Liber Scivias, de Claudia Posadas / Carmen Villoro

Liber Scivias, que en español quiere decir «conoce los caminos», es un libro hermoso y complejo. Hermoso por su cuidada factura, en la que los versos de corto y largo aliento le otorgan un ritmo musical que nos va llevando con suavidad y gracia por su amable lectura. Complejo porque las imágenes, las metáforas y las alegorías que lo nutren le dan ese carácter polisémico que convoca la participación de esos territorios ignotos del lector que llamamos el espíritu, el inconsciente, el alma.
     La autora, Claudia Posadas, quien tardó 12 años escribiéndolo, establece un diálogo con figuras femeninas de otros siglos como Christine de Pizan, poeta medieval francesa de la corte de Carlos V; Hipatia de Alejandría, filósofa, matemática y astrónoma griega; Hildegarda de Bingen, mística y profetisa alemana del siglo xi, y Teresa de Ávila, mística española del siglo xvi, conocida por su poesía lírico-religiosa. Pero también invita a formar parte de su escritura a sus amigos y maestros poetas que la han tocado en lo profundo, y lo hace a través de epígrafes, citas y la inclusión de algunos de sus versos como un acto de gratitud, de tal manera que esta voz poética —que es Claudia— está poblada de otras voces que alguna vez funcionan como contrapunto de su discurrir, y otras aparecen como señuelos a seguir en el camino muchas veces bifurcado de sus textos.
     Detrás de la forma tan cuidada de su poesía, yo diría incluso que hay en su escritura una pasión por la forma; deliro, invento, alucino, interpreto que este trabajo de Claudia es un proceso elaborativo autobiográfico. La alquimia, esa misteriosa actividad que mezcla la química con la filosofía, con el esoterismo y con el arte, a la que se hace referencia en el texto, es el trabajo poético a través del cual la autora logra convertir el dolor, el miedo, la violencia, en algo bello y sublime. La experiencia emocional es metabolizada a través del lenguaje que la lleva del registro real al registro simbólico, en donde adquiere una presencia nueva. Es evidente el temple de ánimo melancólico que tiñe suavemente estas páginas. La evocación de los recuerdos infantiles, la dilución de la ilusión a través de la construcción de nuevos espejismos que permitan sobrevivir la incertidumbre. Julia Kristeva, en su libro Sol negro, depresión y melancolía (por cierto: el título es tomado de un verso del poema «El desdichado», de Gérard de Nerval) establece una interesante relación entre la melancolía y la belleza. Para ella la melancolía sería una «ola del alma», una nostalgia de la que se reciben los ecos en el arte y la literatura, «una armonía más allá de la desesperación». El artista convierte lo terrible en algo hermoso y deleitable. Victor Hugo definió la melancolía como «la dicha de estar triste». El libro de Claudia Posadas nos presenta tres caminos para alcanzar lo sagrado: Purgatio, Iluminatio y Unio. Hay que decir también que la presencia de otras lenguas romances como el catalán, el latín y el occitano, así como la incursión en siglos anteriores, le dan a este largo poema autobiográfico un carácter universal. La poeta resignifica la experiencia emocional y la convierte en una búsqueda espiritual con la que los lectores también nos transformamos. La alquimia como proceso de purificación. La dualidad del bien y el mal, de la renuncia y la esperanza, de la oscuridad y la luz, atraviesa todas las páginas del libro. Esta mujer, Claudia Posadas, desde el interior de una torre coronada apunta en su libreta frases que son luciérnagas que los niños atrapan en sus manos para mitigar la soledad del ser. Tres vías para el conocimiento divino, al que nunca llegamos pero que alcanzamos a rozar con la poesía. Tres caminos y una sola lámpara encendida en la mesa de noche para disolver con generosidad la penumbra que somos.

 

 

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