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Ellas son yo / Sandra González PDF Imprimir E-Mail
CATEGORÍA: LUVINARIA / ENSAYO

Finalista


Ellas son yo / Sandra Daniela González Vega
    Escritura Creativa


     

Comienzo jugando con mi cabello, enredándolo y desenredándolo de mi dedo. Una y otra vez. Después ya no es enredarlo, ahora es trenzarlo, una trenza tras otra. Y ahora a deshacerlas.
                  Pienso demasiado mientras hago eso (y esto), mi mente repasa los sucesos de mi día, recuerda escenas de mi lectura actual, trata de recordar citas y frases que me gustan y también sobre todo se pone a pensar y querer planear (controlar) el futuro. Usualmente esto solo me sucede en los momentos menos indicados, cuando más necesito a mi mente haciéndome caso es cuando elige que es momento de flotar por sí sola, de que se debe aflojar un poco la cuerda que nos une.
                  Una manía es algo que se repite, un comportamiento que se repite una y otra vez; o de acuerdo al diccionario es un comportamiento exagerado, también catalogada como un sinónimo de psicosis. No soy una persona muy estudiada, y mucho menos en el área de la psicología; toda mi experiencia se remonta a leer artículos médicos en facebook, investigar en Wikipedia o mediplus.com cada que me siento enferma (según estas debí haber muerto de cáncer hace años). ¿El que haga esto me hará una persona psicótica?
                  Manía quizá sea el ponerme a pensar en cómo escaparía del camión si este se volteara mientras avanza por la glorieta. O puede que eso sea la ansiedad haciéndome sobre pensar todo.  Quizá mi manía sea pensar en cómo me agarraría o saltaría en caso de que se comience a destruir la montaña rusa mientras voy en ella, o igual puede que sea otra mala jugada de mi mente.
                  Cuando me pongo a pensar en cuáles son mis manías no llego a ninguna conclusión, una parte de mi me dice que no soy una persona que repita comportamientos, y otra me dice que si soy un poco psicótica pero no me daré cuenta hasta que alguien me lo haga saber (y aun así lo negaré). Muchas veces tratamos de ignorar nuestras verdades pero siempre habrá alguien que nos haga recordarlas.
                  Golpeteo mis dedos en la mesa mientras leo los artículos necesarios para hacer mi tarea, formando el sonido del “ria” que se toca en las castañuelas en la técnica de baile español clásico (de la escuela bolera), siendo la superficie plana de la mesa mi sustituto de castañuelas. Mi pie se mueve frenéticamente, me ayuda a concentrarme, o eso me digo, muchas personas dirían que es porque algo me tiene ansiosa, mi papá solo me pediría que me calme y deje de moverlo; a otros les molestaría el ruido y me pedirían que me detenga.
                  ¿Son manías esos comportamientos que hacemos y los demás encuentran molestos? Muchos suelen ver las manías como sinónimo de un mal hábito, un defecto o algo que deberíamos intentar cambiar. Pero, ¿por qué deberíamos cambiarlas? Son parte de nosotros y a su vez nosotros somos algo con ellas.
                  Trato de imaginar cómo serían las clases si no jugara con mi cabello, o el trayecto en el camión si no pensara en todo lo que podría pasar, las vueltas en las montañas rusas sin ese miedo a que se destruya y al hacerlo no me veo a mí, porque sin hacerlo no sería yo.
                  Mi lengua se encuentra atrapada entre mis labios, eso me ayuda a que las cosas me salgan bien, o eso creo yo. No importa si estoy leyendo, escribiendo o bailando, mi lengua se encuentra entre mis labios. El problema es que a mi maestra de ballet no le gustaba. Ninguna bailarina se ve bien con la lengua de fuera, me repetía siempre y estoy segura de que si aún bailara ballet me lo seguiría diciendo.
       Decía que era como si besara a un mudo, ¿los mudos besan así? Nunca he besado a uno pero en mi imaginación ellos besan como cualquier persona normal. Siempre que pienso en eso la pregunta de cómo besa un mudo llega a mi mente, otra duda que llega a mi mente es ¿se ve desde el tercer palco del teatro degollado mi pequeña lengua de fuera? No creo que alguien tenga la vista perfecta o la malicia de escoger entre todo el cuerpo de baile y los pasos ver solo mi lengua de fuera.
                  Si las manías son cosas que sentimos como una ayuda, ¿que tienen qué les molesta tanto a las personas ajenas a ellas? Estoy segura de que mis pensamientos, mi cabello trenzado y mi lengua no lastimarían a nadie. Bueno, al menos no físicamente. De hecho no creo que ninguna manía mía o de otra persona llegaría a lastimar a alguien, son comportamientos inconscientes que hacemos cuando estamos más unidos a nuestra consciencia.
      Tengo una liga en mi muñeca, la estiro, la giro, la enredo en mis dedos, me la quito. Ahora la liga está entre mis dedos, la enredo, la estiro, me la vuelvo a poner, la giro sobre mi muñeca. Mientras hago esto (enredarla, no escribir este ensayo) mis amigas están hablando, creo que hablan de algo gracioso que vieron, pero mi mente no quiere cooperar, ha decidido dejar de escucharlas y mejor me lleva de viaje. A veces viajamos al futuro, pero la mayoría de veces es al pasado. Otras solo me lleva a un gran cuarto blanco en el que no estamos más que ella y yo. Cuando regreso mis amigas me miran expectantes, creo que es mi turno de hablar, así que solo digo que sí y me río para después asentir. Ellas me miran y vuelven a comenzar a hablar.
      No solo me pasa cuando estoy en una conversación con ellas, también me pasa cuando mi psicóloga habla sin parar, cuando mi mamá me deja en la fila del súper sin dinero y estoy a poco turnos de ser la siguiente y cuando paso bastante tiempo sentada en un medio de transporte.
      Esta es la peor de mis manías, bueno no la peor, eso querría decir que es mala y realmente no tiene nada de malo. Solo demuestra que estoy muy nerviosa o algo llega a ser demasiado para mi yo consciente y mi yo inconsciente hace eso como forma de defensa, o eso quiero creer. Me pregunto si esto les molesta a mis amigas, a mi psicóloga o a mi mamá. No quiero que piensen que las ignoro, o que no me interesa de lo que hablan, solo es algo que hago y de lo cual aunque me gustaría no tengo control.
      Mis manos sudan, demasiado, también están heladas, como si hubiera estado sosteniendo un hielo. Tomo un papel, lo arrugo, trato de alisarlo, hago la mayor cantidad de dobleces que puedo. Dejo el papel y me secó las manos. Ahora las llevo a mi boca y mordisqueo mis uñas, pero sin llegar a romperlas. Sé que eso indica que estoy nerviosa, muy nerviosa, aunque yo me diga que estoy tranquila, mis manos no mienten.
      Me pregunto cómo es que nuestro inconsciente sabe más que nuestro yo consciente, ¿por qué en una guerra de voluntades nuestra mente es más fuerte que nosotros? También me pregunto si fui yo primero y después llegaron mis manías o si ellas estaban ahí y entonces llegué yo. Ellas nos eligen a nosotros o nosotros a ellas, si yo elegí a mis manías, ¿En qué momento fue? ¿En qué momento mi inconsciente empezó a tomar tanta fuerza hasta estar presente cuando estoy consciente?
      A veces pienso que mis manías estaban ahí desde que nací, que de cierta forma al nacer ellas eligen cuáles serán y solo esperan a ser manifestadas. Otras veces me digo que eso no puede ser posible, que debieron de haber situaciones, posiblemente en las que estaba nerviosa como la primera vez en una montaña rusa, mi primera vez en un camión y por eso mi mente se puso a pensar en posibles escapes.
      Trato de recordar cuándo fue la primera vez que apareció cada una de mis manías y no logro recordar, ni logro recordar cuánto tiempo llevan conmigo, de hecho creo que han ido cambiando con el tiempo, al igual que yo.  Quizá en unos años ya no trenzaré mi cabello, o ya no usaré ligas en mis muñecas, o mi lengua al fin se quedará adentro cuando necesite concentrarme.
      Quizá en unos años mis manías vayan a ser otras, una versión mejorada de las que son ahora, así como yo en unos años espero ser una mejor versión de mi yo actual. Y sé que nunca podré saber de donde nacieron mis manías (bueno quizá esta es una exageración y si le pregunto a un psicólogo si obtendré respuestas), ni sé a dónde irán. Pero si sé que ellas son parte de lo que me hacen ser yo, son algo que si no precisamente me hacen distinguirme de entre las personas si me hacen sentirme como si fuera alguien única. Porque son mías, de nadie más, y yo soy de ellas. Porque yo soy mis manías y ellas son yo. Nadie más.

 
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