Existen dos vocaciones opuestas que se disputan el campo de la literatura, ha dicho Italo Calvino. Una tiende a hacer del lenguaje un elemento sin peso que flota sobre las cosas como una nube o como un campo de impulsos magnéticos. La otra tiende a comunicar al lenguaje el peso, el espesor, lo concreto de las cosas, de los cuerpos, de las sensaciones.