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Primera lectura / De adentro hacia fuera: el amor de María / Luis Armenta Malpica PDF Imprimir E-Mail

Primera lectura / De adentro hacia fuera: el amor de María / Luis Armenta Malpica

Como editor, procuro no hablar de un título publicado en Mantis Editores o en el cual tuve que ver de manera cercana y objetiva. Sin embargo, esta imposición resulta muy injusta cuando se trata de un libro que, en otro sello o bajo el cuidado de alguien más, me atraería enormemente al considerarlo un libro imprescindible para el catálogo de la literatura contemporánea en general. Entonces, me disculpo de antemano y voy a darles una opinión sucinta acerca de El amor de los enfermos,de María Auxiliadora Álvarez, séptimo título de la colección Otras Tradiciones, con la cual honro la memoria de John Ashbery e intento, desde hace un par de años, una panorámica viva de la poesía que se escribe en los países de lengua castellana. Muestreo que llevo con más calma de la que yo quisiera, pero no siempre resulta fácil elegir a uno o dos poetas de los que nos parecen más interesantes de cada país e, incluso, por desconocimiento de lo que se realiza en otras partes de nuestro continente. Por lo tanto, agradezco de manera especial la labor que realizan otros colegas, en especial el trabajo de La Otra, a cargo de José Ángel Leyva, en su espléndida colección 20 del xx, que antologa a veinte escritores de cada país o de otras lenguas.
      Hay tanto afuera en la obra de María Auxiliadora Álvarez que, luego de publicarle Cuerpo y Paréntesis del estupor (2011), en el cual reunimos el primero y en ese entonces el último e inédito título de poesía de la autora venezolana, decidí publicar su obra completa. Tarea nada fácil, pues María es muy prolífica y, además, se ha ido decantando de los temas domésticos hacia lo espiritual. En 2016, con Gustavo Íñiguez a la cabeza de la colección Otras Tradiciones, optamos por integrarla como una de las voces sobresalientes de su país. María Auxiliadora radica en los Estados Unidos y tal vez eso influye para que su trabajo se haya decantado hacia una búsqueda interna, sí, pero también de aquello que ella ensaya como académica en la Universidad de Miami en Ohio: lo sacro y lo divino. Un discurso tan hondo en el dolor y el abandono, pero de tintes emocionales y honestos, que la han consolidado como referente mayúsculo dentro del panorama femenino, incluso feminista, de la actual literatura en castellano.
      En la obra de María Auxiliadora encontramos el tono poderoso, la voz entrecortada, el texto fragmentario e inclusivo de muchas otras voces. ¿Qué la define entonces? Me parece que justamente es El amor de los enfermos, título al que llegamos juntos luego de confrontar algunos otros y que enmarcan, pero no delimitan, el espacio que va de Ca(z)a al Páramo solo y finalmente Las regiones del frío. En efecto, la primera casa del Cuerpo de María Auxiliadora ha sido un golpe en la cabeza del lector que la sigue: se trata de un dolor contundente, ambulatorio, clínico, nunca explorado con tamaña crudeza y parquedad. Existe, sí, el Hospital Británico, de Héctor Viel Temperley, como un antecedente masculino, con su carga terminal y sagrada. En la mujer, en la madre pariendo, esa feminidad escurre todo su espumarajo, su voz sanguinolenta, su ordeña involuntaria, con palabras hirientes como una disección en carne viva. El bisturí es María. Quien la auxilia es María. De allí el doble dolor, la agudeza que cierra la faringe y nos coloca un lápiz en la boca para que no mordamos nuestra lengua, la que todo nos dice, la que acaso nos calla, nada más de mirar lo que trae la mujer en el sin par momento de ser madre.
      Ca(z)a (1991) da cuenta de otra asfixia materna. No el parto, pero sí los deberes que son la consecuencia, como en la siguiente terapia motriz para un bebé:

5

cae

                             agarrarlo por los hombros tirarlo      tronco y cabeza
                                   devolverlo hacia abajo           con los brazos adelante
                                   boca arriba                    arrodillado de espaldas empujarlo
                                   por los tobillos             hundirle la columna acostado
                                   frente a mí           con las piernas abiertas sostenidas
                                   en mi cadera                                                       saltarle los muslos
                                   desde las rodillas    boca abajo     pasarle los brazos
                             bajo el pecho                        rodarlo como barriendo

                                                                                                                             el piso
      Son la boca y los ojo los que van conduciendo a las Yeguas por ese hilo de agua que cae y sube y baja para cerrar el libro tan sólo con preguntas. Caza también, porque hay un símbolo que se persigue a lo largo y lo alto de este libro: el ave, el amor de los grandes pájaros, ya que es el amor el tono principal y la preocupación primaria de María Auxiliadora a lo largo de todo su camino por las letras. Lo que no exime el juego en algunos poemas, como en «Un hombre pobre».
      Páramo solo (1999) habla de otra madre y del padre, familia sin hogar, pero lengua continua que viaja hacia el centro del mundo:

en lo más lejos
      el pájaro es el triste
      el desnudo
      el sin plumas

allí
      lo horada

una gota de luz
      por el centro del mundo

una sola gota
      para que no muera
      de sombra
      lo más conmovedor
      es el verde imposible
      a su alrededor
      más claro
      que el lecho del río
      más claro
      que la hoja por dentro
      transparente
      más claro
      que la sangre lavada

en los extremos
      de las ramas
      aparecen
      inesperadamente
      los temblores
      del brillo

el brillo
      de lo que ya no existe

En este libro, el lenguaje de la poeta ha cambiado: no se dispersa por la página ni recurre a los cortes o planteamientos corales y distintos. Confía en la sequedad de su argumento, en el pequeño mundo en el que se desenvuelve la familia para ir dejando un pájaro en el aire, un cielo sin estorbos, sin aquellas palabras que no digan de una manera sobria la soledad terrena.
      En último lugar, lo externo se hace línea de horizonte y de la página en Las regiones del frío (2007). Con un fragor intenso, un lenguaje más crudo y con sonoridades rudas, María Auxiliadora se aleja de ese amor por la familia para indagar en la idea más allá de la muerte y del asesinato en lo sobreviviente. No es nada más lo humano lo que se hace cenizas; el cielo de la piedra y el paisaje asumen de lo humano la inestabilidad para seguir a ese «pájaro de sed» que ha sido una constante para armar este tramo del camino de la autora también de Piedra en :u:

No de toda lágrima desciende un cuerpo de agua cristalina

no toda lágrima es un pájaro de sed. No toda lágrima es lluvia

                                                                                                                                         [de reverdecer:

algunas flores poseen un aroma de náuseas

Las regiones del frío deja en claro que la resurrección es más humana si cantamos, que así somos mejores. Y este libro es muy grande justamente por eso: María Auxiliadora es toda amor, aunque a veces de tanto que nos dice nos enferme con esa realidad que no soslaya, que no entibian sus ojos, que no intenta ocultar sino mostrarla, decirla, cantarla, aunque sea con ramalazos de aliento, un hilo de agua y voz, un paliativo. En este respirar lo helado de las cosas volvemos a la tierra, a la madre, al Cuerpo que nos abriga y guarda con un traje celeste. Al paréntesis en el cual refugiamos lo que todavía no es canto, pero así nos asombra. Al auxilio de creer en María, la adorada María, en cuerpoy estupor.


 
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