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Liberación / Varsha Adalja PDF Imprimir E-Mail

Las puertas de la cárcel se abrieron y Avni caminó hacia fuera. Las puertas se cerraron tras ella con un estruendo y la dejaron frente a un mundo nuevo. Dio unos pasos: viento incesante, la bella luz del sol, el murmullo de los árboles, perros que ladraban por ahí. Recibir todo eso casi la asfixiaba. Se sentía incapaz de avanzar: ¡la libertad! Se sentó bajo un árbol y puso junto a ella una pequeña mochila que contenía su ropa y unos cuantos adornos baratos. La misma ropa que usaba cuando atravesó los enormes muros de la cárcel por primera vez.

      Recordó cuando, esa misma noche, apenas había entrado, fue arrojada al nuevo y extraño mundo de la cárcel. No podía creer que tenía ante ella varias celdas estrechas desde donde las presas le lanzaban miradas interrogantes. Había empezado a temblar por el miedo, hasta el punto de que tuvo que apoyarse en la mesa del carcelero para mantenerse de pie y no caer desmayada. ¡Una pesadilla, sin duda! No supo qué fue lo que el carcelero le preguntaba ni cuáles fueron las respuestas que le dio. La pesadilla continuó cuando fue arrojada a una gran sala repleta de presas. Algunas trabajaban, otras estaban recostadas y unas cuantas incluso cargaban niños pequeños.
      Entonces entró en pánico. Sentía la bilis subir hasta su boca. Se sentó en una esquina, con la cabeza entre las rodillas. Algunas presas se acercaron a ella para preguntarle si se sentía bien, pero ella solamente se quedó muy quieta, intentando contener el pánico. Se ofendieron ante su silencio.
      —Déjenla, esa cabrona es una asesina. Ni más ni menos que una asesina, ¿y todavía se da esos aires?
      Oh, Dios. ¿Asesina? La palabra le golpeó en el plexo solar como un relámpago salido de la nada. «¿Soy una asesina?», se preguntó. «Por supuesto que lo soy, anoche hundí un cuchillo en el cuerpo de Kedar, con toda mi fuerza». Ni siquiera él podía creer lo que había pasado: «Avni, ¿qué hiciste?». Pero se encontraba tan alterada que no podía escuchar nada. En su arrebato, había acuchillado a Kedar una y otra vez. Fue como si su cuerpo no le perteneciera. Volvió de golpe en sí cuando la sangre que manaba del cuerpo de Kedar casi tocaba sus propios pies.
      Avni comenzó a dar alaridos mientras recordaba y, asustada por sus propios gritos, se dejó caer en posición fetal, luchando para protegerse del horror.
      Una de las presas se acercó a ella y le preguntó:
      —¿Por qué lo asesinaste?
      Avni sintió que la bilis subía de nuevo a su boca y se cubrió con las manos, para detenerla.
      —¿Era tu amante? Yo también maté a mi esposo. El desgraciado tomaba todo el día y luego me violaba. Hasta se acostaba con prostitutas.— Le dio una bocanada a su bidi y continuó—: Era un verdadero hijo de puta, un pinche vago —y escupió—. A nadie le importa que me haya violado a diario, pero cuando lo maté, y ojalá haya tenido un feliz viaje, el miserable, me sentenciaron a cinco años.
      Apenas oyó la palabra sentencia, Avni salió de su estupor. «No, no me van a sentenciar», se dijo. «Soy una persona decente y con buena educación». Luego la golpéo la realidad y empezó a sollozar.
      La mujer le dijo:
      —No llores, tonta. Yo también lloré, a montones. Pero aun así me dieron cinco años. No importa: cuando termine mi condena y salga, voy a casarme de nuevo, con su cuñado. Está guapo.
      Avni sintió que estaba atrapada en una telaraña surrealista que la sujetaba hasta asfixiarla. Quería gritar con toda su fuerza que ella no era una persona malvada. Era una persona cultivada, idealista, que no tenía por qué recibir una condena de cárcel. La tenían que soltar, dejarla libre. ¿Cómo iba a poder vivir con esas criminales, esa escoria?
      La mujer soltó unos anillos de humo y luego aventó la colilla.
      —No te espantes. Al principio, todo mundo se asusta, pero luego la cárcel empieza a volverse menos horrible y al final, hasta vas a preferir estar aquí. ¿Me entiendes?
      Avni comenzó a llenarse de rabia. ¿Qué hacía ella ahí, escuchando a esa mujer? Se apoyó en la pared y cerró sus ojos, para dar por terminado el diálogo.
      Había un mundo de diferencia entre ese día y el anterior. Ayer, ella era un ama de casa feliz, como un ave en libertad. Hoy, era una asesina, sentada junto a otra asesina en la cárcel. Tragó saliva y pensó en Paritosh, su esposo. Él llegaría en cualquier momento, la tomaría en sus brazos y toda la amargura de sus problemas y desventuras desaparecería al instante. Paritosh, tan amoroso, tan cariñoso, astuto, inteligente... él se encargaría de lidiar con todo el fastidio del juicio y los embrollos legales y la llevaría lejos de esa miserable cárcel, hacia su hogar feliz. Mucho tiempo atrás, había hecho algo parecido. La había sacado de su existencia solitaria en un orfanato, hacia un mundo distinto, y se casó con ella. Hoy, volvería a ser su salvador de nuevo. ¿Por qué preocuparse?
      —Tu abogado vino a verte —dijo una voz tensa que cortó su ensueño.
      La otra presa se levantó y se esfumó. Avni se puso de pie y fue al cuarto de visitas. Ahí estaba Umesh, su cuñado.
      —Avni, bhabhi, no te preocupes de nada. Pero, ¿qué sucedió? ¿Cómo llegó a suceder esto?
      Avni empezó a revivir los momentos de la escena del crimen: el cadáver de Kedar a sus pies, los ojos de éste mirándola fijamente, en la estupefacción. Ella, de pie junto a él, con un cuchillo largo y afilado en su mano, empapada de sangre. Empezó a sollozar como si su corazón fuera a romperse.
      —Por favor, bhabhi, no llores.
      —Umesh, todavía no puedo creer que lo maté. ¡Una asesina!
      —No te preocupes, bhabhi, todo va a arreglarse. ¿Dónde está Paritosh? ¿No estaba contigo?
      La sola mención de Paritosh ayudó a calmar sus nervios.
      —Dios mío, sigo esperando a Paritosh. Viajó a Delhi por su trabajo. Yo estaba sola en la casa. Estoy segura de que ya debe de haber recibido el mensaje.
      —¿Entonces él no sabe? Me sorprende que haya pasado esto, Kedar es un amigo muy querido.
      Avni se preguntó qué debía contarle a Umesh y hasta dónde llegar. ¿Debía entrar en detalles escabrosos y decirle que Kedar trató de violarla? Mañana todo estaría en las primeras planas, con su retrato a un lado: ¿el ama de casa de una familia rica involucrada en un caso de violación y asesinato? No, jamás.
      —Lo siento, bhabhi, sé que debes estar en shock y completamente traumatizada, pero, como tu abogado, necesito saber todos los detalles para preparar el caso. Dime de una vez si de verdad mataste a Kedar, y si lo hiciste, por qué fue y cómo.
      Avni se dejó caer en una banca y suspiró. Ahora tendría que narrar todos los detalles, una y otra vez, no sólo a Umesh, sino a otras personas. Y tendría que enfrentarse a muchas preguntas no expresadas.
      —Sí, Umesh, maté a Kedar. Un día antes, el había regresado de Bangalore antes de tiempo y fue a nuestra casa. Se veía de buen humor: había obtenido su divorcio después de una larga espera. Paritosh estaba en Delhi, así que él me llevó a celebrar con una cena. Te hablé para que nos acompañaras, pero Heena y tú no estaban en casa. Así que al final fuimos los dos solos a cenar. Kedar bebió todo el tiempo que estuvimos ahí. Intenté convencerlo de que parara, pero no me hizo caso. Llegamos a casa muy tarde.
      Avni juntó fuerzas para revivir el incidente de nuevo. Durante toda la cena, Kedar ignoró sus súplicas para que no bebiera tan rápido. Se embriagó por completo. Al llegar a casa, ella empezó a preocuparse. Su intuición femenina percibía que algo andaba mal, había algo fuera de lugar, como si el aire estuviera cargado de lujuria y traición. Kedar pidió que le sirviera jugo de limón. Tan pronto como entró a la cocina, él la asaltó por detrás y trató de abusar de ella. En el frenesí que siguió, tratando de salvarse del ataque, no supo siquiera que lo había matado. Fue como si hubiera estado en piloto automático. Tuvo que pasar un momento para que recobrara los sentidos y se diera cuenta de que Kedar yacía a sus pies, bañado en su propia sangre.
      Umesh intentó apaciguarla:
      —No te preocupes, bhabhi, estabas en riesgo. Lo que hiciste se debió a las circunstancias. Vamos a contratar a los mejores abogados de la ciudad. Cuando llegue Paritosh, dile que vaya a verme. Por cierto, ¿qué le dijiste a la policía?
      —Les conté todo. No estaba en condiciones de mentir.
      Umesh se fue. Avni regresó a su celda, llena de presas. Se sentó en una esquina y cerró los ojos. Vio cómo Paritosh le sonreía y se aferró a esa imagen, para mantener el balance mental. Tal vez dormitó un poco.
      De pronto, se despertó cuando sus manos y pies estaban por acalambrarse y oyó a alguien decirle que Paritosh había llegado. Avni saltó y fue, casi corriendo, al cuarto de visitas. Paritosh estaba ahí, una imagen del desaliento: cabizbajo, las manos cruzadas sobre el pecho. Avni fue y se paró junto a él. Paritosh la miró:
      —¿Qué sucedió, Avni? No entiendo.
      —Ni siquiera yo entiendo cómo pasó —dijo ella—, pero ahora que estás aquí, sé que no debo preocuparme.
      —Sí, ya... ¡Pero Kedar fue asesinado!
      —Tampoco puedo creer que maté a Kedar. No tienes idea de lo horrible que fue la noche anterior para mí. Dios sabe que traté de llamarte al hotel de Delhi, una y otra vez, pero la línea se había descompuesto. Mala suerte.
      —Pero ¿cómo pudo hacer eso Kedar?
      —No puedo imaginarlo, me rebasa. Él era un buen amigo tuyo, Paritosh. Cuando llegó a casa, estaba tan feliz por haber obtenido su divorcio. Luego, en la cena, no paraba de tomar.
      —¿Por qué tenías que ir con él? ¿No podías haberle pedido a alguien que te acompañara?
      —Le hablé a Umesh, pero él y Heena habían salido. Después, Kedar no me dejó hacer más llamadas. Todo fue horrible, Paritosh.
      Avni recargó la cabeza en el hombro de Paritosh y empezó a sollozar.
      —Le pedí a la policía que te avisaran y ellos hablaron inmediatamente a la policía de Delhi.
      Paritosh se dio la vuelta y murmuró:
      —Ese bueno para nada llegó a contarme todo cuando estábamos en medio de una junta con la Dirección General: «Señor Paritosh, arrestaron a su esposa por asesinar a Kedar, su amigo». Imbécil, estúpido. Anu, me sentí tan avergonzado. Todo mundo en la junta me miró fijamente, como si fuera una criatura extraña. Y ese inspector Chahuan, canalla, empezó a interrogarme. Dios, me sentí tan humillado.
      —¿El inspector te contó eso frente a todo mundo?
      —Sí, y todo mundo saboreó el escándalo: violación, asesinato y mi esposa involucrada.
      Paritosh se aflojó la corbata. Avni sintió que un peso la oprimía por dentro. Se iba muriendo poco a poco, cada palabra de Paritosh era una herida en su corazón. Moría lentamente... o ya se sentía muerta del todo. Murmuró:
      —Paritosh, pensé que todos mis problemas iban a desaparecer en cuanto llegaras.
      —Eso sí, de seguro. El dinero no es el problema. Voy a darle un cheque en blanco a Umesh. Tendremos a los mejores abogados trabajando en tu caso. Pero, ¿puedes ver lo difícil que será para mí dar la cara a la sociedad? Todo esto es terrible para mí, para ti.
      —Pero, Paritosh, no hice nada malo. Cualquier otra, en mi lugar, se habría defendido.
      Avni empezó a recomponerse.
      —Cierto, pero hubo asesinato, violación y tu arresto: es un menú en bandeja de plata para los periódicos.
      —¿Entonces crees que debí haberme sometido ante Kedar?
      —No, no, Anu. Pero era posible otra solución, una vía intermedia, algo que salvara nuestra reputación y que guardara las apariencias. Se podría haber llegado a un arreglo.
      Anu se sentó lentamente en la banca, devastada ante esas palabras desalmadas. Paritosh estaba de pie frente a ella, irritado, agitado y todo lo que tenía en la cabeza era su propio deshonor.
      Avni nunca se había sentido tan sola. Le preguntó:
      —¿Qué quieres decir con llegar a un arreglo? Se trataba de un hombre borracho y empeñado en violarme. ¿Crees que habría escuchado razones o se habría conmovido con mis lágrimas? Estaba más allá de eso. Nunca pensé en matarlo. Sólo sucedió, como un destello.
      Paritosh se sentó junto a ella, abatido y sin esperanza.
      —Tenemos que enfrentarnos a la realidad de lo que pasó. Ahora es mi deber trabajar en tu caso.
      —¡Deber! ¿Vas a llevar mi caso porque es tu deber? Sólo puedes pensar en la reputación, el deber, en dar la cara a la sociedad. Sólo piensas en ti. ¿Y qué hay de mí? ¿Has pensado siquiera en el trauma y la angustia por los que he pasado? ¿No quieres que te hable de eso? ¿No vas a preguntarme?
      —Anu, por favor, ten algo de perspectiva. Todo este incidente es espantoso, una pesadilla. Te arrestaron por homicidio. Cuando se abra el caso, la gente comenzará a hablar. Será un chisme irresistible. Estoy en una encrucijada y no sé qué hacer.
      Anu miró fijamente a Paritosh, desde el fondo de su abatimiento. ¡Se trataba de la misma persona que había estado esperando, impaciente, todo este tiempo! La persona que debía salvarla. ¿Era posible que hubiera pasado todos estos años con él, entregando cuerpo y alma, sin haberlo conocido en verdad? Todo lo que le importaba era su reputación y su sitio en la sociedad. No tenía idea de su trauma mental y físico, ni le importaba. Por primera vez en su vida, se preguntó si en realidad lo conocía.
      Paritosh siguió divagando:
      —Anu, iban a nombrarme director de la compañía este año. Todo el trabajo duro de estos años ha sido para nada. No tenía idea de que mis sueños iban a derrumbarse así algún día.
      —Sí, Paritosh. Yo tampoco tenía idea de que mis sueños se derrumbarían así.
      Para seguirse revolcando en su desgracia, Paritosh agregó:
      —¿Sabes, Anu, cuál iba a ser mi salario? Iban a darme un auto, a cubrir mi renta y a asignarme un viaje de negocios cada dos o tres meses. Ahora mi carrera se terminó.
      —¡Sólo piensas en tu carrera y tu futuro! ¿Qué hay de mí? ¿Qué va a sucederme ahora? —preguntó, casi contra su voluntad.
      —A eso me refiero: la gente dudará de tu carácter. ¿Por qué Kedar iba a intentar violarte? Anu, eres tan ingenua. Los fiscales pondrán en duda tu versión. Van a destrozarte en los interrogatorios. Tu honor estará en riesgo.
      Anu le gritó:
      —¡Cállate ya! ¡No sólo eres egoísta, también eres un cobarde!
      —¿Anu...?
      —¿Te sorprende? Hoy, que veo la horrible verdad sobre ti, también estoy sorprendida hasta lo más profundo. ¡No tienes idea!
      —¿Me llamas egoísta? Te he dado todo. Me fui de casa, me alejé de mi madre, mi padre, mi hermano mayor, de toda mi familia, por ti. Por ti, Anu.
      Avni se hizo a un lado, pensando en cómo esas declaraciones tan francas también podían ser mentiras disfrazadas.
      —También creía eso, Paritosh, pero ya no. Ahora sé que, aun si no nos hubiéramos casado, habrías dejado tu hogar y a tu familia, porque no podías llevarte bien con tu padre, terco y de mal temperamento. El matrimonio sólo fue el pretexto.
      Avni se dio cuenta de que, de pronto, estaba contemplando las cosas de una forma nueva, especialmente su vida pasada. Sus ojos estaban abiertos y todo, cada detalle, estaba claro como el agua.
      Después de la boda, Paritosh había tenido un ascenso tras otro, gracias a los esfuerzos y el apoyo de Avni. Él decía que su jefe disfrutaba las fiestas que ella organizaba, o que la esposa de su jefe admiraba la decoración que ella le había dado a la casa. Ella siguió haciendo estos pequeños favores y Paritosh siguió subiendo en la escalera corporativa.
      Paritosh reflexionó:
      —Anu, estás siendo muy injusta al negarte a reconocer mi punto de vista.
      —No, Paritosh, tú eres quien ha sido injusto conmigo. No me has tratado como a una persona, con su propia identidad. Estuve viviendo a tu sombra y se suponía que debía estar feliz con eso. Me exhibiste como tu esposa-trofeo, bella e inteligente, y como su dueño, tu prestigio y tu poder aumentaron.
      Paritosh caminó dos veces alrededor del cuarto. Había llegado a su límite. Era incapaz de pensar, todo le resultaba confuso.
      —Anu, ahora no estás pensando bien las cosas, pero cuando todo esto pase, y estemos juntos de nuevo, haré todo lo necesario para que seas feliz de nuevo. Te prometo que voy a contratar los mejores abogados y no voy a descansar hasta que te liberen.
      —Sí, pero vas a hacerlo por tu bien, no por mí. Si me declaran inocente y me liberan, vas a recuperar tu puesto en la empresa y tu prestigio social. Vete ya, por favor.
      Anu se dio la vuelta y se dirigió a la salida. Paritosh la retuvo, sujetándola de la mano.
      —Anu, Anu, ¿te volviste loca? Vamos a superar esto y volveremos a tener nuestra estabilidad, como si nada hubiera pasado.
      Anu liberó su mano con un tirón y volvió a avanzar hacia la salida. Cuando llegó a la puerta, se detuvo y volteó a verlo. Le habló con calma:
      —Lo que haya pasado, ya pasó. No te molestes por mí, Paritosh. No hagas nada. No me interesa pelear este caso. Voy a declararme culpable y voy a quedarme en esta cárcel.
      Paritosh no podía creer lo que escuchaba:
      —Anu, ya perdiste por completo la cabeza. ¡No hagas esa insensatez! —Empezó a hiperventilar y la tomó de nuevo del brazo—: ¡Júrame que no harás algo tan estúpido! ¿Quieres quedarte encarcelada?
      —Ésta no es una cárcel, Paritosh. En realidad, es un mundo en el que voy a liberarme de tu mundo. Aquí no hay simulación, no hay hipocresía, ni falsos prestigios o reputaciones que salvar. Tampoco seré Avni. En este mundo nuevo, sólo voy a ser un número.
      —¿Cómo voy a vivir sin ti, Anu?
      —Antes, yo pensaba lo mismo. Pero ahora sólo quiero descubrirme, descubrir quién soy en realidad.
      —¿Aquí, en la cárcel? ¿Como una prisionera?
      —También tú eres prisionero de las normas sociales y la hipocresía. Tu conducta pretenciosa, tus falsas creencias y todo tu comportamiento lleno de rituales sociales son más rígidos que los barrotes de esta cárcel. Tu mundo sólo es libre en el discurso, pero es una libertad prisionera. Déjame ir, Paritosh.
      Avni salió y fue hacia la cárcel, hacia ese nuevo mundo libre de la simulación y la hipocresía del mundo exterior que ella había conocido.
      Sentada, Avni abrazaba una mochila pequeña en su regazo, en la que cargaba sus pertenencias. Recargó su cabeza en ella. El tumultuoso tiempo que pasó en la cárcel había consumido su belleza y su juventud, pero su espíritu estaba intacto. Era su renacimiento. Avni levantó la mochila y empezó a caminar por el largo y desolado camino.

 

Traducción de Atahualpa Espinosa, a partir de la
      traducción del gujarati al inglés de Yasmin Dhorda.



 
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