100 años de José Luis Martí­nez / José Luis Martí­nez / Pequeñas ausencias

I
Cómo soñarte despierto
amargo girón de espuma
para engarzarte en la noche
sin duras vendas de brumas.

Cómo ceñirte gozosa
la cintura con anémonas
y despertar tu nostalgia
que nardos de luto sueña.

II
En tus ojos de cisterna
me empinaré en el brocal
para mirar los luceros
que sueñan en su humedad.

Cómo se duerme en sus aguas
el suspiro del olvido,
cómo patina el silencio
por su espejo anochecido.

III
Qué bien me suena tu nombre
para vestirlo de ausencia,
con una falda de vientos
y una camisa de nieblas.

Isla de ritmo en la noche
deslizando sus reflejos
como un frescor impalpable,
como remolino lento.

IV
Por tus palabras transita
un alba con su lucero
cuando cuentas con añoro
tu mundo distante y quieto.

Me dejas desierto, mudo,
ávido para soñarte ,
cuando azotan tus palabras
el rompeolas de mi sangre.

 

Memoria

En el sueño del olvido…
Calderón

Si el aluvión del sueño
no arrastra ni siquiera las cenizas
de este recuerdo tuyo;
si en su tibia corriente alucinada
se hunde ya, seguro de su peso
como la antigua piedra
que apenas se columbra en la hondonada
y tiene la tersura de un tiempo detenido,
¿a qué intentar perderlo en el olvido
del impensado mar de tumbo ciego,
a donde corre el río
que a la muerte persigue tan distante
y al descanso final tiende los brazos?

Si en la flora del sueño, submarina,
que las cenizas tuyas aún agobian
te yergues tan madura y tan reciente
como una flor en siglos congelada
a quien de pronto duele su perfume
y se abre fresca a su primera mañana,
¿a qué intentar soñar que en este sueño
puedo esquivar tu sombra
que encendida me duele entre los ojos,
cuando sombra en las sombras te levantas
con el temblor eterno del destino?
Prefiero dar mi corazón al viento
por si pierdo tu sombra entre la niebla
o me resigno a ser eterno huésped
de la tiniebla helada del recuerdo.

*

De qué me sirven nombres,
ecos con que te llamo,
palabras que enardecen
un segundo la sombra
con sus esquirlas ávidas
que alzan su fugaz llama
para incendiarte dentro
de su celda de sueño,
y desgranan vocales
para inventarte viva
y encontrarte despierta,
atónita ante el agua
serena de un espejo,
más allá de las costas
últimas de tu carne ;
fuera de ti, viviente
copiada en mis palabras;
pero que, ay, sólo dejan
su vegetal, inútil
gracia de mudos tallos
sólo prendida al aire
que delgado te ciñe.
De qué me sirve urdirte
pasajeras prisiones,
túneles sin salida,
suave cárcel de sueño
para encerrar tu espuma,
si le ofreces de pronto
con la evidencia ciega
de tu sedienta piel,
y estás junto a mi cuerpo
como el duro milagro
de una voraz marea
que inunda mis sentidos
con el sonido espeso
de fatales y ausentes
océanos caracoles
y entumidas raíces
de tinieblas remotas
que la noche despierta;
si me olvido desnudo
en la playa que tiendes
al rencor de mi angustia,
tal un hombre sin voces
que nada tiene ya
que preguntar al cielo.

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