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El retrato de Güzin / Gil de Carvalho PDF Imprimir E-Mail

El humo de la oración corre despacio en este frío del barrio de Bukharian

Turcos y otomanos me dieron trabajo. Y hoy, rusos y americanos
La piedra es eterna dice una inscripción en ellos —en la niebla
Es así que se da, en el sentido simple
—No es fácil hacer tu retrato.
Cuando vienes a la puerta del café y observas la primera estrella,
Allá en lo alto. Un día serás así, esbelta, mas tendrás que escoger entre
La ropa usada, la buhardilla, el muro y la cisterna.
Una vez lo dijimos, cuando el escarabajo subía el muro ciego
Y un fígaro hacía la barba a un viejo cliente
—Ibas a buscar a tu padre.
A la espera de las hierbas amargas la zarcera cubierta en el alambre
Tú y ella y él en la estación de Haydar Pasa. Destruida, sin embargo.
Las mujeres, ninguna trabaja... Muerdes la lengua y todas las enseñanzas
Para cambiar de vida. Un poco a oscuras por dormir a la intemperie,
En las visiones. Todo este tiempo habían escondido no sé qué
En el marco del cuadro, pequeños datos, prestados, hilos de rosa tal  vez,
Dice que la nieve se quedaba toda la noche y partía al otro día en las zarceras
Cuando eran maltratadas.
Y la mujer del embajador no lograba dormir
(Junto a lugares santos de cristianos y musulmanes)
Usaban aceite y uno que brilla antes del faro
—Son siete u ocho
Las Pléyades. Esconden las casas más pobres del lado asiático
La Torre y el Ponentino, del frío. De una ciudad a otra, e incluso de una
Península a otra nunca ha habido sino este pequeño pasaje: un ponticello
Dice el rabino. Tiene una naranja en la mano y habla contigo junto a la «Chacruta»
—Abraham ha-Ivri.
El tiempo ha cambiado. El clamor de las pequeñas turcas en la minúscula plataforma
Y la ruda en la cerca dio a las judías tiempo para la oración
 Ahuyentando cobras y serpientes, y las imágenes.
—El retrato no se vende.
Una muchacha escurridiza como tú, el acceso era a través del patio
Sospecho tal como España. ¿Cómo hacer de ti un estudio?
Mientras tanto caminas descalza por el suelo gastado, otomán
Para despertarte, vas a la derecha al pozo de agua muy fría
Con el pasillo junto a las armas
Es una letrina que apesta en el pequeño patio bajo, el quemado
Un acebo venido de la península
A través del cual la pequeña ciudad de cobre descansa en el mar.
Y en esta niebla por la calle que a codos se descubre
Un rincón que subsiste así todavía, abandonado:
Un poco de agua que no se ve de dónde pueda venir
Ni para dónde va. Traer el tiempo que está afuera
Hacía a la perfección el rostro. Las marcas en las otras
Y los números, con un poco de tinta. Era preciso
Abrir las granadas. Y la hierba en los tejados de Estambul
Arden rápidamente.

Así es como aprendemos algo que no se olvida
Vender (por una sinrazón)
Lo que encontramos en las calles y en los años de occidente
—Por donde va la oración...
Si te ves al espejo te gustas, no creías que
Las piedras faltaran en la calle, traídas al patio
A sujetar el limonero y un limón.
Quería hacerte el retrato, rápidamente. Como los chinos.
«Já vou» —Pero tú no, porque hay o había una pequeña trampa
Entre el café y la tabaquería donde vas —y en la pintura
Una pequeña fotografía del Estrecho, gris, para las que habían
Como tú dejado todo atrás o algún defecto.
Tú sabes y quién sabe...
Es un lugar encantador, tocado, de aquellos
A los que la historia tanto les gusta dejar pasar
Para luego acusarlos que así vivieron de —
¿Qué bufones tenemos hoy a comer de las cosas más simples?
Pequeñas hierbas me dieron siempre,
Y manzanas, la lengua, el tiempo, ya desde los Balcanes.
Usan muchas reservas es verdad, turcas y otomanas
Y ciertos protocolos que tienden a permear las supersticiones
Más raras, pero son valientes, conocen los días, que nunca
Aceptan por ayer y lo hacen todo de frente —las ejecuciones, por ejemplo.
Espirales, sacando del cobertizo iconos, ídolos, imágenes
Que trajimos de lejos, por qué venden impiedad
—Si no viene en el cuadro
(Siempre me dieron trabajo)
Y cuidado con el lápiz podría venir el sismo de repente.
Aunque profano no lo vendo, no, si es para nosotros
Un refugio, el abandono del exilio, un resto
Aunque de paganismo
Ah, lo tituló.
Aprendo de tu vida el destino y el saber pequeño, olvidado
Escribo de devoción lejana y el próximo invierno me contentaré
De una pequeña oración y del humo y de la nieve
En el barrio de Bukharian.

Versión del portugués de Rocío Cerón

__________
O Retrato de Güzin
O fumo da prece vai devagar correndo este frio de Bukharian Quarter / Turcos e Otomanos deram-me trabalho. E hoje, Russos e Americanos / A pedra é eterna diz uma inscrição deles — na névoa / É disto então que se trata e no sentido da simplicidade / —Não é fácil fazer o teu retrato. / Quando vens à porta do café e observas a primeira estrela, / Lá em cima. Algum dia serás assim, esguia, mas terás de escolher entre / A roupa usada, a lucarna, o muro e a cisterna. / Já uma vez o dissémos, quando o escaravelho subia o muro caiado / E um figaro fazia a barba a um velho cliente / —Ias ou iam buscar teu pai. / À espera das ervas amargas a toutinegra coberta no arame / Tu e ela e ele na estação de Haydar Pasa. Destruída, entretanto. / As mulheres, nenhuma trabalha... Mordes a língua e a todas ensinas / A mudar de vida. Um pouco escuras por dormirem ao relento, / Nas enxergas. Todo este tempo tinham escondido não sei o quê / Na moldura do retrato, pequenos dados, emprestados, fios de rosa talvez, / Diz que a neve ficava a noite toda e parte do outro dia nas lucarnas / Quando eram maltratadas. / E a mulher do embaixador não conseguia dormir / (Junto a lugares santos de Cristãos e Muçulmanos) / Usavam azeite e um que brilha antes do Farol / —São sete ou oito / As Plêiades. Escondem as casas mais pobres e do lado asiático / A Torre e o Ponentino, do frio. De uma cidade a outra, e mesmo de uma / Península a outra nunca houve senão esta pequena passagem: um ponticello / Diz o rabino. Tem uma laranja na mão e fala contigo junto à «Chacruta» / —Abraham ha-Ivri. / O tempo mudou. O clamor das pequenas Turcas na minúscula plataforma / E a arruda no cercado deu às Judias tempo para a prece / Afugentando cobras e serpentes, e as imagens. / —O retrato não se vende. / Uma rapariga escorreita como tu, o acesso era através do pátio / Suspeito tal como na Espanha. Como querer de ti fazer um estudo? / Enquanto andas descalça pelo soalho gasto, osmanli / Para te acordar — vais direita ao poço de água muito fria / E todavia o corredor caiado junto às armas / É uma sentina que cheira no patiozinho baixo, a ardido / Um azevinho vindo da península / Através do qual a pequena cidade de cobre descansa no mar. / E neste nevoeiro pela rua em cotovelo se descobre / Um recanto que subsiste assim ainda, abandonado: / Um pouco de água que não se vê de onde possa vir / E para onde vai. A trazer o tempo que está lá fora / Fazias na perfeição o rosto. As marcas nas outras / E os números, com um pouco de tinta. Era preciso / Abrir as romãs. E a erva nos telhados de Istambul / Arde depressa. // Foi assim que aprendemos algo que não esquece / Vender (por uma sem-razão) / O que encontramos nas ruas e nos anos de ocidente / -—Por onde vai a prece... / Se te vias ao espelho gostavas e não acreditavas que / As pedras faltassem na calçada, trazidas para o pátio / A segurar o limoeiro e um limonete. / Queria fazer-te o retrato, rapidamente. Como os Chineses. / «Já vou» -— Mas tu não, é, porque há ou havia um pequeno alçapão / Entre o café e a tabacaria onde tu vais — e na pintura / Uma curta fotografia do Estreito, cinzenta, para as que tinham / Como tu deixado tudo para trás ou algum defeito. / Tu sabias e quem sabe... / É um sítio encantador, tocado, daqueles / Que a História tanta gosta de deixar passar / Para logo se acusar os que assim viveram de -— / Que bufões hoje temos a comer do chão mais simples / Pequenas ervas me deram sempre, / E maçãs, a língua, o tempo, já desde os Balcãs. / Usam de muita reserva é verdade, Turcas e Otomanas / E certos protocolos que têm de permeio as superstições / Mais raras, mas são corajosas, conhecem os dias, que nunca / Aceitam por ontem e fazem tudo às claras — as execuções, por exemplo. / Espairecem, tirando do cobertizo ícones, ídolos, as imagens / Que trouxemos de longe, por que impiedade vendem / —Se não vem no retrato / (Sempre me deram trabalho) / E cuidado com o lápis pode vir o sismo de repente. / Embora profano não o vendo, não, se é para nós / Um refúgio, o abandono do exílio, um resto / Embora de paganismo / Ah, lo titgodédou. / Aprendo da tua vida o destino e o saber pequeno, esquecido / Escrevo da devoção longínqua e o próximo Inverno me contentam / E de uma pequena prece e do fumo e da neve / Em Bukharian Quarter.



 
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