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Beckett radiofónico / Juan Manuel García PDF Imprimir E-Mail

LA RELACIÓN de Samuel Beckett con la radio supone quizá uno de sus más aventurados anhelos de fragmentación del lenguaje. Tanto en su teatro como en su obra novelística y poética, el autor irlandés apela siempre a una revolución lingüística, cargada de vaciamiento y tendiente a un minimalismo extremo.
    Protagonista del teatro del absurdo, Beckett es uno de los literatos que más experimentaron con los lenguajes escénicos y el rango multimedial, a contracorriente de sus contemporáneos, de tal modo que ni el cine ni la televisión y la radio escaparon a la curiosidad del ganador del Nobel en 1969.
    Beckett indagó en todo aquello que podría hacerse con el lenguaje en su mínima expresión. Así, All that Fall (1956), From an Abandoned Work (1957), Embers (1959), Rough for Radio i (1961), Rough for Radio ii (1961), Words and Music (1961) y Cascando (1962) forman el conjunto de sus obras escritas expresamente para radio. Aunque es difícil encontrar dichos textos en español, la editorial Tusquets, que ha publicado la mayor parte de la producción del irlandés, reunió bajo el título de Pavesas algunos de sus escritos para televisión, radio, cine y obras breves de teatro. El mismo sello editó en 2006 un volumen con el teatro reunido de Beckett, que incluye Pavesas y los textos radiales: Todos los que caen, Astracanada radiofónica i, Astracanada radiofónica ii, Letra y Música y Cascando; es, hasta ahora, el libro que conjunta en nuestro idioma casi la totalidad de la producción radiofónica del escritor.
    Su primera pieza, Todos los que caen,se estrenó en la bbc el 13 de enero de 1957, con lo que también se inauguró el Taller Radiofónico de la estación londinense, ya que los discos convencionales de efectos especiales no servían para dicha producción. En esa emisión, las voces de los animales se hicieron con imitadores humanos y los otros sonidos fueron procesados para quitarles el exceso de naturalismo. La misma obra, en la que se advierte la preponderancia del papel del actor y la intangibilidad del texto, fue montada en su versión teatral en 1959 en Francia, ante la renuencia del dramaturgo respecto al tránsito del medio radial al escenario.
    Si hablamos del concepto fragmentario del lenguaje en la dramaturgia beckettiana —por su tendencia a lo quebrado, a lo incompleto y también a la condensación elíptica de la reiteración en los diálogos—, el autor consigue en la radio la cohesión de tal estilo. En este medio parece haber encontrado la relación óptima entre las palabras, el silencio y la existencia. Un pasaje de Todos los que caen, donde la Señora Rooney convoca a los sonidos, da cuenta de esto:

 Señora Rooney: Todo está en calma. No se ve ni un alma. No hay nadie a quien preguntar. Todo el mundo está comiendo. El viento... [Breve ráfaga de viento] ...apenas agita las hojas y los pájaros... [Breve gorjeo] ...están cansados de cantar. Las vacas... [Breve mugido] ...y las ovejas... [Breve balido] ...rumian en silencio. Los perros... [Breve ladrido] ...están tranquilos, y las gallinas... [Breve cacareo] ...descansan adormecidas en el polvo. Estamos solos. No hay nadie a quien preguntar.

 

    Astracanada radiofónica i y Astracanada radiofónica ii, ambas escritas en 1961, aluden de nueva cuenta al sentido de la fragmentación y el solipsismo de sus personajes. En la primera (publicada en inglés en 1976) se juega con dos elementos de fragmentación: la radio y el teléfono. Esto es, se trata de una pieza para radio donde se escuchan voces por radio. No hay elementos adicionales de interpretación: de ahí la predilección de Beckett por este medio como posibilitador de la menor sobreinterpretación posible.
    En Astracanada radiofónica i sólo hay voces. No sabemos quiénes son Él y Ella, tan sólo que asisten a la recepción radiofónica de voces apenas audibles, y que Él explica que sus dueños no se pueden ver ni oír, ni logran estar juntos. Hay dos botones, pero no se sabe exactamente a qué pertenecen.

Ella: He venido para escuchar.
Él: Cuando quiera.

Pausa.

Ella: ¿Puedo sentarme en este cojín? [Pausa] Gracias. [Pausa] ¿Podríamos entrar en calor?
Él: No, señora.
Ella: ¿Es cierto que la música funciona a todas horas?
Él: Sí.
Ella: ¿Sin descanso?
Él: Sin descanso.
Ella: ¡Es inconcebible! [Pausa] ¿Y la letra también? ¿Siempre?
Él: Siempre.
Ella: ¿Sin descanso?
Él: Sí.
Ella: Es inimaginable. [Pausa] Así pues, ¿está usted aquí a todas horas?
Él: Sin descanso.

    La segunda Astracanada fue estrenada en Radio 3 de la bbc el 13 de abril de 1976, con dirección de Martin Esslin e interpretación nada menos que de Harold Pinter, Billie Whitelaw y Patrick Magee.
El poeta Jenaro Talens, traductor de Beckett, ha reparado especialmente en el magnetófono usado por el autor como elemento en el drama La última cinta de Krapp, para hablar de las obras radiales Letra y Música y Cascando:

[Beckett] avanzó en dirección complementaria eliminando la presencia, con lo que el mundo verbal dejaba automáticamente de tener sentido al prescindir de una materialidad referencial en qué apoyarse (es el caso del magnetófono en La última cinta de Krapp y de su producción radiofónica, especialmente Letra y Música, donde palabras y sonidos coexisten en igualdad; o Cascando, que repite el procedimiento técnico de Krapp, al utilizar un magnetófono, pero dentro de un espacio puramente auditivo, con lo que en vez de sonido dentro del teatro tenemos sonido dentro del sonido; o Pavesas y Todos los que caen).

    Para el ensayista, el único texto que Samuel Beckett escribió para cine, Film (protagonizado por Buster Keaton y que originalmente se iba a llamar El ojo), aúna ambas tentativas. La cinta es muda y se ha eliminado la presencia de un modo simbólico: eliminando el referente real.
    Volvemos a la radio beckettiana: en Letra y Música, ambos personajes significan lo inasible, aquello que, aunque es referencial, parece no poder existir de manera autónoma: coexisten sí, pero ¿habitan algo?

Música: [Pequeña orquesta afinando quedamente].
Letra:      ¡Por favor! [Afinando. Más fuerte] ¡Por favor! [La afinación deja de sonar] ¿Cuánto tiempo más encerrados aquí en la oscuridad? [Con disgusto] ¡Contigo! [Pausa] Tema... [Pausa] Tema... La pereza [Pausa. Repiqueteado quedo] La pereza es de todas las pasiones la pasión más poderosa, y ciertamente no existe pasión más poderosa que la pasión de la pereza, ésta es la manera en que la mente resulta más afectada y ciertamente…

 

    Tan oscuro y desangelado como su producción sumida en la desesperanza, Samuel Beckett llevó al extremo, en el medio radiofónico, la experimentación de los modos de representar, así como la ausencia de una sobrerrepresentación. La radio permitió al autor irlandés fijar de manera inamovible su visión del texto como representación. Todavía hoy, y en el futuro, producir y transmitir sus piezas constituye uno de los más arriesgados montajes a los que la radio puede atreverse.

 

 

 
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