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Tamara y la catarina [fragmento] / Lucía Carreras PDF Imprimir E-Mail

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1 Int. casa Tamara / principal y cuarto — amanecer                                 

La silueta de un par de lagartijas inmóviles entre piedras, tierra, ramas y algo de pasto, en un ambiente de penumbra, pero alguna luz lejana las ilumina.

Los morenos dedos de un hombre tamborilean nerviosos sobre sus propias rodillas.

Un chico moreno mira al frente, pensativo. Gira su cabeza hacia un costado y fija sus ojos en algo.

Sentado sobre un catre, el chico no quita la mirada de una puerta cercana a él. El espacio es humilde y apenas lo ilumina un foco pelón que cuelga de un cable en el techo. En el breve espacio hay una puerta abierta que es hacia donde él mira y otro espacio aislado por una hechiza separación hecha con una sábana.

Decidido se levanta, de abajo del catre saca una gastada mochila; sin cuidado y apresurado, guarda en ella ropa que saca de una gran caja de cartón. Esta caja, que fue de una lavadora o estufa, hace las veces de armario y descansa junto al catre.

El chico se coloca una gruesa chaqueta, cierra la mochila y se la cuelga al hombro. Camina hacia el umbral de la puerta en donde tenía clavada la mirada. Se detiene ahí, observa con cierta tristeza hacia adentro. La penumbra permea el espacio. Duda por apenas un instante, pero se obliga a tomar valor.

Camina hasta una traqueteada mesa. Saca del bolsillo del pantalón un mínimo fajo de billetes. Lo divide, es poco dinero. Guarda una parte en su bolsillo, medita un instante, vuelve a sacar lo que guardó en su bolsillo y toma unos cuantos billetes más. Coloca el fajo debajo de un florero viejo y roto que adorna la mesa, y guarda el mínimo restante en su pantalón. Se va, lo sabemos por el sonido de sus pasos que se alejan, la luz que se apaga y la puerta que abre y cierra. El silencio vuelve.

Y es aquí que conocemos que en el cuarto en penumbra, en una cama pequeña, duerme alguien que por el largo del cabello nos hace pensar que es una mujer.

 

2 Ext. calle barrio 1 — amanecer                                                                             

Las grises construcciones se pintan de un tono cálido con el sol que apenas sale. Las farolas y algunas luces de casa se apagan. El chico moreno, enfundado en su gruesa chaqueta y con la mochila al hombro, camina apresurado y con la cabeza gacha por la desolada calle. Sólo un desenfadado perro callejero se cruza en su camino.

El chico baja la velocidad, mira un momento hacia atrás, aprieta el paso. Pronto sabremos que este chico se llama Paco.

 

3 Int. casa Tamara / principal y cuarto — día                                                   

En primer plano una pecera sin agua que tiene piedras, tierra, ramas, pasto y algo de hojas secas. Unas pocas lagartijas dentro, inmóviles. Un despertador suena y en el fondo, fuera de foco, alguien se mueve en la cama. La luz matutina inunda el minúsculo espacio que funge como habitación.

Una mujer morena, que raya los cuarenta, despierta. El espacio es humilde y la decoración algo infantil. En paredes y sobre los muebles hay objetos y juguetes con figuras de catarinas, así como dibujos que parecieran hechos por un niño y que tratan de representar al animal.

La mujer se mueve con pereza. Se toma su tiempo. Se levanta, va hacia la pecerita que descansa sobre una vieja cajonera y bajo la cual hay una carpetita bordada con colores estridentes.

Acerca mucho su rostro y observa, sonriente, a los animales. Su actitud nos revela que algo no corresponde a su edad e iremos descubriendo que esta chica, Tamara, sufre de retraso mental. El despertador no deja de sonar.

Tamara sale de la habitación. Topa la cama vacía de Paco, el chico moreno que abordó el autobús.

Tamara
¿Paco ?
 
Lo busca con la mirada, se asoma a un espacio que hace las veces de baño.

Tamara
¿Paco ?

No hay rastro del joven. Se confunde. El despertador suena a lo lejos. Camina hacia la puerta, la abre, solamente saca la cabeza. Cierra, duda en su rostro. Mira a su alrededor, poco segura de qué hacer.

 

4 Int. casa Tamara / baño — día                                                                                                       
Espacio gris de bloques de concreto y cemento. El único mueble es un escusado blanco muy percudido, que tiene el tanque cubierto por una tabla de madera sobre la que descansa una toalla rosa, vieja y gastada. Durante toda la secuencia, a lo lejos, suena el despertador. El lugar, que es oscuro, se ilumina apenas por la luz del sol que entra por una pequeña ventana.

En una esquina, una cortina plástica y rota aísla un pequeño recoveco que trata de hacer las veces de ducha.

Tamara, ya sin ropa, frente a ella un tambo metálico lleno de agua, una palangana dentro de éste con la que la chica toma bastante agua y se moja el cabello.

Del suelo levanta una botella de champú y sirve un poco en la tapa del mismo, con cuidado asegura que no se derrame.

Se echa el espeso líquido en el cabello, tapa la botella y la pone en el suelo. Se frota la cabeza de forma metódica, pero sin realmente lavar todo el cabello. Se toma su tiempo. Se enjuaga, sin precisión, con agua que toma del gran bote con la palangana. Tirita por el agua fría.

Con un jabón rosa y una esponja tipo estropajo, se enjabona el cuerpo. Aunque es cuidadosa en cómo lo hace, hay algo de errado en la forma. Insiste de manera particular en tallarse codos y rodillas.

 

5 Int. casa Tamara / principal — día                                                        

Envuelta en la toalla rosa y escurriendo agua, Tamara sale y observa el espacio, aún busca a Paco, al notar que todavía no hay nadie, camina hacia su habitación. El despertador aún suena a lo lejos.

 

6 Int. casa Tamara / cuarto — momentos después                                       

Sobre un viejo tocador, un peine plástico. Una mano lo toma.

El despertador aún suena.

Ya vestida, Tamara se peina frente al espejo. Se hace el partido en medio del cabello, la forma es peculiar, pues lo hace de atrás hacia adelante, lo que le impide verse en el espejo. Separa las mechas a cada lado, las acomoda con la mano. Pasa el peine para desenredar los nudos. Sus movimientos son torpes y algo toscos.

Recapacita en algo, va hasta el despertador y finalmente lo apaga.

 

7 Int. casa Tamara / principal — día                                                        
                 
La luz que se cuela por las pequeñas ventanas nos revela que ha salido por completo el sol.

Tamara pone la mesa para dos personas: platos, vasos, servilletas. Acomoda cada cosa con precisión y se asegura de darles el lugar adecuado. Su actuar es metódico.

De una bolsa de papel de estraza toma dos conchas de pan dulce y pone una en cada plato.

Abre la puerta de un viejo y destartalado refrigerador: un galón de leche, un paquete con jamón y un huevo, no más.

Saca el galón de leche, lo destapa, sirve leche en los dos vasos. Deja el galón destapado junto al fregadero. Se sienta. Mira a su alrededor. Espera. Nota el dinero que se encuentra bajo el viejo florero, levanta el florero y ve los billetes. Vuelve a colocar el florero sobre ellos.

Se levanta, va hasta la pequeña ventana en el área de cocina, se asoma, mira hacia un lado, hacia el otro. Vuelve a su lugar en la mesa, dudosa.

Espera un instante más, frustrada y con cierta actitud traviesa, da un par de pellizquitos a su concha. Decidida la toma, la sumerge en la leche y da un gran mordisco.

 

8 Int. casa Tamara / principal — más tarde                                      

Tamara prepara un sándwich. Se nota que sabe los pasos a seguir. Sin embargo, la limpieza y el orden no parecen ser algo a lo que preste atención.

Después de poner exceso de crema en uno de los panes, Tamara deja el contenedor abierto, muy cerca de unas hornillas eléctricas, y el cuchillo lleno de crema sobre la repisa.

Va al refrigerador, saca el jamón, toma un par de lonjas que coloca entre los panes. Envuelve el sándwich en una servilleta, con cuidado de que quede bien cubierto, como lo haría un niño. Mete el sándwich y un viejo termo dentro de una mochila-lonchera.

En el fregadero, algunos trastes sucios. Cerca, la crema abierta, el paquete de jamón y el galón de leche. Sobre la mesa los platos del desayuno, uno de ellos aún con la concha y el vaso de leche lleno.

Va hasta la puerta, se para ahí, mira hacia dentro, pensativa, tuerce un poco la boca y sale.

 

9 Ext. calle barrio 2 — día                                                                             

Tamara camina, mochila-lonchera al hombro. Mira las grises paredes con particular interés.

En su paso topa con algunos Transeúntes madrugadores.

Afuera de una de las casas una mujer mayor barre, es Doña Meche. Las mujeres no se miran, ni se inmutan por la presencia de la otra.

 

10 Ext. parada microbuses barrio — día                                             

En la esquina de la calle varias personas esperan. Entre ellos Tamara que observa un papel plastificado que tiene en la mano.

La chica voltea hacia el microbús que ya paró frente al grupo. La gente sube, ella está a punto de hacerlo pero se detiene, duda. Camina hacia el frente y compara el número de la ruta del camión con lo que tiene en su hoja plastificada.

El chofer la mira impaciente. Ella sube y paga.

 

11 Ext. / Int. tostadora de café — día                                                                     

Tamara llega con su mochila-lonchera al hombro. Sobre la cortina del local se lee «Tostadora de Café Amalia » . Entra.

Doña Amalia, mujer mayor de semblante hosco y facha de extranjera, hace cuentas tras el mostrador.

Lugar viejo, tradicional, de esos que pareciera que quedaron detenidos en el tiempo pero el desgaste siguió. A la entrada, frente al mostrador, cuatro mesas. En una de ellas un hombre mayor lee un periódico, mira a Tamara y le sonríe.

Hombre mayor
Buenos días, Tamara.

Ella apenas devuelve una torcida sonrisa, va hasta el mostrador apresurada, se mete.

Doña Amalia levanta la cabeza y le pone atención, la chica está a su lado con la cabeza gacha. La mujer mayor mira su reloj y luego a ella.

Doña Amalia
(maternal)
¿Qué ha pasado? Son las ocho y media, tú nunca llegas tarde.

La chica, algo culpable, sigue sin mirarla.

Tamara
Paco no estaba.

Doña Amalia, que parece entender que una respuesta como ésta no tiene mucho sentido, sonríe.

Doña Amalia
¿Y dónde es que está Paco ?

Tamara
No sé.

Doña Amalia asiente, acostumbrada a no entender muy bien.

Doña Amalia
Bueno, venga, levanta aquellas tazas.

Señala una mesa en la que hay un par de tazas de café capuchino vacías y sucias.

Tamara asiente, aún con la mochila al hombro sale de atrás del mostrador y va hasta la mesa.

Doña Amalia la sigue con la mirada. Antes siquiera de que Tamara alcance a levantar una de las tazas...

Doña Amalia
Con cuidado, ¿eh?

Tamara la mira y asiente. Toma las dos tazas, una en cada mano y aprieta fuerte los dedos para no soltarlas.

Camina mucho más despacio de lo que sería natural en ella. Clava los ojos en el suelo con el afán de no tropezarse.

Doña Amalia no le quita los ojos de encima.

Tamara va tras el mostrador y, sin perder el cuidado, logra dejar ambas tazas en el fregadero.

Doña Amalia vuelve a lo suyo y Tamara se da a la tarea de lavar las tazas con poca habilidad.

 

12 Ext. plaza pública — día                                                                            

Transeúntes que van y vienen apurados, personas en bancas, vendedores ambulantes que ofrecen a gritos ininteligibles sus productos. Mucho movimiento, tanto como es típico en el centro de la Ciudad de México.

En una banca, Tamara come su sándwich. Mira pasar a la gente sin inmutarse. Su ritmo cadencioso contrasta con la vorágine a su alrededor.

 

13 Int. microbús — atardecer                                                                                       

Es la hora pico en la ciudad. El colectivo atestado de pasajeros.

Al fondo, una pareja joven se entrega a un beso lleno de lengua.

Un albañil dormita con la cabeza recargada en la ventana. A su lado, una adolescente mira inexpresiva al frente, pero mueve ligeramente la cabeza al son de una música que escucha con unos audífonos.

Tamara va colgada del tubo, tomada con las dos manos. Lleva su mochila-lonchera al hombro.

Una chica de cabello largo la mira intrigada.

Tamara descubre los ojos de la chica, esboza una rara sonrisa.

La chica se voltea de inmediato, incómoda.

Delante de Tamara se despeja un espacio, pero ella no se inmuta, una persona la empuja molesta y le hace la seña de que se mueva. Ella obedece sin soltarse del barandal.

 

14 Ext. puesto de quesadillas — atardecer                                                                       

Doña Meche, la mujer que barría fuera de una casa por la mañana, es ayudada por un chico adolescente, larguirucho y un poco pazguato que se llama Quique, a montar un puesto a la orilla de una calle. Al fondo, tras ellos, un cerro plagado de grisáceas construcciones.

Sólo hay una pequeña mesa, unos cuantos banquitos, un anafre y una especie de plancha vieja y oxidada de las orillas. Muchos envases plásticos gastados, algunos de productos tipo crema Alpura, otros translúcidos, amarillentos. Un toldo azul algo raído es sostenido por mecates.

A lo lejos viene Tamara con su mochila-lonchera al hombro, mira atenta las paredes y el suelo. Pasa junto al puesto.

Quique
¿Qué ondas, Tamara?

Tamara se detiene no más de un instante y saluda al chico con la mano. Con recelo mira a la mujer mayor, que sigue en su labor sin prestarle atención.

Algo llama la atención de Tamara en una barda cercana al puesto. Atraída por aquello que está en la barda, avanza.

Doña Meche y Quique voltean a verla, curiosos.

La chica llega hasta la pared. Acerca su mano al muro y, con habilidad, atrapa una lagartija.

Los otros dos la observan intrigados.

Tamara sostiene la lagartija frente a sus ojos. Con ternura la coloca en la palma de su mano y la cubre con su otra mano. Sin reparar más en los otros dos, se aleja sonriente y con los ojos clavados en sus manos.

Quique mira a Doña Meche y hace una mueca divertida. Ella lo ignora y vuelve a su labor.

 

15 Ext. casa tamara — atardecer                                                                              

Tamara llega con la lagartija atrapada entre las manos. Trata de tocar a la puerta con las manos, pero sin separarlas para que la lagartija no escape. Al no obtener respuesta, toca dando pataditas con el pie, pero igual nadie abre. Medita un instante.

Toma a la lagartija por la base de cola, no se le vaya a romper. Con la otra mano, y no de la forma más sencilla, logra sacar de su mochila-lonchera unas llaves. Abrir la puerta se complica. Finalmente, abre y entra. Cierra tras ella con el pie.

 

16 Int. casa Tamara / principal y cuarto — continuo                                

Tamara cruza el espacio, apresurada, con la lagartija colgando de la cola. Va hasta el cuarto.

Llega a la pecera sin agua. Con un cuidado que ahora parece un poco extremo, mete a la lagartija. Le hace un cariño en la cabeza. Observa sonriente.

Se deshace de la mochila-lonchera, que deja sobre el viejo tocador.

Sale, mira el espacio, otra vez en busca de Paco, se asoma al baño.

 

17 Int. casa Tamara / principal — atardecer                                                    

A la mesa del gastado comedor Tamara espera inmóvil. Mira intermitentemente hacia la puerta. Sobre la mesa está lo que ella colocó en la mañana, el dinero bajo el florero e, incluso, la concha en el plato de Paco. Cae el sol.

 

18 Int. casa Tamara / principal y cuarto — noche                                        

Se ha hecho de noche. Tamara, aún sentada en la misma silla de la escena anterior, hace una mueca de fastidio, tal vez hasta un puchero, se toca la panza. Se levanta y va hasta el cuarto.

De la mochila-lonchera que descansa sobre el tocador saca un viejo teléfono celular decorado con algunas calcomanías de animales caricaturizados, tal vez catarinas.

Se sienta en la cama. Mira el aparato. Una de las teclas está marcada con barniz de uñas rosa frenético. Tamara aprieta esa tecla y se coloca el aparato en la oreja, espera.

Operadora (v.o.)
(grabación)
El número que usted marcó se encuentra apagado o fuera del área de servicio, le sugerimos llamar más tarde.

Baja el teléfono, mira las teclas, aprieta la de finalizar y, como si al repetir la marcación lograra un resultado distinto, aprieta una vez más el botón con el esmalte de uñas y coloca el aparato en su oreja. Obviamente...

Operadora (v.o.)
(grabación)
El número que usted marcó se encuentra apagado o fuera del área de servicio, le sugerimos llamar más tarde.

Tamara
Paco, ¿ya vienes?

Medita un instante. Se levanta.

Va al refrigerador. Mira el interior como si hubiera una variedad de cosas para elegir. Finalmente saca el único huevo. Deja abierta la puerta.

Toma una cochambrosa sartén. La coloca sobre una de las dos hornillas de una vieja estufa eléctrica. Cerca hay un bote de aceite, del que vacía una cantidad excesiva en la sartén, no sin derramar parte del mismo alrededor del área.

En ningún momento ha soltado el huevo, lo lleva en la mano que no usa para manipular las demás cosas. Mira pensativa la estufa, gira la perilla de encendido. Sin esperar a que el aceite se caliente, rompe el cascarón del huevo y lo echa en la sartén, parte de la cáscara también va a dar dentro.

 

19 Int. casa Tamara / principal y cuarto — noche                                        

Penumbra, el rojo vivo de una hornilla encendida sobresale. Grillos y sonido lejano de la ciudad. El catre vacío. Dentro de la única habitación, Tamara duerme.

 

20 Int. casa Tamara / principal — día                                                      

Tamara, peinada como cada día con el cabello aún húmedo , sentada a la mesa. Toma la concha del plato de Paco, la come a pellizcos, el pan ha perdido frescura. En la mesa ahora también hay un plato con restos de un huevo mal cocido. La chica se nota preocupada, algo triste y sin lugar a dudas hambrienta.

En el fregadero, más trastes. Alrededor, el vaso de leche, el galón, el jamón, la sartén con todo el aceite y restos de huevo y otras cosas más que han quedado fuera. La hornilla de la estufa eléctrica al rojo vivo. El lugar toma poco a poco un carácter más caótico.

Sobre una repisa está la mochila-lonchera. Tamara va hasta ella y saca su celular. Aprieta la tecla marcada con el esmalte, lo pone en su oreja.

Operadora (v.o.)
(grabación)
El número que usted marcó se encuentra apagado o fuera del área de servicio, le sugerimos llamar más tarde.

Tamara
¿Paco, ya vienes ?

 

21 Int. microbús — día                                                                                                           

El microbús va a reventar de pasajeros.

Una chica trata de delinear sus ojos frente a un espejo de mano, tarea nada fácil por el balanceo y los frenones del micro.

Rostros de algunos otros pasajeros que viajan ensimismados.

Una mujer madura, de cabello corto muy rizado, cabecea. Junto a ella, del lado de la ventana, Tamara.

En el asiento frente a ella está un señor con un niño de dos años. El niño, curioso, se asoma por el hombro de su padre. Mira a Tamara.

Ella se da cuenta y le esboza una sonrisa. El niño no responde, la mira serio. Tamara hace una cara chistosa, bastante extraña.

El niño le saca la lengua y se voltea dándole la espalda. Tamara se pone seria y baja la cabeza.

 

22 Ext. tostadora de café — día                                                                                  

Tamara, con su mochila-lonchera al hombro, espera. Doña Amalia llega, se saludan ad. lib. Amalia le entrega las llaves a Tamara y ella es quien, con parsimonia, abre el candado y levanta, con dificultad, la cortina.

 

23 Int. tostadora de café — día                                                                                                     
El hombre mayor en su acostumbrada mesa, con su acostumbrado café y, obviamente, su acostumbrado periódico. Tras el mostrador Doña Amalia acomoda un taburete y saca de su bolso un tejido de agujas con un estambre de un espantoso color amarillo.

Tamara apila pequeños platos de café de espaldas a Doña Amalia.

Amalia finalmente se trepa, no sin dificultad, al taburete. Echa una ojeada hacia Tamara y se voltea. Toma su tejido, cuenta, checa las puntadas y arranca a mover las agujas con habilidad.

Tamara apila un plato algo cuarteado, lo hace con más fuerza de la necesaria y el plato se rompe por la mitad. Asustada, gira la cabeza para mirar a Doña Amalia.

La mujer ya ha entrado en el trance natural de aquellos que tejen y no se inmuta. Al notarlo, Tamara se apresura a guardar los pedazos de plato en los bolsillos de su pantalón. Atisba una vez más hacia la mujer tejedora.

 

24 Ext. plaza pública — día                                                                            

La vorágine diaria del centro de México y su gente se revela una vez más. Entre la multitud, Tamara camina hacia la misma banca en la que la vimos antes.

Se sienta, tiene mueca de incomodidad en su rostro. Mete la mano al bolsillo del pantalón, saca un pedazo del plato que rompiera en la tostadora de Doña Amalia, lo mira, pensativa.

Saca también el pedazo de su otro bolsillo. Se levanta, va hasta un bote de basura, los tira y vuelve a la banca.

Con su acostumbrada parsimonia, saca el sándwich de su mochila-lonchera. Le quita la servilleta con cuidado. Da una mordida mientras mira a la gente pasar.

Va a dar un mordisco más, pero algo a lo lejos llama su atención, de esas cosas que superan hasta el hambre.

Apresurada, se levanta, dejando el sándwich sobre la banca, y camina a través de la plaza.

 

25 Ext. calle centro 1 — día                                                                         

Es una calle típica del centro de la Ciudad de México. Muchos comercios formales e informales. El apremiante movimiento de la gente que se arremolina inquieta y veloz por la acera y hasta en la vía.

Entre la agresiva marabunta, Tamara se abre paso con dificultad. La vista clavada en algo frente a ella.

 

26 Ext. calle centro 2 — día                                                                         

Los pies de Tamara avanzan.

Se detiene, mira algo frente a ella.

Es un vendedor en un puesto de tacos que lleva en las manos unos juguetitos rústicos de animales con ruedas.

Tamara se acerca a él. Se acuclilla y mira los juguetes. Toma uno, esboza una gran sonrisa. El juguete es una catarina.

Vendedor (o.s.)
¿Lo quieres ?

Tamara asiente sin mirarlo.

El hombre desenreda el juguete de los otros y se lo entrega. Ella lo mira ensimismada y sonriente.

Vendedor (o.s.)
Son diez pesos.

Tamara saca de su mochila-lonchera un monedero del que toma algunas monedas que coloca sobre su palma. Paciente, las observa.

El vendedor se exaspera un poco. Cuando el hombre casi va a tomar una de las monedas. Tamara se decide y le entrega una de diez pesos. Tamara guarda las monedas y pone el monedero dentro de su mochila-lonchera.

Feliz, la chica se levanta sin recapacitar más en el hombre y se aleja fascinada, con los ojos clavados en su nuevo tesoro.

 

27 Ext. calle puesto de revistas — día                                                                  

La catarina de juguete rueda por el suelo.

Tamara camina con la mirada fija en ella. A tal grado va ensimismada, que choca de frente con un transeúnte que la hace reaccionar.

Queda entre una multitud de gente que va y viene. Mira a su alrededor, trata de reconocer. Nada le es familiar. Se gira sobre sí misma, desorientada.

Perdida, algo de angustia asoma en su rostro. Se acerca a una mujer morena que camina cerca de ella.

Tamara
¿Dónde está la tostadora de doña Amalia?

La mujer la mira burlona.

mujer morena
Yo qué sé.

Tamara mira en todas direcciones. Camina unos pasos, se acerca a un joven que fuma recargado en una pared.

Tamara
¿Dónde está la tostadora de doña Amalia?

El joven se encoge de hombros.

Ella observa a su alrededor, aún trata de reconocer. Camina unos pasos, pero algo llama su atención al pasar frente a un puesto de periódicos, la angustia desaparece de golpe. Se acerca, mira fijamente lo que tiene frente a ella. La curiosidad y, hasta cierto punto, incomodidad en su rostro no se hace esperar.

Colgada con una pinza de ropa entre muchas otras publicaciones, está la imagen de un hombre masacrado en la portada de una revista tipo Alarma.

Tamara la observa con morbo, acerca la cara para ver el detalle. Se escucha el gorgoreo de un bebé. Abre la página y observa alguna foto en el interior. Un gritillo del bebé llama finalmente la atención de Tamara, quien mira hacia donde viene el sonido. Da unos pasos y se para frente al puesto, se asoma.

Dentro, oculta por unos cajones de plástico, una bebé de unos 6-8 meses recostada sobre una pila de periódicos mira a Tamara. No hay nadie más ahí dentro.

Tamara se interesa más en la niña, a quien le esboza una sonrisa. Se acerca y le muestra el juguete, lo agita frente a ella. La niña ríe y trata de tocar el juguete .

Tamara juguetea con ella. Mira a su alrededor

Gente que camina en todas direcciones, nadie voltea a verla.

Rodea el puesto, busca. Observa una vez más su entorno, nadie parece inmutarse. Vuelve la mirada a la bebé, conmovida.

Sin pensarlo, Tamara levanta a la bebé, que, divertida, sigue con la mirada el juguete. La chica se aleja sin dudarlo. Se las arregla para cargar a la niña con los dos brazos sin soltar el juguete y con su mochila-lonchera al hombro.

El puesto queda atrás, vacío.

 

28 Ext. calle centro 3 — día
                                                                                                           
Tamara camina con la bebé en brazos, mira hacia todos lados, trata de ubicarse. Se detiene, cansada.

Se sienta en un escalón y, como si fuera una muñeca de trapo y sin poner cuidado, deja a la bebé en el suelo.

De su mochila-lonchera saca un papel plastificado. Toma todas sus cosas, incluyendo a la bebé, y se para con dificultad.

Mira a su alrededor pensativa. Un barrendero, que empuja dos grandes botes con ruedas, pasa frente a ella.

Tamara
¿Dónde pasa éste ?

El hombre tarda en descubrir de dónde viene la voz. La chica le muestra el papel y señala con el índice algo en él.

El barrendero se acerca a ella y mira el papel.

El hombre voltea hacia un lado de la calle. Señala con la mano mientras habla.

Barrendero
Si caminas dos cuadras para allá encuentras Independencia, por ahí pasa ese micro.

Tamara mira en dirección a donde el hombre le señala. Luego voltea a verlo, confundida.

Algo no está bien con la chica y el barrendero se percata de ello. Tarda en decidir, pero a pesar de la impaciencia...

Barrendero
Ven, yo te llevo.

La forma en que Tamara carga a la bebé es extraña y complicada.

El barrendero empuja sus botes y Tamara avanza a su lado, la mira curioso.

Barrendero
¿Es tu hija ?

Tamara niega con vehemencia. Siguen caminando.

Barrendero
¿Tu sobrina ?

Tamara vuelve a negar.

El barrendero no parece muy interesado en seguir indagando la extraña relación ante sus ojos. Se alejan calle arriba.

 

29 Int. microbús — día                                                                                                           

Tamara sentada junto a la ventana. Tiene a la bebé en las piernas y la mira sonriente. Luego observa su nueva catarina.

Algún pasajero mira la escena morboso.

Acerca el juguete a la ventana, lo mueve ligeramente, pareciera que el bicho camina sobre las construcciones que están en la calle.

La bebé da un tremendo berrido y larga a llorar.

Tamara la mira sin hacer nada.

Algunos pasajeros observan la escena y menean la cabeza, incómodos. Los berridos de la niña suben de intensidad.

Tamara echa una ojeada a su alrededor, busca apoyo en algún pasajero.

Las muecas de fastidio no se hacen esperar.

Tamara se angustia y hace un puchero. Con el afán de evadir las miradas, clava los ojos en el suelo.

 

30 Ext. puesto de quesadillas — atardecer                                                                       

Tamara camina, apresurada, con la bebé en brazos. Pasa frente al puesto.

Doña Meche está ahí, prepara masa. Quique, el chico pazguato que la ayuda, junto a ella pica cebolla al ritmo de la música que escucha en sus audífonos. El llanto de la bebé llama la atención de Doña Meche, Quique ni se entera.

La mujer mayor alcanza a ver a Tamara de espaldas alejándose por la calle.

 

31 Ext. casa Tamara — atardecer                                                                             

Tamara con la bebé en brazos llega a la puerta. Trata, sin éxito, de sacar su llaves de la mochila-lonchera, al no lograrlo, opta por poner a la bebé y el juguete en el suelo. La bebé queda muy cerca de una maceta.

La niña aún lloriquea, pero eso no la detiene de meter la mano en la tierra y llevársela a la boca.

Mientras tanto, Tamara logra abrir la puerta. Levanta a la bebé y el juguete, entra.

 

32 Int. casa Tamara / cuarto — atardecer                                                         

Tamara deja, sin el más mínimo cuidado, a la bebé sobre la cama, cerca de la orilla. La niña parece más tranquila o tal vez cansada de llorar, puesto que solamente emite un ligero llanto entrecortado por suspiros.

Tamara coloca su mochila-lonchera en el tocador. Abre uno de los cajones del buró, escarba dentro de éste y saca de él una cinta adhesiva.

Va hasta una pared y pega el nuevo juguete catarina junto con otras figuras que ya decoran el espacio.

Contempla encantada la pared. Se gira y se topa con la bebé, que aún gimotea.

Tamara se pone de rodillas en el suelo frente a ella.

Tamara
(curiosa)
¿Por qué lloras tanto ?

Se acerca un poco a ella y siente un olor desagradable. Con la cara busca de dónde viene, descubre que es de los pañales.

Con dificultad logra encontrar cómo quitarle los pantaloncillos a la bebé. Se encuentra con el pañal. Observa con detenimiento, trata de jalarlo para sacárselo pero no tiene éxito. Lo jala con más fuerza hasta que logra bajarlo hasta las piernas.

Tamara mira sorprendida la mierda en el pañal, el cuerpo de la bebé y hasta las piernas. Le quita por completo el pañal y lo observa. Piensa, se levanta y de un cajón saca una toalla. Aún con el pañal en la mano.

La bebé toda pringada de las piernas.

Tamara se sienta en la cama y trata de limpiarla, sin soltar el pañal que sostiene con la otra mano. Más allá de lograr algo, termina por embarrarla más, ensuciarse ella y llenar parte de la colcha de la verdosa mierda.

Tamara pone la toalla frente a su cara, está totalmente sucia. La hace bola y la tira en un pequeño basurero junto con el pañal.

Mira a su alrededor, luego a la bebé, se acerca a ella y la levanta. La carga algo alejada de su cuerpo y sale.

 

33 Int. casa Tamara / baño — atardecer                                                               

La cortina se abre. Tamara pone sin cuidado a la bebé en el suelo, que aún lleva puesta la parte de arriba de su ropa y tiene las piernas llenas de mierda.

Tamara se acuclilla a su lado. Toma la palangana y le echa agua. La bebé se estremece ante lo frío del agua y gimotea. Le echa más agua, es obvio que así la mierda no se va a quitar.

La chica se levanta, toma el estropajo y el jabón. Se vuelve a acuclillar y se da a la tarea de limpiar con ellos las piernas de la bebé. Sabemos que Tamara no es muy diestra haciendo esto con ella misma, por tanto, con la bebé es aún peor. La bebé llora y Tamara parece algo desesperada ante toda la situación.

 

34 Int. casa Tamara / principal y cuarto — noche                                        

Adherida al suelo por un sistema de ventosa y resorte, una catarina de plástico. La ventosa se suelta y el juguete da un brinco. Se escucha un grito divertido de la bebé.

Tamara tirada de panza en el suelo, frente a ella la bebé que sólo lleva puesta una gigante camiseta. Entre las dos se encuentra el juguete. Tamara lo vuelve a adherir al suelo, brinco de juguete, risas de bebé.

Tamara se incorpora, mira a su alrededor, pensativa.

Deja a la bebé en el suelo y va hasta el área de cocina. El desastre del lugar es evidente. La hornilla sigue al rojo vivo y el bote de crema que estaba junto a ella se ha derretido por completo.

Tamara mira todo, busca qué comer. En un movimiento su brazo alcanza a rozar la hornilla. El grito de dolor de Tamara no se hace esperar, se le arrasan los ojos. Una sensación de desamparo se hace evidente. A punto de llorar, pero se contiene, trata de no hacerlo. Se agacha y apaga la hornilla.

Descubre el paquete de jamón que dejó fuera del refrigerador. Esto parece calmarla un poco. Toma una rebanada, la muerde y de inmediato la escupe asqueada, se echó a perder.

Mira alrededor, es obvio que no hay nada para comer. Va al refrigerador, no necesita abrir la puerta, pues antes la dejó así. Le toma sólo un golpe de mirada saber que dentro no hay absolutamente nada. Lo deja abierto una vez más.

En el cuarto, la bebé tirada en el suelo, panza abajo, se arrastra como una lagartija tratando de jugar con el chuncho de ventosa.

Tamara entra. De la mochila-lonchera que descansa sobre el tocador saca su celular. Se sienta en la cama sin poner atención a la bebé. Aprieta la tecla marcada con esmalte de uñas rosa frenético. Pone el teléfono en su oreja y espera.

Operadora (v.o.)
(grabación)
El número que usted marcó se encuentra apagado o fuera del área de servicio, le sugerimos llamar más tarde.

Tamara
Paco, no hay comida.

Tamara baja el celular. Queda ahí, espera, sin reparar en la bebé, que intenta ponerse de pie, sin éxito, tomándose del mueble sobre el cual descansa la pecera sin agua con lagartijas l

Tamara y la catarina
Guion cinematográfico y dirección: Lucía Carreras
Producción: Sandra Paredes, Ana V. Bojórquez
Fotografías: Claudia Cuevas
Diseño de Cartel: Alejandro Magallanes



 
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