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Entrevista con Mayes C. Rubeo / Víctor Ortiz Partida PDF Imprimir E-Mail

 

Festival Internacional de Cine en Guadalajara


«Que la belleza del vestuario brille con la mayor discreción posible»


 

Telas, colores, texturas, capas de material, collares, brazaletes, sombreros, zapatos: todas las prendas que definen a un personaje en la historia que se narra en una película son diseñadas por Mayes C. Rubeo, quien, este 2016, celebra veinte años de su primer proyecto como jefa de departamento de diseño de vestuario —el film de ciencia ficción Han llegado (The Arrival), aunque su carrera en el mundo del cine comenzó en 1988, como asistente, en la cinta Talk radio, de Oliver Stone. Apocalypto, de Mel Gibson; Avatar, de James Cameron, y la aún no estrenada La gran muralla, de Zhang Yimou, son tres de los 18 filmes en los que Mayes C. Rubeo lleva el crédito principal como diseñadora de vestuario.

 

Describa por favor su trabajo como diseñadora de vestuario en la película La gran muralla, de Zhang Yimou: ¿cuál fue su mayor logro en este proyecto? 

Éste fue uno de los retos más grandes de mi vida. Me tuve que sumergir en mundos para mí desconocidos. Zhang Yimou, director, maestro del color y del arte visual, me contrató para un film que podría ir naturalmente a un diseñador asiático con conocimiento de todo ese mundo. No sólo tuve la tarea de combinar dinastías de la China medieval (entre los años 950 y 1270), sino también de crear un estilo de fantasía que se acomodara a todas las situaciones del film. Haber trabajado con el maestro Yimou es una piedra miliar en mi carrera, de verdad nunca pensé que yo tendría la oportunidad de hacerlo. Tuve que crear vestuario usando una técnica que me funciona muy bien en muchos proyectos de similar tamaño. Todos coinciden en que hay que crear nuevos mundos, desconocidos, diversos. En cada proyecto se desea tener un look original, y es allí donde comienza mi tarea. Mi trabajo es, precisamente, vestir y crear atuendos para todas las personas (actores) y, a veces, criaturas o animales que requieran tener indumentaria. Al hacer esto se tiene que usar la misma filosofía con la cual vivimos día a día. En las películas y en la vida real existen siempre pirámides sociales: castas, clases, realeza, militarismo, clero, etcétera. No puedo decir en este momento mucho del proyecto del maestro Zhang Yimou porque el film está todavía en postproducción.

 

A partir de su propia trayectoria, ¿cuál sería su definición de diseño de vestuario en la industria cinematográfica? 

Los diseñadores de vestuario ayudamos a definir a los personajes. Nuestro trabajo se convierte en un accesorio que se puede desarrollar para descubrir el carácter de un personaje. Muchas veces ese personaje nace, precisamente, en la prueba de vestuario. Es una satisfacción cuando vemos a un actor que se da cuenta del nacimiento de su personaje a través del vestuario, algo que sucede a menudo; pero si no surge el personaje que el director y el actor ven desde su perspectiva, entonces inicia un diálogo creativo en el que todos tratamos de aportar las mejores ideas para hacer fluir al personaje a través de las situaciones que suceden en la historia que se está tratando de contar.

 

¿Cuál es la relación que tiene usted con los actores que usarán el vestuario que realiza?

Trato de comprender cómo sienten a su personaje, cómo tendrían que transformar su silueta, su lenguaje corporal y su estado de ánimo. Es mi trabajo colaborar mucho con el actor. Creo que para crear al personaje que el actor encarna se necesita el guión (para conocer su entorno y sus hábitos), la actuación y la conceptualización del personaje que lo crea de pies a cabeza. Es en este último aspecto en el que contribuimos los diseñadores.

 

¿Cómo inicia usted su trabajo de diseño de vestuario en una película?

Una vez que se lee el guión inicia el diálogo con el director de la película. Lo importante de un trabajo de vestuario es tener siempre presente que tenemos que facilitar la visión del director.

 

A partir de este inicio ¿sabe usted cómo será el diseño final?

Un diseñador puede proyectar la visión de lo que se quiere obtener al final del trabajo de diseño. Inclusive, estoy casi segura de que el diseñador tiene presente cómo quedará el look final y el vestuario de cada uno de los personajes. Lo más difícil es convencer a los directores y, en muchísimos casos, a los productores y a los actores también. Esta labor requiere mucha energía. Si se tuviera un poco más de fe en los diseñadores de vestuario, esa energía se podría traducir en más creatividad

 

¿Sabe usted cómo se verá en pantalla?

Yo suelo ver the big picture. Algunas veces hay que evolucionar o revolucionar el diseño de acuerdo a cambios de guión, y en muchas ocasiones éstos resultan ser accidentes felices de creatividad.

 

¿Qué lugar ocupa entonces el diseño de vestuario en la creación de una película?

Yo prefiero decir que no tiene un lugar. El vestuario nunca tiene que leerse en un film como «vestuario». Lo ideal es que pase desapercibido, que uno se meta en el relato del film, y si el vestuario se adaptó a la historia y a los personajes, entonces ya se puede decir que el vestuario funcionó.

 

¿Cuáles son los momentos favoritos de su trayectoria como diseñadora de vestuario?

Todos los films en los que he trabajado representan mucho para mí. Desde John Sayles (director) y Maggie Renzi (productora), con quienes aprendí cómo hacer películas de buena calidad con pocos recursos.

Apocalypto (2006) marcó una pauta muy grande, porque el trabajo realizado en ese film nació gracias a la pasión por la indumentaria antigua mexicana. Mel Gibson es un excelente realizador, y esta película por muchos años se volvió mi carta de presentación y mi caballo de batalla.

Avatar (2009) fue importante, y muchas veces pienso que fue un derivado del éxito visual que se obtuvo con Apocalypto, me abrió puertas a la nueva era de cgi, vfx y otras técnicas cinematográficas que evolucionan día con día.

John Carter (2012) fue un film en el que pude demostrar una transición de estilo, porque es una película muy variada en cuestión de estilos, ya que prácticamente cuatro mundos se entrelazan en una sola historia. En ese film tuve que realizar vestuarios de la época de la guerra civil estadounidense, de Nueva York en 1865, de una tribu apache, de marcianos (de dos países marcianos rivales), incluyendo una boda real marciana.

 

¿Cuál es el elemento clave de formación profesional o de carácter que siempre está presente en su proceso creativo?

Los elementos son la imaginación y la pasión por los textiles, los estilos, las épocas. Y también ahínco. Es una profesión en la que se trabaja muchísimo, hay que tener una etica de trabajo impecable, ya que nunca se puede bajar la guardia. Porque lo que se dice en Hollywood de verdad lo aplican: «Tú eres tan bueno como el último film que has hecho».

 

En la historia del cine, y en la actualidad, ¿cuáles son los diseñadores de vestuario que usted admira? 

En la historia del cine sin duda mis preferidos son Piero Tosi, Grabriella Pescucci (a quien considero una querida amiga), Maurizio Millenotti y Enrico Sabbatini, quien fue mi maestro y me enseñó los principios básicos de lo que implica ser un esteta de vestuario, y de cómo hacer que todo parezca real. Un vestuario tiene que leerse como las prendas que han pertenecido al personaje siempre, tal vez hay que imaginarse en dónde habrá comprado ese traje o vestido ese personaje, qué accidentes de lavandería pudo haber tenido, con qué dedicación lo remendaba, si lo planchaba o lo dejaba arrugado, o sea, inyectarle vida a un atuendo.

 

¿Qué sensaciones experimenta usted cuando observa por primera vez su trabajo en la proyección de la versión final de la película?

¡Yo lo gozo! Me gusta ver los resultados y recuerdo todas las que tuve que pasar para llegar a ellos; por supuesto, bromeo: en realidad, trato de meterme en la trama del film, y no me pongo a ver, en retrospectiva, dónde hubiera podido ser mejor. Antes lo hacía, por flagelarme psicológicamente. Pero he cambiado o, tal vez, madurado. Podría explicarlo con una analogía: cuando se tienen hijos, uno espera que salgan muy bien, que sean de índole buena, pero en el mayor de los casos esto no sucede, todo lo que tiene una personalidad propia prevalece como tal. Es lo mismo con los films.

 

Cuando se habla del diseño de vestuario de una película, ¿cuál considera que es el elemento del que se tiene que hablar siempre?

Que la belleza del vestuario brille con la mayor discreción posible, ya sea un harapo o el atuendo ricamente bordado de un monarca.

 

¿Cuáles son los proyectos cinematográficos que más le interesan a usted?

La verdad, me gusta crear mundos nuevos.

 

¿Cómo vislumbra usted el futuro del diseño de vestuario en la industria cinematográfica?

Yo espero que los diseñadores defiendan su posición, que no nos dejemos llevar por el deslumbramiento de lo que se puede crear en postproducción. Los técnicos que trabajan en eso son eso: técnicos. Yo percibo nuestra profesión como un arte, el cual no debe desaparecer, tenemos que pasarlo de generación en generación, para que no se pierda.

 

¿Piensa usted que en general se le da, y se le dará, el valor que merece al diseño de vestuario?

Depende. Hay mucha gente que piensa que en una película digna de un Oscar debe aparecer un monarca. También en la industria cinematográfica se necesita darle el valor que el diseño de vestuario se merece.

 

Cuando se habla de diseño de vestuario para cine, ¿qué es lo que nunca se debe pasar por alto, qué es lo que siempre se debe mencionar o recordar?

Lo que nunca se debe pasar por alto es el contexto de la historia, cuánto espacio es justo que el vestuario tenga que acaparar en la pantalla. Nunca hay que pasar por alto que los verdaderos vestuarios son creados y nacen desde dentro del personaje hacia fuera, y no al revés. Nuestro trabajo tiene la obligación de ser excelso.

 
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