La seudotermodinámica de la imaginación* / Damián de Jesús Castillo Preciado

Licenciatura en Ingeniería Química-CUCEI 

Intentar explicar con exactitud la dinámica que sigue la imaginación dentro del proceso creador, ya sea literario, científico o de cualquier índole, resulta una empresa tan grande como pretender resolver las ecuaciones de Navier-Stokes que describen el comportamiento de los fluidos newtonianos. Tal como sucede en estos arreglos matemáticos, la imaginación no dispone de un camino único y verdadero que la aborde por completo, es necesario el uso de herramientas físicas y no físicas, dispuestas por ella, que actúan tangencialmente sobre su ser y nos aproximan a su comprensión.
     Es la ciencia, heredera directa de la imaginación, una de las mayores víctimas de los imaginantes en su afán por desentrañar los misterios que envuelven los fenómenos. Por ejemplo, cuando narran el caótico desarrollo universal, se topan con las leyes que enuncian los comportamientos naturales de los constituyentes de la materia, las que de manera indirecta se pueden interpretar como un grito revelador de la dinámica imaginativa. Al igual que la termodinámica, podemos ver a la imaginación como una actividad fenomenológica de inferencia macroscópica, no necesita particularizar en una corriente, un autor o una época para justificar su existencia, sino que se puede reducir a “leyes” naturales que generalizan la necesidad del hombre de contar lo que la imaginación le dicta.

1a Ley: Durante la interacción de un imaginante con su entorno, la cantidad de imaginación ganada por el imaginante debe ser exactamente igual a la cedida por el entorno.
Ésta es como una ley de la conservación de la imaginación, y una afirmación cruel, ya que con ella se estaría encasillando a la creatividad en la categoría de finita y no como lo que es, un torrente infinito y desbocado de ideas e imágenes que provoca a los que se desintoxican de la razón para dar rienda suelta a la creatividad. Sin embargo, tanto los ríos como la imaginación sólo corren en una dirección, con divergencias pero siempre hacia el sitio con menor caída de presión; en el caso de la imaginación, este sito son las mentes más necesitadas de conocimiento e historias. Con esto quiero decir que los objetos, materiales o espirituales, que componen nuestro entorno sólo pueden ser estímulos para la creatividad, y aunque éstos retornan a la fuente de la que emanan, conservando así su capacidad inspiradora, no lo hacen sino hasta abrir aquellas puertas mentales que les es permitido abrir, puertas que resguardan el algoritmo formado por la experiencia y el anhelo personales y que se encargan de hilar los pasos en la dirección correcta para conseguir romper un paradigma científico, para encontrar la combinación proporcionada de colores que le den al mundo una nueva Noche estrellada sobre el Ródano,o de tejer las palabras en el orden adecuado para plasmar en el papel lo que se necesita decir. Todas estas creaciones se convierten a su vez en un nuevo elemento del entorno, dispuestas a servir como llaves de las puertas mentales instaladas en los futuros creadores.
     Al ejecutarse por completo este algoritmo, la habitación queda vacía y difícilmente vuelve a ser ocupada por algo más que no sean recuerdos generados por su apertura. Pero éste no es el fin de la creatividad del sujeto, el hambre creadora y la imaginación misma le pondrán en su camino nuevos objetos, que abrirán más habitaciones mentales suyas hasta vaciar su mansión (o simple departamento) de creatividad y soltar a sus habitantes en un mundo para que funjan ahora como cerrajeros de la imaginación.
Dicho de otra forma, la imaginación se vale de medios terrenales y humanos para conectarnos con nuestro topos uranos y así cumplir lo que el primer enunciado de este apartado intenta explicar: la imaginación guarda un poco de sí en cada uno de nosotros, sólo espera a que encontremos la vía adecuada para que le regresemos lo que nos dio y seguir con el equilibrio imaginante-entorno nacido junto con el primer ser pensante, y que terminará cuando se llegue al máximo nivel del desorden producido por el proceso creador, es decir, el valor máximo de entropía.

2a Ley: La cantidad de entropía del universo creador tiende a incrementarse en el tiempo.
     Aunque existen enunciados muy rimbombantes y poco entendibles para formular esta ley, su principio se puede resumir así.
     Tal vez esta premisa sea más evidente en el mundo de las artes que en el quehacer científico, ya que éste requiere acatar el rigor establecido por el “método científico”. No obstante, en el mundo de la creación artística sucede todo lo contrario, de otra manera la monotonía y los métodos prefabricados terminarían por destruir los cuartos mentales en los que se guarda el futuro artístico, transformaría las mentes de los poetas y pintores en máquinas térmicas que consumen todo el calor que se les brinda, sin que produzcan ningún trabajo efectivo, violando así el postulado inicial, y convirtiéndolos en seres repetidores, en sumideros de la imaginación.

Cuando la imaginación irrumpe en los cuartos del imaginante, acciona sus pistones creativos con la intención de obtener un trabajo efectivo que se refleje en la creación artística, y ésta, al ser entregada a los de su especie, desborda la energía que el sujeto le imprime, con la intención de revolucionar otras mentes, de encontrar a aquellos individuos que no quieren formar parte de la masa crítica y reaccionar cuando se les plazca, en otras palabras, aportar a la entropía.
     “¿Para qué sirve un escritor sino para destruir la literatura?”, escribe Cortázar en Rayuela, y continúa con su tono agresivo en las líneas siguientes al cuestionar el papel de los lectores lanzando la pregunta “¿Para qué servimos nosotros sino para ayudar en lo posible a esa destrucción?”. Y yo digo que esa destrucción se da cada vez que un poeta introduce en la realidad algo nuevo con su pluma. Pero es una destrucción que lleva a la renovación. ¿Acaso no se inmolan dioses, se queman aves o se aprovecha la energía de las moléculas destruidas en una combustión para acceder a la gloria o al progreso? Es en la destrucción de las estructuras ociosas de los métodos en donde toma sentido la entropía creadora.

3a Ley: A medida que una obra dada se aproxima al vacío artístico absoluto, su entropía tiende a un valor constante específico o La entropía de las obras puede considerarse en el cero absoluto si caen en el vacío artístico absoluto.
     Para poder desarrollar esta idea, es indispensable tener clara qué es y qué no es una obra de arte. Pero ése no es el objetivo de esta exposición de ideas, así que lo dejo al juico de cada individuo.
     Es necesario aclarar que el “vacío artístico absoluto” no existe como tal, se toma como una referencia teórica para ubicar en un plano real todas las demás creaciones, de otra manera, la definición de “obra de arte” no sería adecuada para ninguna creación artística. Es gracias a esta cuestión que podemos asegurar que toda creación, independientemente de su calidad artística, aporta, en mayor o menor medida, al aumento de la entropía creadora, la que, como se señaló en el apartado anterior, es necesaria para que la imaginación sobreviva y los cuartos mentales sigan habitables.
     ¿Y por qué me tomo la libertad de asegurar esto? Porque cualquier obra, buena o mala, que haya tenido la fortuna (o la desgracia) de ver la luz en nuestro mundo, fue impulsada por el deseo de su creador de marcar una diferencia en el rubro artístico, de contar lo que se ha venido contando desde la Odisea de Homero, pero haciéndolo a su manera, dejando impresos a los habitantes de sus espacios mentales en la línea del tiempo, para que sean generadores del caos, esa esencia vital en el mundo de las artes.
Rulfo decía que "Todo escritor que crea es un mentiroso; la literatura es mentira…”, y estas palabras podrían poner en tela de juicio a cualquier poeta, aunque es el mismo Rulfo el que se encarga de darle veracidad a las palabras del poeta al asegurar que “…de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación”. Y es esa realidad modificada que se gesta en las vísceras y neuronas del artista la que le da su inmortalidad o lo empolva en el olvido y el fracaso, aunque siempre aporta un efímero soplo de anarquía creadora.

Principio cero: Si pones en contacto a un creador frío con la obra de un creador caliente, ambos evolucionan hasta que sus temperaturas convergen en un nuevo creador templado.
     Salvo casos excepcionales, las mentes se llenan desordenadamente de experiencias mezcladas, que terminan por confundirse y mal encauzarse en el momento que deciden salir de su claustro sensorial para cumplir su cometido entrópico. Es en ese momento cuando el imaginante se debe valer de todas aquellas influencias artísticas que ha acumulado a lo largo de su vida, a fin de encontrar una referencia que lo lleve a encontrar su equilibrio creativo y, a partir de este punto, a alcanzar lo que será la temperatura creadora que lo caracterizará a lo largo de su trayectoria, misma que oscilará en los rangos impuestos de acuerdo con el contexto de su interés.

*Ensayo ganador del III Concurso Literario Luvina Joven, 2013 en la categoría Luvinaria  / Ensayo breve.

 

 

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