Retazos y menudencias / Antonio Deltoro

No tengas toda la razón aunque la tengas.

La peor forma de tener razón es parecer que se tiene, sin tenerla.

Como los enemigos están llenos de errores
no nos dejan ver los nuestros.

Cuando en los siglos xv y xvi pintaban los santos, los ataviaban con vestidos contemporáneos de los del pintor, traían la santidad a la época; la santidad estaba en el personaje, no en su atuendo. Creo que en poesía deberíamos hacer lo mismo, no basta vestir a nuestra vecina de octavas reales para que el lector se convenza de que es Galatea.

Platón fue el maestro de Pessoa, el maestro insuperable, un maestro de un solo heterónimo: Sócrates.

Antologado: La forma más callada de ser famoso es por contagio: la más cómoda.

Al lector tímido, al que pocas veces se acerca apresuradamente a un libro no presentado por otro y al que los clásicos infunden mucho respeto; a éste lo prefiero: todo, menos un lector con desparpajo.

Magia: a veces la poesía obra extraviando materia.

En poesía no se llega a lo puro por vías de vaciamiento, como en la física: extrayendo materia. En poesía no hay nada menos puro que el esfuerzo: la pureza no admite grados ni aproximaciones, sino contacto,
no importa por qué camino.

Decir plenamente lo que nos gusta y lo que nos disgusta es ya un camino poético. Creo que, de una manera mayúscula, como cima de una tradición y suma de una época, es lo que hizo Dante en la Divina Comedía,condenando a unos al Infierno y a un círculo, a otros rescatándolos en el Purgatorio, a unos pocos salvándolos en el Paraíso. En nuestra escala modesta, con la valentía y conciencia y en el terreno inestable de nuestro tiempo, tan cercano al final como ninguno hasta ahora, es un camino poético poblar nuestros infiernos y paraísos de conocidos.

El primer lector por considerar es el idioma.

Que el idioma no se aburra, que escuche cosas que ha oído de una manera diferente, pero que las escuche como suyas.

Decir algo rico y complejo que se entienda es una empresa más difícil que no decir sino cosas que suenen ricas y complejas.
No sentirse el primer hombre ni el último: prosa. Sentirse el primero o el último: poesía.
En sus libros las alegrías se pudren.
El mirar desde la fraternidad, no desde la igualdad o la justicia, hace al príncipe de la novela de Dostoievski un idiota, alguien menos listo que los demás, pero mucho más sabio y no sólo mucho más santo.

La literatura es un mundo fuera de la certeza que da una certeza relativa.

Ser legible, pero que el lector me lea, que no lea, a fuerza de querer ser legible, a otro.

Hay seres más importantes que otros, pero la categoría «importante» es una de las más superficiales.

Una antología corre el riesgo de ser una vacuna.

Aspira a que sus amigos lo lean, lo respeten y lo quieran, pero sus amigos no lo leen: unos porque son poetas, otros, porque no lo son.

Escribir para saber qué hay detrás, interesarse en lo oculto en busca de conocimiento y por lo tanto entrar en lo desconocido con los ojos más abiertos posibles, es una actitud muy distinta a estar empañando la superficie para no moverse y simular lo obscuro y encerrado.

En el fin del mundo, cuando todavía los teléfonos funcionen, ¿nos vamos a dedicar, aislados por la catástrofe, a hablar unos con otros, o vamos a dedicarnos a bien morir, seriamente?

Juan Ramón Jiménez es un animal lírico, de parecida manera a la que Borges es un animal literario. Borges escribe cualquier género con la presencia completa de los otros; Juan Ramón Jiménez con la presencia de su oído y de su alma: solo.

Casi todos los escritores tienen más de Penélope y su tejido que de los remos de Ulises.

El miedo le da profundidad a la poesía; la ignorancia de él, sólo entusiasmo.

A la poesía, como a la llave, le gusta la suprema atención que exige la cerradura y la suprema ignorancia de lo que hay detrás de la puerta.

Soñé un título: «¿Por qué tanta confianza en el soneto?». Era un buen título. Es un buen título también en la vigilia porque el libro puede dedicarse a lo mucho que hay en el soneto de confiable y sólido o, a la inversa, atacarlo, con más o menos gracia y fortuna; también puede irse por peteneras… ahora no me parece un buen título: me huele al panfleto de alguien que de un lado o de otro confunde al soneto con la iglesia: un cura o un anarquista, suelo ser uno u otro en mis sueños, pero ni uno ni otro en la vigilia.

La heteronimia es una especie de épica interior, una forma lírica de inventarse una exterioridad interna poblada de personajes

Corregir el dictado de la musa requiere mucha paciencia puesto que hay que esperar que la musa regrese y dicte las correcciones autorizadas.

 

 

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