yo en la periferia
      pero estoy contenta
      con esa fracción de
      eternidad
      cuando llega el momento
      de reducirlo
      a un minúsculo solitario
      prisionero del anillo
      de mi oscuro deseo

Meena Kandasami, una poderosa poeta dalit, también se expresa en inglés:

El implacable negro metropolitano
      moldea el blues
      y la soledad se antoja más segura
      que una noche galante
      en sus brazos

Es inevitable que en esta poesía de protesta haya una gran cantidad de narrativa victimista. Con todo, la poesía no puede ser tan sólo resistencia. Es igualmente un arte de comunión, fiesta y duelo en las peores épocas. Existe un pequeño número de poetas profundos de distintos idiomas de la India que, además de asimilar la veta acusatoria, han procurado trascender hacia una visión más completa. Ejemplo de ello son: Ashok Vajpeyi (hindi), Sitamshu Yashaschandra (guajarati), K. Satchidanandan (malayalam), Gorati Venkanna (telugu) y Khalil Mamoon (urdú).
      A Gorati Venkanna, un auténtico bardo de Telangana, se le reconoce como el poeta del pueblo. Sus poemas y canciones son inmensamente populares. Su poesía describe conmovedoramente la forma en que la globalización y el libre mercado destruyen el paisaje y el campo:

La humedad imbuye los viejos muros por tanta lluvia

Empapadas las hojas del neem se tuercen
      Atacan la casa las termitas
      Por las goteras la lluvia entra
      No hay dinero para reparar el techo roto.

Con términos más metafísicos, Khaleel Mamoon relata una degradación semejante en su poema sobre el Saraswati, un río mítico subterráneo, muy ajeno a nuestra árida historia:

Lo que buscas es mi conocimiento
      oculto en el río secreto
      mi nombre perpetuándose en las sombras de lo desconocido
      Aunque hay montañas de oro y plata
      en las costas que has moldeado
      ¿Brillarán en tus playas las estrellas de los esclavos?
      ¿Las piedras atadas a sus estómagos hambrientos
      caerán al suelo y se harán pedazos?
      ¿Dormirán sus ojos en la sedienta tierra?
      Abandoné
      ambos mundos mucho tiempo atrás
      y llegué a donde no se habla
      de conocimiento ni ignorancia
      donde los dadores de vida no alardean
      sobre los terrenos de cremación
      donde Prajapati no se jacta
      de su colosal ego
      donde las flores no se marchitan
      esperando dioses
      donde las colonias de los hambrientos
      no han sido arrasadas

En una sociedad que enfrenta y busca transformar sus desigualdades atávicas, la poesía india contemporánea yergue su voz contra las nuevas formas de injusticia que generan la globalización, el mercado y la tiranía de las corporaciones. Habla no sólo de la India, sino del mundo en general, más unido que nunca, tanto en el sufrimiento como en la esperanza.

 

Traducción del inglés de José Homero.



 
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